Cómo darle la espalda a nuestro placer

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Literal, le han dado la vuelta a nuestro cuerpo y han puesto toda la atención en nuestras nalgas. ¿Por qué? Tengo una teoría conspiranoica acerca de esta nueva estrategia patriarcal de darle tanto protagonismo al culo… al culo femenino, claro. Te la cuento encantada, a ver qué opinas tú.

Antes no existía el placer femenino. 

Antiguamente las chicas NO tenían deseo sexual. Lo pone en los libros antiguos que escribían señores antiguos. Las chicas sólo copulaban cuando llegaban al matrimonio y por un bien mayor: servir de reproductoras para la descendencia de sus maridos, para que ese magnífico ADN varonil se multiplique, para continuar con tan imponente legado. Era sencillo, en su mecanismo: abrir las piernas y dejar que te penetren, aguantar un rato hasta escuchar un (nada elegante) oh, oh, oh, y… ya está. ¿Aburrido? Quizás, pero necesario para ser una buena chica.

«Si tu marido sugiere la unión, entonces accede humildemente, teniendo siempre en cuenta que su satisfacción es más importante que la de una mujer. Cuando alcance el momento culminante, un pequeño gemido por tu parte es suficiente para indicar cualquier goce que hayas podido experimentar. Si tu marido te pidiera prácticas sexuales inusuales, se obediente y no te quejes. Es probable que tu marido caiga entonces en un sueño profundo, así que acomódate la ropa, refréscate y aplícate crema facial para la noche y tus productos para el cabello…»


Pilar Primo de Rivera, 1958 (extracto de «La mujer ideal», texto del temario de “Economía Doméstica para el Bachillerato”)

Antes, además, solo los hombres se masturbaban. Las chicas buenas nunca jamás se detenían un momento cuando el borde de la mesa coincidía con su… ya sabes. Jamás, a solas, se tocaban el… ya sabes. Jamás. Jamás sentían cosquillitas ya sabes dónde cuando algo les parecía… ya sabes…

Pero, claro, para que funcione un sistema perfecto necesita también excepciones. Si existen las chicas buenas, necesitamos… exacto: también estaban las chicas malas, las pervertidas, las degeneradas, unas mujeres defectuosas que sí tenían deseo sexual y sentían placer al jugar con su cuerpo. Y, oiga, sin ningún interés reproductivo, solo porque tocar aquí o allá de esta o aquella manera les daba gustito. Como quien se toma un helado o se queda un rato al sol con los ojos cerrados con los primeros calorcitos del año, con la misma naturalidad.

Por supuesto eran castigadas, como bien aprendimos de los mitos griegos. Después, las formas de penitencia variaban según la época y el lugar. Desde el insulto o el rechazo social hasta el asesinato, pasando siempre, siempre por el castigo favorito: convertirlas en prostitutas.

Conclusión: el sexo era pecado (el de las mujeres, claro) porque es algo sucio e innecesario, puro vicio. Indicaba que eras una guarrilla y una vez lo habías probado (aunque no te hubiera gustado nada, aunque hubiera sido a la fuerza), ya estabas usada… y nadie te quería, ni siquiera en tu propia casa. Ya no podías servir, impoluta, de hilo conductor para el linaje de un importantísimo señor cualquiera y… te ibas al montón de las malas.

Luego llegaron unas señoras muy inadecuadas y se empeñaron en legitimar el placer femenino. Ya ves… qué cosas tienen las feministas.

Con el cambio de época y la llegada de la supuesta igualdad, el patriarcado se tuvo que volver sutil (por decir algo). Ya no nos podía controlar con la ley y la fuerza…

Feministas argentinas en el 8M de 1984. La foto es de Mónica Hasenberg.

Así que el feminismo, poco a poco, muuuy poooco a poooco, fue desvelando lo evidente, ¡que sí existía el placer femenino! En realidad siempre había estado ahí pero ahora, decían las feministas, ya no era pecado, ni sucio, ni una enfermedad, ni nada parecido… era algo natural, gozoso, incluso saludable. Las chicas ya no tenían que ocultarlo ni sentirse mal por jugar con su sexualidad.

Pues ya está, todas a disfrutar, ¿no?

No. Aunque había infinidad de pruebas de lo positivo del placer femenino, era complicado sacarlas a la luz. Siempre sucedía algo que las silenciaba, una fuerza misteriosa que seguía empeñada en ocultarlo. ¿Por qué? 

Quizás si las mujeres empiezan a disfrutar de su cuerpo, empiezan a liberarlo, ¡a hacerlo suyo! A dejar de ponerlo a disposición del sistema. Y puede que, no sé, que quieran llevar el placer a otros ámbitos de su vida, como querer un trabajo que les guste, como estar solo con alguien que les parece agradable, como llegar a casa y tener la cena hecha, como tener tiempo para descansar, para salir con amigas… En fin, tener una vida buena.

El sistema tuvo que reaccionar

Cuando llegó la revolución sexual (la primera, no la de después, ni la de hace poco, ni la de ahora mismo, que siempre estamos igual) empezaron a sonar alarmas por todas partes, a todo volumen (¡que se liberan!, ¡que se divierten!, ¡¡que disfrutan!!… ¡¡¡no puede ser!!!)… Pero el patriarcado, si algo sabe, es colárnosla.

Como todavía no teníamos dominado nuestro propio placer y, al final, ellos seguían dominando las narrativas, tuvieron fácil, muy fácil, jugar a confundirnos. Cogieron la liberación sexual y la convirtieron en un buffet libre de cuerpos femeninos… para el disfrute masculino. ¿Cómo?

Imaginemos un mapa con forma de cuerpo de mujer, como si fuera un territorio a explorar. Tenemos banderitas para marcar puntos importantes. Y sabes que el clítorix es el punto fundamental para el placer. Entonces, ¿qué haces con esa información? Si eres el patriarcado, lo que quieres es obviarla, despistar, confundir. Coges tus banderitas y decides ponerlas en cualquier otro lugar, marcar con ellas cualquier otro punto, por ejemplo, el famoso punto G.

Eso sí, que parezca que son ellas las que eligen, como siempre. Montemos un nuevo relato…

La vagina, la compañera fiel.

La liberación sexual no solo acabó reducida a tener mucho sexo, sino a tener sexo de una nueva manera (la de siempre, pero elegida por ellas): el mete-saca, la penetración, copular y ya.

Fíjate, ahora las mujeres ya no se tumbaban pasivas y abrían las piernas. Ahora aprendían a moverse y a gemir como en las películas, todas igual (porque, oh, sorpresa, de repente en todas las películas estaba la escenita APPO, esa que reduce la experiencia sexual al esquema Atracción-Penetración-Placer inmediato-Orgasmo simultáneo. ¿Casualidad? ¡Nunca!…

Habían creado un nuevo relato, el de siempre (el de siempre, pero eligiendo ellas): el pene es el protagonista y la vagina la compañera fiel. El protagonista entra en acción y la secundaria muere de placer.

Para certificar esto, la ciencia también nos contó una nueva historia sobre el Santo Grial, digo, sobre el punto G y, hala, todas a buscarlo (como Indiana Jones, pero sin látigo). No podías conformarte con el placer que sentías fuera, eso era cosa de niñas, el auténtico orgasmo cósmico está dentro, ¡busca, busca!

El resultado: montones de mujeres insatisfechas, pero… ¿a quién narices le importa la insatisfacción femenina? ¡Parece que ni siquiera a nosotras! Lo importante era no ser una chica mala. Porque ahora las chicas defectuosas no son las que disfrutan, sino las frígidas, que (según ellos) son las que no encuentran placer vaginal.

Seguías fingiendo por el bien del pene mágico y para no parecer rarita.

Menos mal que las feministas lo tenían claro. Investigaban, publicaban divulgaban. Decían que más del 65% de mujeres eran incapaces de llegar al orgasmo con la penetración. O que la primera vez con un hombre es mucho más insatisfactoria que la primera vez con una mujer.

Aunque el sistema patriarcal patriarcal funcionaba bastante bien, podía ser cuestión de tiempo desmontarlo con esa información. El sistema necesitaba hacernos perder más y más tiempo, despistarnos más…

Veamos dónde plantó el patriarcado la siguiente bandera. Bueno, las siguientes dos banderas…

Las tetas. También activaron la obsesión con las tetas. 

Los pechos siempre han sido parte del atractivo sexual femenino, pero ahora ya no bastaba con tenerlos, insinuarlos con un buen escote, ponerlas a su disposición visual. Ahora, tenían que ser más grandes, más redondas, más duras, ¡más visibles!… El sueño erótico de los dibujantes de cómic se hizo realidad.

Seguro que recuerdas (o has oído, si eres más joven) algunas de estas «coincidencias»…

En España coincide con nuestro famoso y mal llamado «destape».

Aunque el desnudo total seguía relegado a medios más pornográficos, la TV y las revistas destapaban… a las mujeres, solo a ellas. Como se tapaban sutilmente las partes bajas, la atención recaía sobre los pechos de las famosas. El dicho «no eres nadie hasta que no sales en ‘Interviú’» era cierto: allí salían hombres importantes y mujeres en pelotas.

Este gran éxito nacido en el 76 (de los creadores del Jueves y Sport, entre otros grandes éxitos de señoros), todavía hoy, es reconocido como un hito positivo, sin más crítica hacia su evidente machismo.

«Todo comenzó con Interviú, una revista que encarnaba a la perfección el deseo y la necesidad imperiosa que en aquel momento sentía el país por dejar atrás lo antes posible la etapa de la dictadura. Lo hizo, además, con inteligencia y un notable sentido práctico: sin buscar ajustar cuentas pendientes, sumando talentos de distinta orientación y mirando hacia delante con ese punto de vista fresco y transgresor que en seguida conectó con el público, porque era muy fácil de asimilar con el cambio de etapa».

Ramón Oliver. Ethic (28/02/2023)

El primer implante se realizó en 1962 y en los setenta ya era la operación estrella. En los ochenta estaba más que normalizado. Ya era posible imitar a esas bombas sexuales que aparecían en pantalla. Las ricas y famosas se operaban y las lucían bien grandes. Las que no eran famosas también se operaban, imitándolas.

(Paréntesis: otro hito de la época es el bulo de que a Ana Obregón le había explotado una teta en un avión. Seguro que lo recuerdas).

Un nuevo mito erótico

Después de un topless en The Sun que la lanza a la fama, en 1986, la británica Samantha Fox lanza su exitoso Touch Me (I Want Your Body). Se convierte en el sex symbol musical del momento.

Sabrina nos enseño las suyas en plena actuación en la Nochevieja del 87 al 88, al ritmo del Boys, boys, boys. En 1992, aparece Pamela Anderson en la serie Los vigilantes de la playa, y sus carreritas con el bañador rojo dos tallas menos se convierten en un hito de la TV.

La ropa interior modifica el exterior

Si no te atrevías con las operaciones, tranquila: el mercado lanzó el Wonderbra en el 94. Y, desde luego, dejaron claro cuál era su público objetivo: los chicos. Entonces no se andaban con tonterías. Eva Herzigova entra directa al Olimpo de las Top Model y todas queremos ser palillos con tetas grandes.

Desde entonces, la ropa interior dejó de ser ropa interior, para ser ropa que modificaba la apariencia exterior. Rellenar-Elevar, esa era la consigna. La evolución fue inmediata. Hoy, ya no venden sujetadores sin rellenos o sin almohadillas elevadoras o sin cualquier otro artefacto que «adapte» nuestras tetas, que vienen defectuosas de serie, todas, a lo que el patriarcado quiere… Jo, que la encuentras así incluso para niñas que ni siquiera necesitan sujetador.

Y la ropa exterior enseña el interior

Nuestras referentes, modelos, actrices, cantantes, las que se arreglan y pasean por las alfombras rojas y nos sirven de referentes siguen la misma evolución. Cada vez más delgaduchas, posando con los hombros bien “patrás”, la espalda bien recta, sonriendo, aguantando la respiración, metiendo tripa y sacando pechamen para la foto.

Vestidos diseñados para enormes pechos que desfían la ley de la gravedad, que se mantienen solos, sin sujeción aparente, tapados por dos tirillas de tela que nadie entiende como se sostienen, con escotes hasta debajo del ombligo o juegos de transparencias que captan tu atención. El vestido verde de Jennifer López aparece como un hito de Versace (que, por cierto, lo «reinventó» en la colección de 2019 para recordarlo. Como si alguien pudiera olvidarse de él).

El caso español que más recuerdo es el de Paz Vega cuando recogió el Goya por Lucía y el sexo (2002), que daba la sensación de que no podía moverse. Me pasé toda la ceremonia sufriendo por ella, convencida de que en cualquier momento se le salía una teta. Como si fuera un problema, por otro lado: Medem es el director español que más piensa en su público… masculino. Y ya nos lo había enseñado todo, todo, todo.

Sí, veíamos tetas en el cine de manera gratuita (que no gratis)

La gran pantalla estaba cada vez más liberada respecto al cuerpo (femenino, solo femenino). El típico plano de un culo moviéndose con ropa apretada ya estaba demasiado visto. Tenían que añadir algo más…

Ahora era obligatorio sacar las tetas de la protagonista. Las actrices se veían obligadas (pero porque ellas querían) a enseñarnos sus pechos, porque sin tetas no hay… contrato. El mismo espíritu del destape, pero disfrazado de arte, de genio artístico del director. Señoros modernísimos pensando que era fundamental para sus guiones meter la escenita sexual o la escenita que sea, en la que ella, por supuesto, ella, se desnudara.

Y, claro, el porno deja de enseñar tetas reales

Enseñar tetas ya no tenía gracia, porque eso ya lo hacía el cine. El porno, que siempre hace realidad las fantasías más oscuras de nuestros queridos compañeros de vida, se dedicó a dar vida a los personajes femeninos de los cómics.

Las tetas enormes son mucho más excitantes porque permiten, entre otras cosas, una práctica que les chifla, que no voy a detallar aquí. Además de esos finales felices sobre los pechos o las bocas de las actrices… en fin.

El porno impacta más de lo que creemos, porque es lo que luego quieren reproducir. (Ah, y otro paréntesis para aclarar algo fundamental: el porno no es sexo, es violencia. No busca excitar a través de un placer compartido: el femenino no importa. El placer masculino se obtiene sometiendo el cuerpo femenino, con prácticas cada vez más extremas… al final del artículo vemos otro detalle).

Las revistas «de chicas» y la moda se encargan de homologar todo lo anterior.

Las revistas nos planteaban un cuerpo ideal, un objetivo imposible; y nos daban el manual de instrucciones para no conseguirlo nunca, pero no dejar de perseguirlo. Nos recomendaban esta o aquella operación o material; aquel ejercicio para las tetas; esta crema que evita la caída; esa ropa que enseña lo que tiene que enseñar, destaca esto, aumenta aquello… Gasta, gasta y gasta, y vive hambrienta e insatisfecha.

Qué te voy a contar de las revistas femeninas que no hayas sufrido ya… Como decía un meme: en la página 14, un reportaje para empoderarte, en plan ¡acepta y ama tu cuerpo! En la página 24, lo último en dietas: pierde 10 kilos en una semana. En la página 34, no te prives; receta de una deliciosa tarta de tres chocolates. ¿Es o no para volvernos locas? Por algo duplicamos la tasa de ansiedad de los hombres…

¡Ah, y el topless era lo más!

Todas las mujeres hacían topless, yo incluida, y todas las famosas eran pilladas haciendo topless y salían en las revistas. Las playas se llenaron de tetas al aire (porque nosotras queríamos). O porque, si no, eras una mojigata.

El truco siempre está en que nosotras acabemos haciendo, porque nosotras queremos, lo que en realidad ellos quieren de nosotras. Es decir, no se permite el topless por nuestra comodidad o por nuestro deseo de hacerlo; se permite para el placer visual masculino.

Un ejemplo de que es por su placer visual: En 2009 hice una campaña para reivindicar dar el pecho en público. Nos expulsaban de espacios públicos por amamantar

Enseñar las tetas para vender productos, bien; enseñar las tetas sin que venga a cuento en un guión de cine, bien; enseñar tetas para excitar, bien… Ahora, ¿enseñar las tetas para alimentar a un bebé?, ¡loca!, ¡pecadora!, ¡eso no nos gusta a nosotros!

¿Y no es curioso que las RRSS sigan censurando nuestros pezones y no los de ellos?

Por fin, un día irrumpió el clítorix.

Bueno, un día… que conste que hay textos médicos del siglo I D.C. que ya prescriben el orgasmo clitoriano como tratamiento para la “histeria”. Y sabemos lo famoso que fue el temita durante el siglo XIX. Puedes ver la peli sobre el tratamiento a través del orgasmo, que es curiosa. Está en Prime. Aunque a mí me da mucho que pensar que del tratamiento que empieza frotando el clítorix acaben fabricando un vibrador… en fin. O escucha este podcast de Las Divulvadoras de la Historia acerca de la histeria (Me encanta ese podcast).

El feminismo, con mucho trabajo y, sobre todo, con la proyección que consiguió gracias a la masificación de las redes sociales, logró salir de la invisibilización, del ninguneo, de eso de “cosas de marimachos y feas». Durante su última etapa, que culmina con el #metoo, el 8M de 2018, con toda una ola feminista que nos invadió a todas, que nos enseño palabros como micromachismo, mansplaining… que logró que empezáramos a tomarnos en serio nuestras necesidades, nuestras conversaciones. Y claro…

Empezamos a hablar, mucho, de la vulva, del coño, del clítorix. Y ya no pensábamos que éramos unas cochinas, ni unas frígidas, ni que nos pasaba algo raro por pensar en nuestro propio placer. Ah, y que poco que ver tenía con el coito, que había todo un cuerpo que explorar y un puntito en particular que, ay, que era mucho más increíble de lo que el borde de la mesa prometía. Todo lo que nos cantan Jesusa y Liliana… 😉

El clítorix estaba en boca de todas... que no de todos (ejem). Hablábamos, descubríamos su verdadera anatomía (¡es mucho más que un botón!), las redes se llenaban de Ilustraciones, se vendían joyas con forma de clítorix, láminas con vulvas bien evidentes…

Aprendíamos que es el único órgano cuya única función es dar placer. Que es más profundo de lo que parece, unos 10 cm (por eso algunas mujeres eran capaces de tener orgasmos vaginales, que en realidad eran clitorianos, porque !hasta ahí llega!). Que tiene unas 8000 terminacines nerviosas (el pene, entre 4000 y 6000). En fin, una maravilla. En 2021, todavía era noticia esto que te acabo de resumir. ¡Ojo!, todavía no todas las mujeres tienen esta información.

Mientras, el patriarcado estaba entretenido en desactivar el feminismo convirtiéndolo en una campaña de marketing, imprimiendo camisetas con lemas feministas, convirtiendo a Frida Kahlo en marchandising… Y vio otra oportunidad de oro en un curioso producto…

Y, por fin, el patriarcado capitalista cometió un grave error: el Satisfyer.

Quisieron lucrarse y lo que consiguieron fue lubricarnos (jeje).

El éxito de ese pequeño aparatito solo es comparable al de la freidora de aire (ahora llamada «la Satisfrayer«). A finales de 2019, el Satisfyer era el juguete sexual preferido de las españolas. Y el producto estrella de las ventas navideñas, sin ninguna duda. No solo lo compraban, lo usaban, lo recomendaban, estaba en todas las conversaciones…El mercado estaba radiante con tantos ingresos, pero…

Por fin, habíamos puesto señalado el punto correcto del mapa. Una bandera más grande, más brillante. Ojo, no estoy recomendando un aparato como fórmula sexual preferida. Si lo puedes hacer con las manos, pa qué más… La revolución real de este aparatito, más que la cantidad y calidad de esos orgasmos, fue poner nuestro placer en el puñetero centro del relato, del espacio público, de nuestra propia conciencia. Ya no había que buscar más, ya no había que fingir.

Habíamos conquistado nuestro placer. Habíamos cabreado al patriarcado.

El mercado había creado un monstruo, un nuevo enemigo para el sistema patriarcal. Claro, no existe nada más frágil que el ego masculino, que se vio amenazado. Pero, como no querían dejar de ganar dinero, la estrategia esta vez tenía que ser otra… es decir, la de siempre.

«Las redes sociales se convirtieron en un pozo en el que muchos han vertido su bilis, odio e ira contenida contra el Satisfyer. Con comentarios acusando a las mujeres que usan este aparato (de diseño y precisión germana pero fabricado en China) de todos los males del mundo. Asimismo, exigen alguna clase de satisfacción (valga la redundancia) por el agravio»
«Arremeten contra un producto que no hace daño a nadie y cuyo único pecado consiste en dar gusto a miles de mujeres a cambio de 35 euros»

Daniel J. Ollero, elmundo.es

Cambio de estrategia, otra vez.

El patriarcado se puso a buscar un nuevo objetivo. ¿Cuál puede ser? ¡En este mapa que es nuestro cuerpo, la banderita del clítorix llamaba demasiado la atención! Solo había una forma de no verla… ¡darle la vuelta al mapa!

Imagen del anuncio del vibrador y succionador de Clítoris Satisfyer Pro 2 Vibration. No era la idea hacerles publicidad, es que me venía bien por el juego con la diana. Apuntando al centro del placer.
El twerking.

Llamamos así al perreo, para que nos quede mejor, porque ser una perra suena mal. Ahora, ellas quieren hacer twerking porque les gusta, lo que más les gusta, el baile más apetecible de hacer, pero para una misma.

Vuelvo un momento a llamarle perreo para recordar de dónde viene esto: las perras no tienen clítorix. Sus relaciones sexuales sirven para la reproducción, entran en celo con ese fin dos veces al año. Su instinto hace que quieran ser penetradas para ser mamás.

Trasladado al mundo humano, el patriarcado nos dice que, somos como perras, al servicio de la reproducción y en celo (pero nosotras siempre). Ahora, el mete saca se hace de otra forma…

Las escenas de sexo en la pantalla: follarnos desde atrás.

Yo de joven solo recuerdo (y me impactó) un cunnilingus en pantalla, en Nueve semanas y media. Ahora que se empezaba a ver en el cine, va y se ponen de acuerdo con otra nueva escenita… follarte desde atrás.

En Juego de Tronos, una serie que me encanta pero que está llena de lamentables escenas sexuales, la mayoría son “por detrás”. Vemos claramente que es una cuestión de demostrar poder. Solo khaleesi, aconsejada por una mujer experta, le da la vuelta a Drogo y le dice que desde ahora van a follar cara a cara, dominando ella la escena. Khaleesi es la más poderosa de todas las mujeres que aparecen, por eso les quedaba bien en la trama. ¿Ves? No era sexo, era poder. ¡Si es que no ocultan nada!

Por que, otro detalle: en eso de darnos desde atrás tú te crees que se trata de penetrarte vaginalmente en esa posición, a cuatro patas, o apoyada de pie contra la pared, como si te castigara el profe. Que no os engañen, la obsesiva fantasía sexual masculina trata de penetrarte por el ano.

Supongo que el auge del porno también tiene algo que ver

Somos agujeros. La absurda fantasía masculina, teniendo tanto cuerpo por explorar, de penetrar nuestros anos… incluso podríamos decir, siguiendo con las bromas fáciles, que esconde una masculinidad más que frágil.

Según Save the Children, casi 7 de cada 10 adolescentes consumen pornografía, a la que acceden por primera vez a los 12 años (2020), muchas veces desde los 8. Si te gusta leer terror, aquí puedes descargar el informe completo. Los vídeos porno más vistos son violaciones en grupo. Y una de las practicas más buscadas (y puestas en práctica después) es la penetración anal. Repito: adolescentes. Inicio sexualidad. Penetración anal. Escucha este episodio de Radiojaputa, especial sobre el tema ponografía. Y llora.

La ropa que destaca el culo

Sea en el propio diseño, ajustado para marcarlo bien, sea con formas en el tejido, con refuerzos que elevan, añadiendo fajas con relleno. Pon en Google «mallas mujer» y verás lo que te sale…

La ropa que, directamente, enseña el culo.

Los pantalones cortos parecen biquinis, y así van por la calle enseñando la parte inferior de las nalgas, como si estuvieran en la playa. Los vestidos de la alfombra roja que bajan peligrosamente hasta más allá del sacro. O que enseñan toda la raja, como la foto que verás más abajo…

Los biquinis que enseñan las nalgas, enteras, por completo

Las chicas ya no hacen topless, ahora enseñan el culo. Antes había biquinis o tangas. Ahora solo hay bitangas. Este verano ha sido como un sueño erótico masculino hecho realidad, porque ya no hace falta ir a la playa a ver tetas. De hecho, ya no se ven apenas. Ahora en cualquier piscina, en cualquier lugar donde las chicas vayan en bikini, llevan el culo al aire.

Cuando se ponen una camiseta y pasean, por ejemplo por un camping, desde atrás parece que no lleven braguitas. Si se tumban boca abajo a tomar el sol, parece que no lleven braguitas… todo enfoca al culo, visible y disponible.

Lo que deberían hacer ahora es diseñar bañadores con un refuerzo anti-empalme, que la contenga y no sea evidente la erección.

Los nuevos «posados»

Todos los eventos tienen su photocall lleno de logotipos feos, donde las mujeres hermosas se hacen fotos. En las RRSS imitamos a las famosas y posamos como ellas. Adoptan siempre la postura perfecta, estudiadísima y ahí permanecen hasta que las cámaras captan su estupendo posado.

Pero ahora… se dan la vuelta. La tendencia es a posar enseñando el culo. Te dije que tenía pistas evidentes… esta es hasta ridícula, de tan obvia.

Las famosas de referencia, estilo Kardasian.

Recuerdo de pequeña que, si te llamaban culo gordo, era para humillarte. Las chicas no querían tener el culo gordo. Ahora es lo más.

Al mito de estilo Pamela Anderson le sustituyó una Kardashian que sujetaba copas sobre su trasero. Esa imagen que hace 10 años parecía extravagante, hoy en día está más que superada. Y hemos visto la ropa con relleno para imitarla. Pero, como siempre, hay un paso todavía más extremo para modificar tu cuerpo, para agrandar tu culo…

Las operaciones con mayor crecimiento

Los implantes de nalgas, si bien todavía no han desbancado a las reinas de las cirujías: liposucción y aumento de pechos (ese combo perfecto para parecer palillos con globos), ha tenido un crecimiento extraordinario, superando ya al de labios. Démosle una década más, a ver hasta dónde asciende en la tabla.

https://es.statista.com/estadisticas/583168/principales-operaciones-de-cirugia-estetica-a-nivel-global/
La «depilación Hollywood» y… más allá

La depilación completa trata de no molestar con tus pelos la visión masculina. Ellos se pueden depilar, si quieren. Si no quieren, pueden tener pelos en su careto, en sus partes íntimas, en sus axilas, en brazos y piernas, en el pecho, en la espalda, en los hombros, en los nudillos, en los pies, en las orejas, en la nariz…

Pero tú no, tú tienes que ser como una estrella de Hollywood, sin ser, para nada, protagonista de tu cuerpo. Ya no es concebible que tus zonas sexuales tengan pelos, ni uno solo. Tienes que hacerte…

Y para terminar, la guinda final, ahora también hay estándar de belleza anal.

Ahora que no hay pelo, que lo vas a mostrar todo todo todo, no te vayas a presentar tú con un ano normal y corriente. No vayas a aparecer con un ano arrugadito y oscuro, un poco más oscuro que tu tono de piel. ¡No, por favor! ¡Tiene que tener el mismo tono de tu piel!

Terminemos bien: algunas recomendaciones para ver, escuchar, seguir, leer.

El placer femenino es un asunto político. No se trata de saber sólo cómo funciona nuestro cuerpo, sino cómo funciona el sistema en el que vivimos. Ana de Miguel es una de las autoras de lectura más fácil y que mejor explica el doble rasero sexual. Neoliberalismo sexual, el mito de la libre elección es un clásico. También te recomiendo Ética para Celia, contra la doble verdad. Aquí puedes leer (o escuchar) mi reseña sobre ese libro.

Ahora sobre el cuerpo: Mujer, deseo y placer, de Mireia Darder, Luana Salvadó y Eugènia Gallifa. Y sobre el cuerpo en un entorno adecuado: Por qué las mujeres disfrutan más del sexo bajo el socialismo, de Kristen Ghodsee.

Una peli curiosa, Creatura, de Elena Martín Gimeno. Puedes verla en Filmin, «arriesgada obra sobre los tabús del sexo desde la infancia hasta la madurez».

Y otra curiosidad, esta vez histórica: escucha el primer capítulo de las Divulvadoras, Cómo se representan nuestros coños en el arte. Ahí me enamoré de ellas.

Otro podcast que siempre recomiendo es Radiojaputa. Ahí conocí a Patt Oliver, una de sus colaboradoras que tiene un enfoque de la sexualidad que ¡oh, sí, sí, sí! nos interesa.

A Patt le escuché la cita, que no sé de quién es, que dice algo así: «Todo en la vida tiene que ver con el sexo. Menos el sexo: el sexo tiene que ver con el poder». Si no conoces a Patt Oliver, te la presento. Síguela:

Y ya me despido. Para cerrar, te dejo el esquema de mi teoría. Igual me he pasado un poco de largo, pero me parecía todo taaan interesante:

  1. Antes no existía el placer femenino. 
  2. Luego llegaron unas señoras muy inadecuadas y se empeñaron en legitimar el placer femenino. Ya ves… qué cosas tienen las feministas.
    1. Pues ya está, todas a disfrutar, ¿no?
  3. El sistema tuvo que reaccionar
  4. La vagina, la compañera fiel.
  5. Las tetas. También activaron la obsesión con las tetas. 
    1. En España coincide con nuestro famoso y mal llamado «destape».
    2. La cirujía estética se democratiza.
    3. Un nuevo mito erótico
    4. La ropa interior modifica el exterior
    5. Y la ropa exterior enseña el interior
    6. Sí, veíamos tetas en el cine de manera gratuita (que no gratis)
    7. Y, claro, el porno deja de enseñar tetas reales
    8. Las revistas «de chicas» y la moda se encargan de homologar todo lo anterior.
    9. ¡Ah, y el topless era lo más!
  6. Por fin, un día irrumpió el clítorix.
  7. Y, por fin, el patriarcado capitalista cometió un grave error: el Satisfyer.
  8. Habíamos conquistado nuestro placer. Habíamos cabreado al patriarcado.
  9. Así, mientras las mujeres avanzábamos de verdad en el territorio de nuestro placer, el sistema volvió a encontrar la manera de darnos por culo.
    1. El twerking.
    2. Las escenas de sexo en la pantalla: follarnos desde atrás.
    3. Supongo que el auge del porno también tiene algo que ver
    4. La ropa que destaca el culo
    5. La ropa que, directamente, enseña el culo.
    6. Los biquinis que enseñan las nalgas, enteras, por completo
    7. Los nuevos «posados»
    8. Las famosas de referencia, estilo Kardasian.
    9. Las operaciones con mayor crecimiento…
    10. La «depilación Hollywood» y… más allá
    11. Y para terminar, la guinda final, ahora también hay estándar de belleza anal.
  10. Terminemos bien: algunas recomendaciones para ver, escuchar, seguir, leer.

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5 respuestas a «Cómo darle la espalda a nuestro placer»

  1. Avatar de
    Anónimo

    Muy buen artículo, documentado y tan real como la vida misma!! Hay que compartirlo para que se lea y se conocen estos datos! Gracias por escribirlo!!

  2. Avatar de Maldita Pecadora

    Gracias por tus ánimos. Intentaremos que llegue lo más lejos posible 🙂

  3. […] no abandonaban el no remunerado. Y ahora tenían que ser más bellas, más flacas, más tetudas (lee este artículo si te apetece saber más sobre este fenómeno). Los juguetes nos preparan para esa triple jornada femenina: trabajo, cuidado, […]

  4. […] años, de educar a las niñas para gustar y cuidar, de ir por la vida andando sobre tacones o enseñando el culo. Así que no me repito […]

  5. […] culos de chicas, muchos. Cada vez más. Y cada vez más expuestos, con menos tela en las nalgas. Lo mismo que las mallas, pero sin mallas. Otro artículo. Y otro.Paseo por cualquier parte —ciudad, playa, montaña, un centro comercial— y me doy […]

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