La asunción de todas las diosas

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Escultura moderna y estilizada de la Virgen María en un altar lateral de la iglesia de Guadalest.

Hoy, 15 de agosto, es fiesta. La Asunción de la Virgen María. Hace siglos, en mid-agosto, nadie celebraba a María… y sin embargo, ahí está.

¿De qué va en realidad el día 15?

Ayer, como siempre, me desperté pronto. Me quedé sentada en el borde de la cama, haciendo mi ritual de girar los pies para calentar tobillos antes de ponerme en marcha. Cosas mías. Miré el calendario que hice con Tutticonfetti. Ahí estaba: Salomé, la pecadora de agosto. No sé por qué este mes no he publicado nada más sobre ella. Podría haber subido al menos una foto suya presidiendo este mes de calor, persianas cerradas y trabajos que no avanzan.

Vi que hoy era 15. Fiesta. Que a mí, como autónoma, no me cambia mucho la rutina. A poca gente, en realidad. Pilla en plenas vacaciones. Pero era algo religioso… ¿y si investigaba un poco? A ver si podía relacionarlo con mi querida pecadora. No es que me falten excusas, pero me gusta cuando los datos encajan y todo parece tener más sentido.

Café en mano, abrí el ordenador.
Dos páginas de Google y Wikipedia después ya estaba escribiendo a Carola:
—Tía, el día de la Asunción es otra apropiación de la Iglesia del poder femenino anterior: de las diosas, de la fertilidad, de las cosechas. ¿Qué te parece si yo escribo algo y tú…?

Carola, por supuesto, ha preparado un ritual. Pero antes, vayamos a… al principio.


La Gran Madre y sus metamorfosis

Antes de “Dios” —el de la D mayúscula— hubo muchos dioses y muchas diosas. Y antes aún, parece que hubo una Gran Diosa, una Diosa Madre que aparece una y otra vez en distintas culturas, desde el Paleolítico, con diferentes nombres y atributos.

En Oriente Próximo y Anatolia se veneraba a la Magna Mater (Cibeles o Atargatis). Madre por excelencia, asociada a la fertilidad, la montaña y los leones. Su culto se extendió por el Mediterráneo y llegó a Roma en el 204 a.C., integrándose en la religión oficial. Todas estas diosas compartían algo: protectoras de la tierra y del pueblo, capaces de dar y quitar la vida, con celebraciones llenas de procesiones, banquetes y ritos.


El agosto de las diosas

Mucho antes de llamarse “agosto”, ya era un momento sagrado. A mitad de mes se celebraban fiestas de fertilidad, cosecha y protección femenina. Supongo que, más que en fechas fijas, en momentos del ciclo lunar.

Ejemplos:

  • Las Vinales Rústicas, en honor a Venus, protectora de vendimias y huertos.
  • El Lammas o Lughnasadh celta, agradeciendo la cosecha, sobre todo del trigo.
  • Fiestas nórdicas dedicadas a Sif, durante el Freyfaxi.

Ahora nos interesa centrarnos en Diana, la versión romana de la griega Artemisa. No olvidemos que todo viene de algo anterior. Diosas de la caza, la naturaleza, los animales, los partos y la fertilidad. Protectoras de mujeres y personas esclavizadas. Famosas las dos por su «castidad».

Imagen: Diana de Versalles, la Artemisa cazadora con su ciervo. Copia romana de un original griego atribuido a Leocares (Museo del Louvre). Foto: Marie-Lan Nguyen (CC BY 2.5).

Paréntesis: Iba a poner «vírgenes», pero eso de la virginidad es un concepto que preferiría evitar en ese sentido. Porque, vaya, “por dios”, divide a las mujeres según si en su cuerpo ha entrado o no un pene. Nos quedamos con la idea de que se negaban a tener relaciones sexuales con hombres. Y seguimos…

La Nemoralia: tres noches para Diana

La Nemoralia comenzó en el santuario de Diana, en el lago Nemi —también llamado Espejo de Diana— durante la luna llena de mediados de mes. Pronto se extendió por todo el Imperio y se fijó entre el 13 y el 15 de agosto.

Era una festividad importante. Las mujeres y las personas esclavizadas descansaban.  También se prohibía cazar. Y a los perros de caza, esos días, se les “adornaba” con guirnaldas de flores, que servían de cuidado y protección.

¿Y cómo celebraban? ¿Qué hacían? ¿Cómo era? Pues entre otras cosas curiosas…

  • Se bañaban. Así se limpiaban y rejuvenecían. Y se adornaban el cabello con coronas de flores
  • Escribían mensajes en telas y las ataban a los árboles del santuario.
  • Hacían procesiones nocturnas con antorchas y velas alrededor del lago. Y viajaban en barcas iluminadas entre las orillas. Me cuesta imaginarme la escena en la era de la electricidad, pero debía ser una maravilla visual.
  • Realizaban ofrendas a la diosa, claro: frutas (especialmente manzanas), figurillas de arcilla (con forma de ciervos, madres con hijos, partes del cuerpo que querían sanar), panes rituales (hechos con la primera cosecha)…
  • Danzaban y cantaban.
  • Y comían: cabrito, tortas cocidas sobre ramas de manzano cargadas de fruta. Y bebían vino.
  • Ah, otro detalle que me ha fascinado: las ofrendas de ajo a Hécate, la diosa de la brujería.

Imagenes: 1 y 3. Lago Nemi (Speculum Dianae), Lacio, Italia — agua serena rodeada de verdes colinas volcánicas. Es un pequeño lago volcánico circular, ubicado en el corazón de los Montes Albanos, a unos 30 km al sur de Roma, en la región del Lacio. 4 y 5. Restos arqueológicos excavados del templo de Diana Nemorensis, testigos tangibles de un culto antiguo.


De Augusto a la misa de la Asunción

En el calendario romano, este mes se llamaba Sextilis. Más tarde, en honor al emperador, pasó a llamarse Augustus. Fue precisamente Octavio Augusto quien, en el 18 a.C., fijó la festividad de las Feriae Augusti: una celebración oficial para marcar el fin de las labores agrícolas y dar un merecido descanso al campesinado y a los animales tras la cosecha.

Mosaico antiguo con la inscripción AVGVSTAS (Sextilis / Agosto), parte de un calendario rústico romano que relaciona los meses con labores, símbolos y festividades.

Dentro de este periodo vacacional caían de lleno las fiestas en honor a Diana, la Nemoralia. La idea de un parón general en pleno verano funcionó tan bien que se convirtió en costumbre.

Por cierto: hoy sobrevive en Italia como Ferragosto, y en buena parte de Europa como ese gran descanso estival del que estás disfrutando ahora mismo (si no eres autónoma). Sí: nuestras vacaciones de verano son herencia directa de aquel invento de Augusto.

Otro paréntesis: Lo que hemos perdido, sin duda, es aquello tan importante en la festividad de Diana, la Nemoralia: que las mujeres descansaban. Porque vete a cualquier lugar de veraneo y fíjate bien: quién sigue haciendo las labores que no pueden dejar de hacerse.

En el siglo VII, la fiesta de Ferragosto se trasladó oficialmente al 15 de agosto por decisión de la Iglesia Católica, vinculándola con la Asunción de María.

En realidad, su historia venía de antes:

  • En el siglo IV, en la liturgia oriental, se celebraba el Recuerdo de María, conmemorando su entrada al cielo.
  • Más tarde se llamó Dormición y fue fijada oficialmente por el emperador Mauricio en el año 600.
  • Cincuenta años después llegó a Roma, donde el papa Sergio I estableció una procesión para la fecha.

El relato no procede de los evangelios canónicos, sino de textos apócrifos y leyendas1: María no habría muerto, sino que habría “dormido” y, al tercer día, su cuerpo desapareció para ascender al cielo. Padres de la Iglesia como San Agustín y Santo Tomás defendieron esta creencia.

Imagen mía: Retablo de la Asunción de la Virgen María en la iglesia de Guadalest (Alicante), con María ascendiendo al cielo rodeada de ángeles.

Con el tiempo, la fiesta fue ganando peso:

  • León IV añadió vigilia y octava.
  • Nicolás I la equiparó a Navidad y Pascua.
  • En el siglo XVIII, Benedicto XIV declaró que negarla era “impío y blasfemo”.

El remate llegó el 1 de noviembre de 1950, cuando Pío XII, mediante la constitución Munificentissimus Deus, proclamó el dogma: María fue llevada al cielo en cuerpo y alma, reforzando así su papel de intercesora y protectora… en versión 100% aprobada por el Vaticano.

María: heredera de las diosas

La operación simbólica es clara: sustituir a las grandes diosas por una Virgen sumisa y perpetuamente casta. La fertilidad se espiritualizó y el poder femenino quedó subordinado al masculino. O eso pensaban…

Imagen mía: me llamó la atención esta María. Podríamos definirla como una representación estilizada de la Virgen María en un altar lateral de la iglesia de Guadalest (Alicante). Pero yo vi otra cosa. Pensé: mira María, con cara de buena para poder estar aquí, y a la vez susurrando otros mensajes. ¿O soy la única que ve en la forma de su capa… una vulva?

Con Eva lograron transmitir a la perfección la imagen que gran pecadora que les convenía para aleccionarnos a todas. Pero María resiste. Con ella no les salió del todo bien la jugada: como buena heredera de aquellas poderosas divinidades, el culto a su figura recuerda al de una diosa. Tiene agencia: se comunica directamente con el dios de ahí arriba y puede incluso influir en sus decisiones. Por eso se le reza y se le ruega a ella. La llamada iglesia mariana sostiene una devoción intensa, con templos, fiestas y cultos propios que trascienden su papel oficial dentro del dogma.


Hoy, en su fiesta oficial, la “asumimos” de nuevo. La devolvemos a su genealogía femenina, junto a la Magna Mater, Diana y tantas otras. Y para eso, dejo que hable Carola


Ritual de la Magna Mater y Diana

15 de agosto – celebración pagana de lo femenino libre

Intención: Reconectar con la fuerza creadora de la Magna Mater, ese femenino que empieza en la fertilidad pero no se limita a ella, y con la energía protectora y lunar de Diana.

Honrar lo que hemos gestado, lo que protegemos y lo que estamos listas para expandir.

  • Elementos:
  • Un cuenco con agua (Magna Mater → origen, fertilidad)
  • Una vela blanca o plateada (Diana → luz lunar, protección)
  • Flores o hierbas (pueden ser silvestres, romero, lavanda, albahaca)
  • Fruta redonda o jugosa (uva, melocotón, higo) → símbolo de abundancia
  • Papel y lápiz
  • Un paño bonito para el altar

1. Prepara el altar. En un rincón tranquilo, coloca el paño. En el centro el cuenco con agua, a la izquierda la vela y a la derecha la fruta. Decora con flores o hierbas, creando un círculo que represente el ciclo continuo de lo femenino.

2. Enciende la vela. Enciéndela diciendo: “Diana, guía y protectora, ilumina mis pasos y lo que es sagrado para mí.

3. Ofrenda a la Magna Mater. Toma una flor o hierba, mójala en el agua y di: “Magna Mater, madre infinita, nutre lo que nace en mí y en el mundo.” Y coloca la flor flotando en el cuenco.

4. Escribe la cosecha. Anota tres cosas que quieres ver florecer o consolidar antes de fin de año. Piensa en deseos que combinen cuidado (Diana) y expansión (Magna Mater).

5. Come la abundancia. Parte la fruta y cómela lentamente, sabiendo que lo que nutres con placer crece con más fuerza.

6. Cierre. Apaga la vela con gratitud. El agua con flores puedes devolverla a la tierra o a una planta como símbolo de continuidad del ciclo.

Puedes hacerlo sola. Puedes hacerlo con otras mujeres.

O puedes imaginártelo, o simplemente pensar en ello durante un rato. También puedes, si estás de vacaciones, visitar una iglesia y mirar a María. Yo no soy creyente, pero me encanta hacer «turismo religioso». En las iglesias está nuestro pasado. Sobre todo en las pequeñas iglesias de pequeños pueblos, siempre entro y me siento un rato. Te invito a hacerlo.

Sobre todo, busca a María y envíale un saludo, de parte de todas.

  1. En los evangelios canónicos —los cuatro aceptados por la Iglesia (Mateo, Marcos, Lucas y Juan)— no se dice absolutamente nada sobre el final de la vida de María.
    Ni dónde murió, ni si murió, ni si fue llevada al cielo. Es un silencio total.
    Lo único que sabemos de ella en los textos canónicos después de la crucifixión es que aparece en Hechos de los Apóstoles (1,14) junto con los discípulos, orando tras la ascensión de Jesús. Y ahí se corta la historia.
    Toda la narrativa sobre su “Dormición” o “Asunción” viene de evangelios apócrifos y textos posteriores, como:
    El Transitus Mariae (o Paso de María), que circuló desde los siglos IV-V en varias versiones griegas, latinas y coptas.
    Homilías de autores cristianos orientales como San Juan Damasceno.
    En esos relatos, la historia típica es:
    Un ángel anuncia a María que su muerte (o tránsito) está cerca.
    Los apóstoles se reúnen milagrosamente para despedirse de ella.
    María “duerme” en paz (Dormición).
    Su cuerpo es enterrado, pero al tercer día desaparece, porque ha sido llevado al cielo.
    En algunas versiones, también su alma es llevada inmediatamente.
    La Iglesia tardó muchos siglos en convertir esto en dogma (1950), pero la base no está en los evangelios canónicos, sino en esa tradición apócrifa y en interpretaciones teológicas posteriores. ↩︎

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