Qué significa exactamente empoderamiento (2): lo personal y lo político

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Después de introducir dudas acerca de su uso en el artículo «El empoderamiento se ha desempoderado, ¿quién lo rempoderará?», ahora vamos a sumergirnos en el significado de la palabra de moda: empoderamiento. Veamos qué dice el diccionario, qué se entiende en la calle, qué aportan las voces especialistas en feminismo. Profundizar nos sirve para conocer algo mejor, pero sobre todo para alejarlo de las confusiones, intencionadas o no, que el sistema suele servirnos en bandeja.

Hoy, veremos:

  1. ¿Qué dice la RAE?
  2. ¿Por qué costó introducir este vocablo?
    1. El prefijo que lo cambia todo
    2. Entonces, ahora que se ha extendido su uso, ¿de qué nos quejamos?
  3. Los «sinónimos» más utilizados
    1. Poderío, potenciación
    2. Poder económico, liderazgo profesional
    3. Autoconfianza, seguridad:
  4. Empoderamiento feminista
  5. Algunas definiciones
  6. Resumiendo:

¿Qué dice la RAE?

El término no es un invento moderno. Parece que ya existía en obras anteriores a la RAE, allá por los XVI y el XVII, pero dejaron de utilizarse, ante el uso mayor de los términos “apoderar” y “apoderamiento”. No apareció en el sagrado Diccionario hasta 1925, pero entonces como equivalente a “apoderar”, y como término “desusado”. Y como para ellos siguió en desuso (porque ellos saben de mandar. pero ni idea de movimientos sociales ni feminismo), en 2001 volvió a desaparecer del Diccionario.

En 2005, aparece en el Diccionario panhispánico de dudas, aclarando que es “un calco de to empower, empleado en la sociología política con el sentido de conceder poder a un colectivo desfavorecido socioeconómicamente”. Y en 2014, vuelve al soberbio Diccionario, con dos acepciones: una que recupera la antigua definición, similar a apoderar, que de nuevo señala como forma en desuso; otra que señala el origen del verbo inglés, to empower, con el significado de dar fuerza o poder a quienes no lo tenían.

La definición «oficial» de la RAE importa, pero no por la credibilidad que tengan esos señoros que deciden qué se incluye y qué no. Importa, por un lado, porque el poder sobre la lengua es uno de los más influyentes a la hora de definir cómo percibimos la realidad, por lo tanto, tenemos que vigilarlo. Por otro lado, porque parece que hubo ciertos conflictos para admitir el término (sorpresa para nadie). Y siempre es fascinante observar las reacciones patriarcales de nuestras instituciones, ya que nos suele dar la clave del camino a seguir: allí pongan más resistencia. Hoy, en nuestro diccionario aparece así:

¿Por qué costó introducir este vocablo?

Si nos fijamos en su definición pura y dura, podemos entender de dónde viene ese rechazo por parte del poder (recordemos que justo el poder sobre la lengua es uno de los más influyentes a la hora de definir cómo percibimos la realidad).

El prefijo que lo cambia todo

El término empoderar está formado por la palabra “poder”, y un prefijo, “em-“ (variante de en- cuando se usa delante de b o p). En- antecede a un concepto para formar otro que puede significar «dentro de», «sobre» o «llegar a ser como”. Implica acción y convierte al sujeto en un agente activo. Alguien que no tiene poder, lo toma. Por eso tiene tanta fuerza política. Y justo por eso provoca un rechazo tan visceral.

Por tanto, utilizar ese concepto, por parte del feminismo, tiene una clara intención de poder imaginar a la mujer en el poder, de cambiar la cultura, la realidad percibida, de ofrecer alternativas: el primer paso para el cambio social. Ya sabes, si puedes imaginarlo, puedes luchar por conseguirlo.

Entonces, ahora que se ha extendido su uso, ¿de qué nos quejamos?

Pues de que el concepto está perdiendo el poder que se supone que implica. Hoy, esa palabreja, significa una cosa diferente según en qué disciplina se utilice. Ya lo vimos en el artículo anterior. En psicología, es un proceso terapéutico individual. En las redes sociales, es hacer twerking, En Amazon, es una camiseta que ahora cuesta solo 7,99€ (¡te ahorras un 25%!) Incluso en el campo que más nos interesa aquí, el del desarrollo de la mujer, a menudo se usa como sinónimo de otros conceptos como integración, participación, autonomía, identidad, desarrollo… Y no siempre con su significado completo.

Los «sinónimos» más utilizados

Poderío, potenciación

En el divino Diccionario de la RAE se ha definido como algo similar a “poderío” o “potenciación”. Que están bien, pero ¿verdad que no parecen tan peligrosos? El poderío nos recuerda al carisma de Lola Flores. Potenciar implica que mejoremos un poco, y puede quedarse en eso, en poco: se crea un espejismo de poder, pero no afecta a la distribución real de éste.

Poder económico, liderazgo profesional

El dinero suele ser el primer paso para la emancipación, imprescindible además, pero quedarnos con lo económico puede ser una trampa. Si este aspecto viene solo, la opresión no termina. La prueba es la cantidad de mujeres de clase media y alta que siguen siendo víctimas de diferentes abusos y discriminaciones. Las cuotas de mujeres en consejos de administración no se han conseguido por tener referentes como Ana Botín, sino por la Ley de Igualdad, peleada por la lucha feminista. Margaret Thatcher puede ser admirable como ejemplo de mujer política, pero si el estilo de poder sigue incluyendo atributos de la masculinidad rancia, ¿qué cambia realmente en el reparto de poder? Y el más ejemplo más grave, por extendido: Que mujeres como Beyoncé arrasen en la industria musical es impresionante y nos sirven de «referentes de éxito”. Pero que tengan que hacerlo en bikini no nos libera de la base de nuestra opresión, la sexualización. Por tanto, ¿de verdad te parece un ejemplo empoderante? El resultado es que las demás mujeres que ascienden en el olimpo de la musica están todas buenas y tienen que exhibir su cuerpo para trabajar, sí o sí. Yo las veo y no empodero, más bien al contrario. Belleza y sexualización es algo que nunca es necesario en el caso de los hombres. Atención a la siguiente galería (pasa las imágenes):

Un ejemplo como muchos otros: El festival Bigsound se celebró en Valencia hace poco. Como reclamo, figuras masculina que bien podrían ir en pijama, qué mas da lo que lleven, y con expresiones que pueden ir de la chulería a estar embobao, qué más da, mientras sean buenos músicos. Figura femeninas, con las tetas casi fuera y con gesto, no de tener ganas de cantar, sino de… ya sabes, de otra cosa.

 

Autoconfianza, seguridad:

Que una persona logre hacer las cosas por sí misma sin depender de miradas ajenas puede definirse como “autoconfianza”, que no es poco. Y es mucho en el caso de las mujeres, socializadas para no creernos nunca completas, no dignas de ciertos espacios… Ahora bien, ¿eso es empoderamiento?

Yo puedo llenarme de confianza, autoestima, amor propio, pero… Puedo, por ejemplo, dejar de arrancarme los pelos de las piernas, las inglés o las axilas, pero eso no evita que allá donde vaya me miren con cara de sorpresa (o de asco). Digamos, entonces, que es un acto de valentía. Para llamarlo empoederamiento, podría juntarme con otras mujeres y armar una campaña titulada #EmpoderadasPorlosPelos para iniciar un proceso de reflexión social acerca del doble rasero de la belleza, que cambie la forma de entender el cuerpo femenino, que invite a más mujeres a unirse… transformación social, vamos. (¿Lo hacemos?)

tener seguridad no es tener poder. Tengamos en cuenta que quien manda, quien tiene realmente el poder, ha de aceptar ese cambio. Cuando tú experimentas un proceso de crecimiento personal creces, los hombres normalmente se quedan mirando de reojo (como mucho) como si no fuera con ellos. No sienten su responsabilidad en ese proceso. Esto ya dificulta que el cambio individual de una mujer se note en su entorno inmediato, en sus relaciones cercanas.

Imagina que me lleno de seguridad y ya no consiento cargar con todas las tareas domésticas y, con esfuerzo, paciencia y constancia infinitas, consigo que mi marido haga de verdad su parte. Luego llega la Navidad, vamos a casa de su familia y mi suegra sigue cargando con toda la preparación. Y se hacen grupos, antes y después de comer: nosotras en la cocina, primero terminando de preparar y luego recogiendo y fregando mientras hablamos de nuestras cosas y preparamos café; y ellos sacan algo de la cocina a la mesa al llegar y luego ya se quedan con el culo pegado a la silla, como mucho abriendo la botella de brandy o lo que sea que quieran tomar con el café. Si mi marido colabora, comentan lo mandona que soy en casa. Si llamo la atención sobre la actitud del resto, seré además de mandona, la feminista aguafiestas.

Lograr que un cambio tenga impacto más allá de tu propio hogar o familia o trabajo es una misión, no imposible, pero sí ardua, complicada.

Siempre recomiendo alguna lectura, esta vez, aprovecho el ejemplo de las tareas para recomendarte «Tareas compartidas, familia feliz», que escribí con Ana Sancho (especialista en talleres infantiles sobre tareas domésticas). Ahí reflexioné de lo lindo sobre eso que sucede dentro de las casas.

«Si las intervenciones destinadas a empoderar no abordan estas fuerzas sociopolíticas de mayor envergadura, estarán destinadas a conseguir cambios sólo transitorios o a ser ineficaces en sus acciones»

Stephanie Riger

Empoderamiento feminista

Sí, el empoderamiento individual es uno de los ingredientes del empoderamiento colectivo, pero no vale por sí mismo. La definición completa, sí o sí, ha de implicar esas dos transformaciones: personal y social. En nuestro caso, con perspectiva feminista, además. Si solo mejora la situación de una, no avanzamos hacia la igualdad. Es decir, ha de transformar aquello que reproduce nuestra posición subordinada. Por tanto, necesita impacto en cada dimensión, en la personal, la familiar, la comunitaria, llegar a las organizaciones e instituciones… a la sociedad.     

Entonces, el twerking no es empoderamiento. Los microcréditos para mujeres emprendedoras, sí. Lograr que tu marido ayude en casa no es empoderamiento. Lograr que las profesionales del cuidado y la limpieza tengan derechos laborales plenos, sí. Ver a una mujer bailar en bikini no es empoderamiento. Que las campeonas mundiales de fútbol la líen por un piquito, sí. La Pedroche dando las campanadas no empodera. La astronauta Sara García, sí.

 

Algunas definiciones

Dejo hablar ahora a mujeres expertas, a las que he utilizado para mi propia reflexión acerca del término1. Dentro del movimiento de mujeres, una de las primeras definiciones es la de Gita Sen y Caren Grown de 19882: Definían el empoderamiento como una estrategia impulsada por el movimiento de mujeres del Sur, con el fin de avanzar en el cambio de sus vidas y generar un proceso de transformación de las estructuras sociales, aspectos que se señalan como objetivo último del movimiento.

Un recomendación más actual: para mí, algunos podcast son realmente empoderadores, como el de Barbijaputa. Me pongo a cien de feminismo cada vez que escucho la sintonía. Hoy, te recomiendo Radiojaputa 199 | ¿Entendemos los conceptos más básicos del feminismo? Teóricas y activistas nos explican, porque hablan del empoderamiento, entre otros términos.

«El empoderamiento de las mujeres es desafiar la ideología patriarcal, transformar las estructuras e instituciones que refuerzan y perpetúan la discriminación de género y la desigualdad social»

Srilatha Batliwala

Como verás, si en algo coinciden todas, ya lo he repetido una y otra vez, es en destacar el efecto transformador de la sociedad.

Resumiendo:

Costó introducir el concepto, precisamente por su potencial transformador. ¡El poder tiembla!, pero si algo tiene el feminismo es constancia.

Al ponerse de moda, el verdadero significado se ha diluido y se confunde con otros conceptos: como el poderío, la valentía, el éxito y el dinero.

Pero el feminismo nos devuelve al origen del término: la transformación personal no puede venir sola para definirse como empoderante. Ha de incluir reflexión y transformación de las estructuras de poder.

Y hasta aquí hemos llegado hoy. Pero no se acaba aquí el análisis del empoderamiento. El próximo artículo que le dediquemos será para precisar, también, qué entendemos por poder, porque aunque sea lo que estamos reclamando… ¡no queremos repetir fórmulas patriarcales, sino cambiarlas!

  1. León, Magdalena (comp). 1997. Poder y empoderamiento de las mujeres. Santafé de Bogotá: Tercer Mundo SA; Fondo de documentación Mujer y Género; programa de estudios de género, mujer y desarrollo de la facultad de ciencias humanas de la universidad nacional de Colombia.
    Lagarde, Marcela. 2005. Claves feministas para el poderío y la autonomía de las mujeres. En Para mis socias de la vida, de Marcela Lagarde. Madrid: Horas y horas. ↩︎
  2. Sen, Gita, and Karen Grown. 1988. Desarrollo, Crisis y Enfoques Alternativos: Perspectivas de La Mujer En El Tercer Mundo. 1st ed. El Colegio de Mexico. https://doi.org/10.2307/j.ctvhn0bpr. ↩︎

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2 respuestas a «Qué significa exactamente empoderamiento (2): lo personal y lo político»

  1. […] –Qué significa exactamente empoderamiento: lo personal y lo político (2) […]

  2. […] Para entender el empoderamiento, intenté aclararme yo misma primero: escribí sobre aquello que me rascaba del uso que le damos y por qué decidí hacer esta serie de artículos. Y en una segunda reflexión, repasé su definición y la historia de su utilización en el feminismo. […]

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