Buscando cine feminista desesperadamente

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Fotograma promocional de Desperately Seeking Susan (Buscando a Susan desesperadamente), dirigida por Susan Seidelman (1985). Con Rosanna Arquette y Madonna. © Metro-Goldwyn-Mayer (MGM).

Propuse en el canal de WhatsApp Pecados Culturales ir a ver Buscando a Susan desesperadamente. Iba preparada para que cayera otro mito de mi adolescencia y tomármelo con humor.

No fue así.

Al contrario: la peli nos sorprendió gratamente. NOS ENCANTÓ. Nos divertimos, nos enganchamos a la trama y después charlamos largo sobre los detalles, sobre otras pelis de los ochenta, sobre lo avanzada que fue en cuanto al papel de las mujeres…

Había leído ya sobre otras pelis o personajes femeninos de esa época. Y sobre el retroceso posterior. Incluso me vino a la cabeza montar un ciclo ochentero con esas pelis que daban pasos adelante para nosotras. Podría llamarse:
«Lo que pudo ser y no fue (porque el patriarcado estropeó, como siempre)».

Mientras nos lamemos las heridas, te comento los aspectos que me llamaron la atención. Voy a hacer spoilers, pero si prefieres verla antes, la tienes por 1,99€ en alquiler en Prime Video.

Contexto rápido

Película de 1985 dirigida por Susan Seidelman, con Rosanna Arquette y Madonna (que ya empezaba a ser MADONNA). Al verla, inevitablemente querías ser ella, como ella, o al menos algo parecido a ella. Es lo que le pasa a Roberta.

Sinopsis: Roberta vive en un matrimonio aburrido. Leyendo anuncios personales en el periódico, empieza a fantasear con una desconocida (Susan), que parece ser su opuesto: autónoma, libre, sexualmente activa y satisfecha. Se obsesiona con ella hasta que un malentendido las enreda a ambas en una trama de asesinato, identidades cruzadas y despertar personal. 

Hagamos un repaso a todo lo que sucede. Si ya la has visto, con el párrafo resumen de cada apartado es suficiente. Si no la has visto, puedes desplegar donde pone: más detalles, que ahí me explayo un poco más.

Desarrollo de la trama

1. Presentación de los personajes

Roberta lleva cuatro años casada. Una relación de más aburrida, con un marido que vende bañeras (y las anuncia en la TV rodeado de modelos en bikini) y que a ella apenas la ve. Para evadirse, fantasea con las vidas ajenas. Lee la sección de mensajes personales del periódico, las redes sociales de los ochenta.

Imagen: Roberta (Rosanna Arquette) y su marido (Mark Blum), atrapados en una foto perfecta que no es tan feliz como parece. Fotograma de Buscando a Susan desesperadamente (Susan Seidelman, 1985). © Metro-Goldwyn-Mayer (MGM).

En paralelo, conocemos a Susan: autónoma, libre, descarada, saltando de ciudad en ciudad, amante de las aventuras y de los hombres sin compromisos.

Imagen: Susan (Madonna), la mujer libre y descarada que Roberta admira y envidia. Fotograma de Buscando a Susan desesperadamente (Susan Seidelman, 1985). © Metro-Goldwyn-Mayer (MGM).

A Susan nos la presentan cuando abandona a uno tipo en la habitación de un hotel, después de robarle. Un malote se cruza con ella al salir. No le ve la cara, pero se queda con su chaqueta.

COMENTEMOS: Esta escena ya invierte el cliché: la típica escena de un ÉL, despertando con una bella mujer paisaje en la cama, quizás dos. En cambio Susan domina la situación, sin deshumanizar a su amante. Aunque lo abandona, aunque le roba, lo nombra, se despide casi cariñosa. Fue un placer mientras duró…

2. Planteamiento del malentendido

Roberta se obsesiona con Susan tras leer en el periódico los mensajes de Jim buscándola por todo el país. La sigue hasta su cita con Jim y presencia su romántico reencuentro. Él se va de gira con su grupo de música. Se despiden sin dramas, pero Jimmy le da el teléfono de su amigo Dez, por si acaso. Roberta va detrás. En una tienda, donde Susan empeña su llamativa chaqueta para comprarse unas botas. Roberta la compra… y en el bolsillo una llave misteriosa.

Imagen: La icónica chaqueta con la pirámide en la espalda y uno de los pendientes “de Nefertiti”, piezas clave en la trama de Buscando a Susan desesperadamente (Susan Seidelman, 1985). © Metro-Goldwyn-Mayer (MGM).

COMENTEMOS: No vemos drama ni dependencia en la relación de Susan. Aunque se gustan mucho, se aceptan y respetan las vidas que llevan por separado. No hay juicio de la mujer que vive como se esperaría de un hombre. Al contrario, se presenta como referencia para Roberta.

Imagen: Susan (Madonna), improvisando su “camerino” en un baño público: espejo, secador y mucha actitud. Fotograma de Buscando a Susan desesperadamente (Susan Seidelman, 1985). © Metro-Goldwyn-Mayer (MGM).

Imagen: Roberta (Rosanna Arquette), confundida y a punto de perderse en su propia fantasía, junto a un visor de monedas. Fotograma de Buscando a Susan desesperadamente (Susan Seidelman, 1985). © Metro-Goldwyn-Mayer (MGM).

Jim le da el teléfono de su amigo por preocupación tras la noticia del asesinato, no por celos de un novio controlador.

En cambio, sí se respira una constante crítica al matrimonio perfecto pero gris de Roberta, al matrimonio ideal que nunca lo es. Al hombre que hace lo que quiere pero espera a una mujer sirviéndole en casa. No la mira, no la ve.

Imagen: Susan (Madonna) y Jimmy (Robert Joy), reencuentro romántico con aires de despedida. Fotograma de Buscando a Susan desesperadamente (Susan Seidelman, 1985). © Metro-Goldwyn-Mayer (MGM).

Roberta intenta aclararlo todo

Roberta quiere conocer a Susan. Publica un anuncio para devolver la llave, imitando el estilo de Jim. Pero antes de encontrarse, Susan es detenida. Roberta es acosada por el asesino y recibe un golpe en la cabeza: pierde la memoria. Dez la encuentra. Todo el mundo cree que Roberta es Susan. Incluso ella misma.

Imagen: Dezz (Aidan Quinn) atiende a Roberta (Rosanna Arquette) tras su accidente y pérdida de memoria. Fotograma de Buscando a Susan desesperadamente (Susan Seidelman, 1985). © Metro-Goldwyn-Mayer (MGM).

COMENTEMOS: Jim se mosquea con el «desconocido». Quizás hay un momento de celos, pero el mensaje que le da a su amigo no es ese. Quiere estar seguro de que Susan está bien. De nuevo, no hay valoración sobre la vida demasiado liberal de Roberta (supuesta Susan).

Vidas cambiadas: nuevas relaciones

Roberta se mete en la vida de Susan: la atracción entre ella y Dez es evidente. La amiga de Susan deja su trabajo con el mago misógino. Justo después, Susan aparece en el local buscando respuestas y lo que encuentra es un trabajo: es la nueva ayudante mágica. Mientras, Susan termina en casa de Roberta, conociendo su entorno y al marido, al que deja claro lo poco que conoce a su mujer.

Imagen: Susan (Madonna), leyendo el diario de Roberta y comprendiendo por fin su insatisfacción vital. Fotograma de Buscando a Susan desesperadamente (Susan Seidelman, 1985). © Metro-Goldwyn-Mayer (MGM).

COMENTEMOS: En este cruce de vidas: Roberta se libera y se reinventa como Susan, divertida pero con evidentes dificultades económicas; Susan observa con asombro la jaula dorada en la que vive Roberta, pero también disfruta de sus comodidades. ¿Qué es lo importante, en realidad? Ambas experimentan los problemas de la otra.

Ah, la cuñada es un poco Pepito Grillo de su hermano diciéndole todo lo que este no quiere escuchar. Habla de orgasmos femeninos (que Roberta parece no tener con él), de que no se entera. Lo mismo le dice Susan después. Las dos mujeres notan de manera inmediata y evidente cuál es el problema de Roberta: él.

Cómo retrata la directora a las mujeres prostituidas: con respeto. No son las típicas mujeres exageradas, que mascan chicles y hablan a gritos y seducen a todo el que encuentran. Susan se despide de su compañera de celda como lo haría de cualquier otra mujer.

El gran encuentro

Roberta está a punto de actuar con el mago. Todos los personajes acaban coincidiendo en el local en una divertida escena final con persecuciones, sexo, el asesino detrás, discusiones de pareja, el mago sacando ramos de flores de la manga, palomas volando… mucho peligro y… Susan y Roberta salvándose mutuamente, sin que ningún chico las rescate. Bonito encuentro final entre las dos.

COMENTEMOS: Ellos se han pasado toda la película preocupados por ellas. Pero cuando parece que los hombres van a salvarlas, son Susan y Roberta quienes se ayudan entre sí, zafándose de la situación y resolviendo el enredo. Y se produce el verdadero encuentro: ellas, al fin, se conocen.

Final feliz

Roberta, ya consciente de todo, se libera de su marido y se queda con Dez. Susan parece retomar su relación con Jim, aparentemente sin perder su independencia ni su esencia. Las dos son las heroínas por un día de la ciudad por encontrar los pendientes de Nefertiti que habían sido robados. Suponemos que ahora serán amigas. Fin.

COMENTEMOS: Queremos pensar que ambas mujeres se han reencontrado consigo mismas, más que con los hombres. Y podemos suponer que ahora podrán ser amigas. Fin.

Ahora comentemos aspectos más generales…

Lo que hace bien (y mucho)

La amistad femenina como motor de la trama: no hay competencia ni celos. Se conocen sin conocerse, a través de las pistas que encuentran la una de la otra. Incluso mejor que la gente que vive con ellas, en el caso del marido de Roberta. Una admira, la otra entiende; las dos se respetan.

Susan es un icono de autonomía: libre, descarada, sin pedir perdón. Como ser al que aspirar. Nos llama la atención al ser una mujer. Hemos visto esa personalidad en hombres protagonistas mil veces, pero ella aporta algo más: cierta sensibilidad. Lo vemos en cómo se comporta al conocer la vida de Roberta. La entiende, no la juzga.

Crítica al matrimonio burgués: Roberta no está loca ni es “mala esposa”, simplemente invisible y aburrida porque su marido no la ve ni la desea. Tanto la cuñada como la propia Susan le dejan claro al marido que no conoce a su mujer.

Otras mujeres respetadas: desde la cuñada pro-placer femenino hasta las prostitutas de la cárcel. Nadie juzga su sexualidad, ni las convierte en villanas. La primera ayudante del mago deja claro lo misógino de esos papeles femeninos, reducidos a floreros.

Desnudos con contexto: para la época, no resultan gratuitos ni humillante. No hay paneos sexualizantes ni miradas masculinas evidentes. Ni se trocea los cuerpos de ella en las tomas.

Hombres buenos, pero no salvadores: Dez y Jim son sensibles y ayudan, pero las verdaderas heroínas son ellas.

Imagen: Susan Seidelman, la directora que imaginó esta historia de mujeres que se buscan a sí mismas, en el rodaje de Buscando a Susan desesperadamente (1985). Foto: © Orion Pictures Corp / Cortesía Everett Collection.

Lo que puede chirriar hoy

Ojo, por quejarme de algo, ¿eh? Que la peli tiene cuarenta años y le pega mil patadas a muchas que he visto durante el último mes. Ahora, para acostumbrarnos a fijarnos en toooodo…

Aunque Roberta despierta, escapa de su vida gris, su final sigue dependiendo de un hombre “mejor” que el anterior. El error no era vivir en pareja, sino haberla elegido mal. 

El cuerpo que se enseña y el cuerpo que no. A ellas les vemos las tetas; a ellos nada. Sí, vemos varias veces los pezones de Susan a través del sujetador negro de encaje. Y vemos las tetas de Susan cuando se baña. Y otra vez cuando se está vistiendo y Dez la mira (y babea) por error.

Cierto que son «desnudos» femeninos» menos explícitos que otras películas y menos gratuitos. Menos obsceno. Sin paneos por sus siluetas. Sin planos detalle de fragmentos de su cuerpo. Sin esas cosas de las que nos enseñó a detectar Nina Menkes en su documental.

En cambio, hay dos escenas de ellos en los que se les podría ver el culo perfectamente, pero están rodadas con mucho cuidado para no suceda: Dez se despierta desnudo y anda hasta la puerta para abrir a su amigo, y todo sin que se vea nada. Jim es cortado en pleno acto sexual, cuando el asesino se lleva a Susan, y allí se queda, con los pantalones bajados, pero sin que se le asome nada de nada.

Y, por supuesto: el final feliz sigue siendo una pareja heterosexual para ambas. No hay promesas ni bodas, pero sí chicos “molones”. Incluso hay una broma con eso. La cuñada le dice al maridito que igual Roberta, en realidad, es prostituta… o lesbiana, que él no se ha enterado. Y aunque es en tono divertido, y en principio no parece ofensiva, como poco, hay que pensar sobre ello. Me gustaría leerla, dada la época, como visibilización de esa realidad. En plan: oye, que existen las lesbianas, y ella podría serlo, ¿por qué no? Pero quizás es todo lo contrario, porque dice lesbianas y prostitutas como algo escandaloso. ¿Tú qué opinas?

Por último, me chirría que Susan Seidelman, la directora, no haya hecho ninguna película destacable más. Aquí tendríamos que recordar que hay directores varones que han saltado a la fama por mucho menos.

Y para acabar, más que conclusiones definitivas, yo seguiría haciendo preguntas… 

— ¿Qué dice esta peli sobre las mujeres de los 80? ¿Era abiertamente feminista este planteamiento? ¿Se puede hablar de liberación sexual? ¿Las libera de la presión por encajar?
— ¿Qué aporta a la conversación feminista actual? ¿Puede ser un ejemplo del derecho a elegir por deseo? ¿O solo de huir de relaciones que no te cuidan? ¿Qué relaciones promete?
— Y lo de siempre: ¿por qué seguimos creyendo que el final feliz es tener pareja (aunque sea “mejor”)? ¿Y si el verdadero final feliz hubiera sido la amistad entre ellas, con los hombres, vale, presentes, pero en segundo plano?

Próxima parada…

Para la siguiente sesión del ciclo ochentero: ¿qué tal Dirty Dancing? Otra llena de brochazos que tintan de violeta las pantallas… ¿La vemos?


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5 respuestas a «Buscando cine feminista desesperadamente»

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