Pecar cuesta, al principio. Alzar la voz, hacer tuyo el espacio, cuidarte de verdad, enfadarte y todas esas cosas que NO hacen las buenas chicas. Nos pueden causar una satisfacción inmediata, si nos atrevemos, pero suele ir seguida de culpa. La jodida culpa.
Pecar va costando menos, según lo practicas. La satisfacción se vuelve más duradera y la culpa… bueno, de la culpa igual no nos libramos del todo, pero para eso está el último pecado patriarcal, la unión: júntate con amigas de forma regular y sacad todas las culpas, ponedlas sobre la mesa, reíros con ellas, de ellas, por encima de ellas. Verás cómo cada vez os darán más risa. Y es un primer ejercicio fantástico, ¿no te parece?
Categoría: SOROREA · Dificultad: De 0 a 100, la decides tú
Teje tu mensaje
Las mujeres siempre hemos tejido: ropa, manteles, genealogías, revoluciones… Ya lo hemos visto, y reivindicado, en algunos artículos sobre la historia del tejido y las reivindicaciones textiles femeninas. Hoy te propongo tejer. Literal.
Saca tus agujas (recupéralas, pídelas prestadas). Busca restos de lana, tela o hilo. Y crea una pieza mínima con un mensaje simbólico.
- Elige tu técnica y tu lucha. Ejemplos: una media sandía pro Palestina de ganchillo; una bufanda violeta de punto para las manifestaciones; o un sutil «Fuck Patriarchy» bordado en tu bolsa de la compra.
- Hazlo pequeño, pero con intención. No importa si no eres experta. Lo importante es recuperar el gesto: el hilo, el ritmo, el tiempo propio. Ah, y si no tienes técnica, pero sí mensaje, haz un boceto.
- Hazlo visible. El sistema hizo del tejer un lenguaje silencioso, y las mujeres lo usamos como código para decir sin decir. Regálalo, llévalo, muéstralo.
- Y compártelo. Para empezar, si todo esto lo haces con alguna amiga, o más, le añades un valor extra. En recuerdo de los grupos de mujeres que tanto hicieron juntas. Y después, como extra: envíame una foto de tu pieza o de tu boceto. Lo enseñaré orgullosa en mi propio grupo de tejedoras 🙂
Categoría: DESCOLOCA · Dificultad: En un buen entorno, no solo fácil: divertidísimo. A solas, peligroso: es un disparo directo al ego masculino.
Ayuda a los hombres cuando aparquen, indícales
No sé cuántas veces te habrá pasado a ti. Yo estoy harta de señores que me dan instrucciones cuando aparco en una plaza con una mínima complicación. O cuando hago una maniobra un pelín fuera de lo normal. Se plantan detrás, te silban, hacen gestos con los brazos, dan golpecitos con los nudillos en el coche cuando consideran que tienes que frenar en seco… El otro día estuve en un concesionario y… no lo pude evitar.
Uno de los trabajadores tenía que mover varios coches para que unas personas interesadas vieran un modelo que estaba al fondo. El pasillo tenía el espacio justo para hacerlo sin problemas. Supongo que lo habrá hecho mil veces.
Cuando me di cuenta de que iba a recorrer toda la fila marcha atrás, no sé qué resorte se activó, pero te recomiendo que lo pruebes: me puse delante de él como si estuviera en el aeropuerto guiando a un avión, moviendo los brazos exageradamente, como si el tío estuviera ciego. No hacía contacto visual con él. Me fijaba en los laterales, por si acaso rozaba algo (había espacio de sobra pero, oye, nunca se sabe con un hombre al volante). Cuando llegó al final, con las dos palmas hacia él, gesticulé con urgencia para que frenara. Y cuando ya frenó, levanté el pulgar con media sonrisa, dándole mi aprobación.
Me lo pasé pipa. Mi hija, mi madre y mi padre miraban la escena sin sorprenderse mucho. Pero el resto de trabajadores se descolocó también. Cuando el susodicho salió del coche pasó por delante de mí, sin mirarme, y me escuchó decir: —A mí ellos siempre me lo hacen. Supongo que les gusta que nos ayudemos así, ¿verdad?… Y evitó mirarme durante los cuarenta minutos que pasamos allí.
Advertencia: aproveché mi situación de poder (como clienta, no podía llamarme loca) y de seguridad (estaba con mi familia). Nunca lo haría sola en una calle cualquiera. A veces es peligroso hacer lo que ellos sí que pueden permitirse.
Categoría: SOROREA · Dificultad: Ninguna (solo tienes que mirar un poco a tu alrededor y salen como setas)
Presume de tus amigas
Todas tenemos, como poco, una amiga brillante. Una mujer con un talento desbordante a la que el mundo aún no le ha puesto focos ni titulares. Y no entiendes por qué. Mientras tanto, hombres con el mismo talento —o incluso mediocres— recogen premios, reciben ofertas de trabajo y son reconocidos en una medida muy superior.
Ojo, también nosotras percibimos de manera diferente el nivel de talento: también infravaloramos lo femenino y sobrevaloramos lo masculino. El eterno doble rasero se ceba con las artistas. Lee esto.
Ahí va el ejercicio: piensa en tus Ilustres Amigas. Esas mujeres que conoces de cerca, que admiras, que quieres… y ahora: escribe lo que te gusta de ella. Puede ser una frase sencilla, como si fuera el titular de su biografía. Si tiene un trabajo visible, puedes añadir una imagen de lo que hace. (Ejemplo: «Alejandra, en un minuto, convierte mi nevera vacía en un festín»; y fotaza de la última súper receta que te ha preparado).
Ah, si es necesario exagera, porque, recuerda: infravaloramos lo femenino. Así que, si a ti ya te parece talentosa, seguro que tu amiga lo es mucho más. Súbele un par de puntos y equilibra la realidad.
Después, compártelo: recuérdaselo a ellas y al mundo. Ponlo en uno de tus mil setecientos grupos de WhatsApp o publícalo en redes. Yo lo hice aquí: Sobre el éxito: de George Sand a Mis Ilustres Amigas. Toda difusión es poca para ellas. 😉
Categoría: LIBÉRATE · Dificultad: Bastante alta
No te mires, no te mires, no te, no te, no te, no te mires…
Hay espejos en todas partes. En los ascensores, en los baños, en los retrovisores, en las pantallas… dentro de tu bolso. Cualquier superficie medianamente reflectante nos sirve para echarnos un vistazo rápido. ¿Cuánto tiempo de tu vida pasas mirándote, evaluándote, corrigiéndote?
Esa vigilancia constante de nuestro cuerpo no es inocente: nos la han inducido como forma de control. Cuanto más ocupadas estemos en pensar cómo se nos ve, menos tiempo dedicaremos a hacer cosas que importan.
Lo tenemos tan integrado que lo hacemos sin darnos cuenta: una mirada de reojo en cualquier cosa que refleje. La puerta de cristal. El escaparate. La pantalla apagada del móvil (o del ordenador). La cuchara o cualquier cubierto metálico. La ventana del microondas. Los grifos. El acero del ascensor. El cristal de una fotocopiadora (sí, también). La tele apagada. Las gafas de sol de otra persona. El interior brillante del bolso o una tapa de maquillaje. El agua de la piscina (modo sirena). La pantalla del cajero automático. La tapa de una olla…
Intentar no mirarse puede parecer una tontería. Hasta que lo pruebas. Dejas de mirarte y te notas, te sientes, te escuchas. Te miras, pero desde otro lugar: desde dentro. Y lo mejor de todo: te haces caso.
Propuesta: intenta pasar un día entero sin mirarte en ningún espejo. Ni para peinarte, ni para ver cómo te queda el vestido, ni para comprobar si tienes algo entre los dientes, ni siquiera de pasada, eso que haces de reojo, con disimulo, cuando te acercas a un coche o una puerta de cristal. ¿Es demasiado? Empieza con unas horas. Observa cómo te sientes. ¿Inquieta? ¿Tranquila? ¿Asustada? ¿Liberada? No hay sensación correcta o incorrecta. Se trata de sentir el patriarcado poquito a poquito. Hasta que llegue el día de devolverle la mirada. Y que lo único que vea es que ya no puede contigo.
Nota extra: puedes escribir al final del día todo lo que has sentido. Puedes comentarlo con una amiga (todo es mejor con amigas). O puedes escribirme a mí 😉
Categoría: OBSERVA · Dificultad: Muy fácil, la verdad
Haz números: ¿a quién lees más?
¿A cuántas autoras has leído últimamente? Piensa en tus últimas lecturas. Intenta recordar todo lo que has leído últimamente, sean ensayos o novelas, tratados filosóficos, cómics o libros de recetas. Incluso artículos.
Anota en un papel todo lo que recuerdes de los últimos meses. Si no puedes, aprovecha un momento de calma (o en la cola del súper, o en el wc…) y haz una lista mental. Ahora, haz números. ¿Cuántas de esas obras fueron escritas por mujeres? ¿Cuántas por hombres? ¿Hay diferencia? ¿Hacia qué sexo se inclina tu balanza? ¿Y por qué me empeño con esto?
Así es el mundo del libro: las mujeres somos la base, el músculo y el corazón. Pero ni la cara visible, ni la caja registradora. Somos mayoría como bibliotecarias, libreras, traductoras, correctoras, editoras, agentes literarias (¡el 90%!) y profesoras de literatura. Vamos más a bibliotecas, asistimos más al teatro, a exposiciones, a clubs de lectura y talleres literarios. Creamos más contenido cultural desde lo cotidiano: escribimos más, participamos más, sostenemos más. Y superamos a los hombres en hábito lector en todas las edades (entre 25 y 34 años llegamos al 73,4%). Aquí puedes ver el último informe del Ministerio de Cultura.
Pero seguimos en minoría cuando se trata de ocupar el centro del escaparate. En 2024, solo el 39,7% de los libros registrados con un solo autor estaban firmados por mujeres (aquí tienes el enlace a los últimos datos del Ministerio). Ellos siguen copando la mayoría de las portadas, los catálogos, los suplementos culturales y otros espacios de visibilidad. Nos publican menos, nos traducen menos, nos reseñan menos. Y, por tanto, vendemos menos.
La propuesta es sencilla: revisa tu lista de lecturas y, si no lo haces ya, inclina tu balanza hacia las escritoras. Revisa uno de nuestros primeros ejercicios y apoya el talento femenino. ¡Tu biblioteca también es política!
Categoría: DESCOLOCA · Dificultad: Depende de la familia, de fácil a complicadísimo. Ánimo.
Prueba a ser «la feminista aguafiestas»
Feminista Aguafiestas… Suena a insulto, pero en realidad es todo un título honorífico. Así llaman a las mujeres con valor para señalar lo que incomoda, lo que chirría. Las que se empeñan en que no pringuen siempre las mismas en la cena de Navidad o en los cumpleaños. Las que quieren pasar las fiestas sin violencias machistas, por sutiles que parezcan. Las que buscan la igualdad. Así que si alguien te lo dice, enhorabuena: estás en el club.
Se trata de ponerse en plan «hasta aquí». De puro sentido común y justicia familiar básica. Algunas respuestas, como ejemplo:
- No, no voy a encargarme yo del sorteo del amigo invisible. Le toca a Jose Luis.
- No, no voy a comprar yo sola todos los regalos. Te sientas a pensarlo, querido, y luego lo buscas, lo compras y lo envuelves.
- No, la abuela no tiene que encargarse ella sola de planificar el menú, hacer la compra, preparar cosas varios días antes, cocinar, poner la mesa, recibir a todo el mundo.
- No, los hombres no se quedan fuera con sus aperitivos mientras ellas lo preparan todo antes de comer. No, no se quedan tomando su copa después de comer mientras ellas se levantan a recoger y fregar.
- No, no hay que hacer comentarios machistas en la mesa. Si solo era un chiste, ya ves, no tiene gracia. No, no me interrumpas. No, no interrumpas a María.
- No, no voy a hacer regalos sexistas. Menos todavía a las niñas y los niños. Voy a seguir el DECÁLOGO PARA REGALAR IGUALDAD, de reina Maga a Feminista Aguafiestas.
- Sí, claro que sí, me gusta que me llames Feminista Aguafiestas.
Categoría: SOROREA · Dificultad: Máxima (sobre todo, si hay implicado un hombre cercano: novio, hermano, padre, amigo…)
No te creas que la mala es ella
Siempre hay versiones diferentes para un mismo hecho. Pero, desde el inicio de los tiempos (patriarcales), nos acostumbraron a juzgar a la mujer como la mala. Todas somos Eva. Lo tenemos tan naturalizado que tendemos a creer a cualquier hombre que nos diga que su ex está loca, que su compañera es una hija de p*** o que su jefa lo es porque se tiró a alguien… y que es una tirana, porque le da indicaciones.
No estoy diciendo que las mujeres nunca hagan nada malo y que siempre tengan razón, nooo. Estoy diciendo que, por defecto, a ellas les exigimos más y, por defecto, a ellas les perdonamos menos. Doble rasero, se llama. Lee esto.
Así que el ejercicio va a ser el siguiente: cuando escuches lo malvada que es una mujer, a no ser que conozcas de primera mano la historia, tengas toda la información sobre ella, sus motivos, su contexto… no te creas el cuento.
Ante cualquier hecho que el cuerpo te pida valorar, ponte en el lugar de ella, defiéndela, busca una explicación por complicada que parezca, porque… casi siempre la hay. A veces, la conclusión será que sí, que ella actuó mal. Pero verás cómo, del total de las historias que te llegan, se reduce exageradamente el número de mujeres malvadas.
Categoría: OBSERVA · Dificultad: Fácil
¡Nalga a la vista!
Ya he hablado de esto otras veces: nuestro querido patriarcado ha cambiado la censura del cuerpo femenino por la autosexualización. Me repito: las mujeres, con mucho esfuerzo, hemos conseguido poder vestirnos como nos dé la gana, enseñando o no las piernas, los hombros, el escote y más allá. Y el patriarcado ha dicho: bueno, pues ya no es que tú «puedas» enseñar el culo, es que ahora LO TIENES QUE ENSEÑAR, PARA QUE YO LO VEA.
El ejercicio para empezar el verano es: ¿cuántas nalgas ves? Y sobre todo: ¿cuántas nalgas femeninas y cuántas nalgas masculinas ves? Cuéntalas por separado y piensa: ¿lo de quitar tela en las prendas de baño va de libertad, va de comodidad, va de frescor? ¿Solo vemos culos femeninos o vemos todo tipo de culos?
Si vas a comprar prendas de baño, para ti o para tus hijas… ¿Encuentras variedad o el mercado te empuja a comprar tangas, semi-tangas y otras variaciones de tangas? ¿Te resulta fácil encontrar prendas de baño que no expongan las nalgas a la mirada pública? ¿Cómo es la ropa de baño masculina?
OJO: no va de puritanismo, por aquí somos fans de las playas nudistas. Naturalizar el cuerpo sería lo más deseable. Pero, si enseñamos, enseñamos: nosotras y ellos. Y si se trata de naturalizarlos, incluso de sensualizarlos por igual, nada que decir. Peeero, si no es así, es el mismo espectáculo de siempre: exponer solo la parte femenina, cosificar, sexualizar solo la parte femenina. Lo que critico, mucho, es el puñetero doble rasero.
Pues eso, pásate por cualquier playa o piscina y cuenta nalgas. ¿Alguna masculina? Y cuando las tengas clasificadas, cuando el contador deje claro el resultado, fíjate en las miradas ajenas: ¿hacia dónde se dirigen? Incluso tu mirada, ¿en qué punto tiende a posarse de manera automática? ¿En los culos de ellas, quizás? ¿En eso nos hemos convertido por derecho, en un par de nalgas?
Categoría: SOROREA · Dificultad: Fácil (aparentemente)
¡Haz tu propio miércoles!
Los miércoles de chicas (solo chicas, sí) fueron unas citas, de obligada celebración y asistencia voluntaria, que salvaron la vida de la mujer que escribe estas líneas, mi vida, durante una década entera.
Era un momento para hablar, desahogarse, reírse, apoyarse, pedir consejo, compartir. Era una burbuja semanal que nos aislaba por un rato de los coles o las coladas o los maridos o el trabajo o los divorcios o los ligues o las crisis o los éxitos… No era un grupo de terapia: quedábamos en un bar, tomábamos algo, y a veces volvíamos ya cenadas. Esos ratos me demostraron que la mejor terapia (aparte de hacer terapia) son las amigas.
Igual ya tienes tu propio grupo de mujeres y entiendes perfectamente de qué te estoy hablando. Haz tu propio grupo, tu propio «miércoles de chicas». Es fácil, solo necesitas convocar a mujeres y seguir dos reglas: 1. Solo chicas. 2. No hay más reglas (o sí, depende de vosotras).
En realidad no es tan fácil: eso de priorizarnos no es nuestra especialidad, siempre hay algo o alguien que te despista de tu autocuidado, de tu ocio, de tu descanso… incluso de tus amigas. Nos cuesta quedar, pero cuando lo hacemos nos sienta taaan bien… Insisto: insiste, ha de ser una convocatoria obligada (de asistencia voluntaria).
Si vives en Valencia y te apetece pasarte por nuestro grupo: escríbeme y te enviamos coordenadas de la próxima quedada.
NOTA IMPORTANTE: recuerda que el miércoles puede ser cualquier día de la semana, puede ser cualquier día del mes. El miércoles no es un día, es una propuesta, una actitud, ¡un modo de vida!
Categoría: LIBÉRATE · Dificultad: Máxima, pocas cosas más difíciles habrás probado
¡Pelillos a la mar!
Se acerca el verano, momento de tirantes, pantalones cortos, biquinis… y la pesadilla de siempre. Ya no puedes salir a la calle sin más, has de revisar una cosa más antes de dejarte ver. Las piernas, las axilas, las ingles de las mujeres están mal hechas, son un fallo garrafal de la madre naturaleza.
¿Alguna vez has salido con tu pelo natural a la vista? En el caso de que te quede algo, si no te hayas depilado totalmente ya con láser, quiero proponerte el rato más difícil hasta el momento. Deja crecer tus pelos. Todos. Observa qué reacciones te produce. ¿Qué tiene realmente de malo? ¿Por qué lo asociamos con suciedad? ¿Porque es algo poco femenino si es algo que tienen todas, absolutamente todas las mujeres?
Te cuento algunas sensaciones que me producía a mí cuando lo intenté: sentía que no eran mis piernas, las miraba una y otra vez para intentar, sin éxito, acostumbrarme. Como había decidido llevarlo hasta el final, cuando tenía una reunión en pleno verano, me ponía una falda larga, mangas cortas en vez de tirantes, para que no se vieran. Así no perdía el reto. Trampa. Lo más difícil, complicado de verdad, son las ingles. Esa zona llama mucho más la atención, pelo más grueso, más negro… Y te aseguro que te miran. Pantalón corto todo el día hasta el momento del baño. Trampa. Explicaba una y otra vez por qué llevaba pelos. Aunque cada vez menos: si te etiquetan como feminista al final ya dejan de preguntarte algunas cosas. Je.
En fin, no es que te anime a dejártelos, sé que es misión imposible para el 90% de las mujeres. Ojalá lo hiciéramos todas, pero la depilación es un mandato más arraigado que el puñetero amor romántico.
A lo que sí te invito es a probar (unos días) la incomodidad social de dejarte pelos. Muchas veces nos autoconvencemos de que seguimos las normas estéticas porque queremos, que es una decisión nuestra. Te invito a volver a pensar en cómo han conseguido que odiemos nuestro cuerpo, en cómo ODIAS TUS PELOS. ¿Por qué algo tan inofensivo como unos pelillos levanta tantas alarmas sociales?
Categoría: OBSERVA · Dificultad: Fácil
¿Quién habla más?
En muchos grupos de trabajo, familia o amistad se crean dinámicas en las que pueden pasar, por ejemplo, estas cosas (son ejemplos, igual observas alguna dinámica más):
Se hacen grupos: Ellas se sientan juntas para hablar de sus cosas y ellos hacen lo mismo. Si no se han sentado en esos dos bandos, acaba sucediendo cuando llega el café, porque ellas buscan un espacio, su espacio, donde poder ser escuchadas y escuchar.
Ellas parlotean, ellos sentencian: Ellas hablan de un tema general durante un rato, sin parar de opinar, se mezclan voces, interrupciones… Ellos ¿escuchan? sin demostrar mucho interés, no hay nada interesante en ese «parloteo», hasta que uno toma la palabra y dicta sentencia. De repente, todo el mundo escucha con atención. Otro le replica o le da la razón, añadiendo algún detalle. Se convierte en un debate a dos o tres voces masculinas, donde ellas se convierten en espectadoras…
Cuestión de poder: Cuando hay un tema que se debate, ellos, que ya llevan de serie un tono de voz más alto, ocupan más espacio verbal e interrumpen de manera más eficaz. A ellas les toca esforzarse en subir la voz y les cuesta mantenerse tranquilas, al verse interrumpidas constantemente. La tranquilidad y seguridad de ellos acaba otorgándoles más autoridad en la materia. Al final, de nuevo, parece que la conversación es para ellos.
Solo observa las dinámicas. Otro día, probamos a devolver la voz a las mujeres 😉
Categoría: SOROREA · Dificultad: Difícil (no por falta de ganas, sino de opciones)
Elige pelis, libros, obras… de mujeres
Desde que naciste has visto, leído, escuchado o acudido a creaciones masculinas, en un 90% facilito. Te has perdido la mitad del talento del mundo. ¡Y nunca nadie se ha preocupado de esto!
Propuesta: que haya mujeres detrás de todo producto cultural o de entretenimiento que consumas. Con el tiempo, notarás dos cosas:
Te cambia la forma de mirar. Te acaba rascando esa «forma» masculina, la asertividad, la agresividad, tanta guerra, tanta importancia a lo de siempre… Porque hay grandes historias en lo pequeño, personajes femeninos llenos de matices con objetivos más allá de servir a un hombre, más allá del amor…
Te dirá todo el mundo que te vas a perder la mitad de la oferta cultural (la masculina), que es una gran pérdida. La respuesta es fácil: es lo que llevo haciendo toda mi vida y a nadie le preocupaba. Igual dentro de 46 años (en mi caso, la edad a la que empecé a hacerlo) habré equilibrado la balanza y me dará igual el sexo que haya detrás de la obra.
PD: Si tienes que hacer excepciones, un par de reglas: 1, si es de un hombre, que sea gratis. O que no sea un hombre blanco y poderoso, ya sabes. Cada euro es político. Y 2, placeres culpables, porque sí, pero sabiendo lo que son. Mi ejemplo: Marvel, porque es algo que comparto con mi hija.
Categoría: LIBÉRATE · Dificultad: Complicadito, la verdad
¡Deja de sonreír a todo el mundo!
Una vez cogí un taxi y, casi llegando a casa, el taxista va y me dice: Sonríe un poco, ¿por qué estás tan seria? Y yo le expliqué lo cansada que estaba porque tenía mucho trabajo y no había tomado nada en toda la mañana y ya era la hora de comer… bla, bla, bla.
Al bajar me enfadé, pero conmigo misma. A ver, ¿por qué narices tengo yo que justificarme por estar seria? Se me ocurrieron varias respuestas en cuanto el taxi se alejó:
— ¿Y por qué no debería estar seria?
— ¿Si fuera un hombre, me preguntarías esa gilipollez?
— Porque llevo todo el día contestando preguntas estúpidas.
— Porque Vitaldent ha dejado de patrocinarme.
Las deportistas sonríen, las presentadoras sonríen, las modelos sonríen… porque son mujeres. Se acabó, ensayemos frente al espejo nuestra mejor cara de culo. Una mirada fulminante, una mueca de desagrado, un rictus de tristeza, una pose de reflexión infinita, oooo… ese gesto de poder que se gastan los deportistas, los presentadores, los modelos masculinos, como si el mundo estuviera hecho para ellos (que lo está).
¡Eso es! ¡Pongamos cara de que el mundo es para nosotras!… Finjamos hasta que sea verdad.
Categoría: SOROREA · Dificultad: Muy difícil (pero le coges el gusto rápido y te acaba saliendo solo)
Cambia el «qué guapa» por…
Qué feliz te veo hoy. Tía, qué lista eres. Joder, qué bien se te da «x». Se te ve fuerte (es mi favorito). O simplemente: ¡Qué ganas tenía de verte! ¡Me alegro de encontrarte por aquí!
Siempre que vemos a una mujer sentimos la obligación de comentar algo sobre su aspecto físico. Algo que no hacemos con ellos, y que tampoco hacen entre ellos. Cada vez que comentamos lo guapa que vas, lo delgada que estás, lo bonito que es ese vestido, lo que estamos haciendo es reforzar la idea de que nuestra misión en la vida es ser un objeto decorativo.
Lo hacemos incluso con las niñas. Peor, lo hacemos, sobre todo, con las niñas. Y es grave porque, por comparación, se hace muy evidente que les estamos diciendo qué lugar les espera en el mundo: campeón vs princesa; fuerte vs guapa… Dile a una niña de cinco años que corre mucho o que es muy lista y verás su reacción: mucho más significativa.
Entonces, el ejercicio es: comentar otros aspectos de las mujeres. Si quieres decirles algo positivo, que es muy recomendable, puedes destacar aspectos de su personalidad: su fortaleza, su simpatía, su ingenio, su talento especial.
¿Que no te sale, que no te resulta natural? Vale, pues simplemente intenta no comentar nada estético. Si además llevas la cuenta de las veces que tienes que morderte la lengua, serás consciente del bombardeo que sufrimos en el día a día.
Categoría: DESCOLOCA · Dificultad: Fácil (y divertido)
Ayúdales tú con el peso (nunca se lo esperan)
Si ves a un hombre cargado con bolsas, con una botella de butano, con una caja, moviendo un mueble, guardando o sacando un archivador de la estantería, con una maleta… con lo que sea, da igual si pesa mucho o no: ofrécete a ayudarle: «Uy, uy, uy, a dónde vas con tanto peso, anda, déjame que te ayude, que te vas a hacer daño».
Se trata de dar por supuesto que necesita ayuda, de dar a entender que no te parece lo suficientemente fuerte para hacer esas labores físicas… ¿Te suena? Porque a nosotras nos ofrecen su ayuda constantemente, incluso cuando es evidente que podemos hacerlo. ¡Incluso cuando es evidente de que ellos no pueden! En Ikea, un señor muy mayor se empeñaba en ayudarme a subir al coche una caja. Calla, calla, me hubiera sentido culpable luego por su lumbalgia.
Cuando rechace tu ayuda, que lo hará, recomiéndale que vaya poco a poco, para no dañarse la espalda, que luego tendrá que andar medio encorvado y no resultará muy atractivo.
Se trata de dar por supuesto que necesita ayuda, de dar a entender que no te parece lo suficientemente fuerte para hacer esas labores físicas o explicarle cómo hacer algo que ya sabe hacer… ¿Te suena?
Y, si te ves con ganas de llevarlo un poco más lejos, le puedes preguntar por qué se pone tan serio mientras levanta la bombona de butano, con la sonrisa tan bonita que tiene.
Categoría: SOROREA · Dificultad: Muy fácil (y divertido)
Invita, al menos, a una amiga a hacer, al menos, un ejercicio contigo
Si compartimos los retos es más fácil seguirlos o, por lo menos, más divertido. Podéis elegir un ejercicio para todas y ponerlo en práctica al menos durante una semana.
Cuando os juntéis de nuevo, es curioso ver quién lo ha intentado, quién no, quién lo ha conseguido, qué ha sido lo más difícil, de qué os habéis dado cuenta. Otra ventaja es que nos damos ideas entre todas. Que si escuché esta respuesta en un podcast, que si probé esto cuando me atendía un señor en la tienda, que mira lo que me ha pasado a mí…
Porque hay mucho que cambiar, en nosotras mismas para empezar. Pero es más complicado de lo que parece, como dejar de fumar o como hacer ejercicio, incluso terapia: pasa que si tienes gente cerca que está con lo mismo que tú, que te entiende, que no te mira raro cada vez que te quejas… pues eso, se hace un poco más fácil.
Y, por ejemplo, ir juntas al cine a ver pelis de mujeres, y luego comentarlas cenando, es un planazo. Comprar cada una un libro interesante y luego que rueden por el grupo, es barato y entretenido.
Vamos, que incluso los retos más complicados, con amigas, por lo menos se vuelven divertidos.
Categoría: LIBÉRATE · Dificultad: Difícil (y necesario)
¡Deja de pedir perdón por todo!
«Perdona que te llame», «disculpa, ¿me pones un café?», «perdón, te he interrumpido», «perdón, no me gusta eso»… «¡perdóname porque existo!»
Si te pones a contar las veces que pides perdón al día por cosas que no son culpa tuya, ni de nadie, seguramente te asustes. ¡Solemos pasar el día disculpándonos por existir! Sí, llevamos disculpándonos desde que mordimos aquella manzana, porque nos han dicho que todo es culpa nuestra. Y no lo es.
Solo deberíamos pedir perdón cuando hemos hecho algo malo de verdad, a propósito o no, algo que ha dañado a otra persona. Hablar con alguien para pedirle que haga su trabajo, ocupar un espacio en el mundo, sea con tu presencia física o con tu voz, sentarte en el bus, eso no debería hacer que te sientas culpable.
Por un lado, te sitúa siempre en el lado equivocado del mundo, el de las mujeres pecadoras, que todo lo hacen mal. Y es típico también del síndrome de la impostora. Si te pasa, lee esta entrada. Por otro lado, le quita peso a las disculpas reales que, paradójicamente, son las que más nos cuesta pedir.
Otra forma de verlo: cuando una mujer (con la que tengas confianza, mejor) te pida perdón por algo absurdo, dile que no, que no se lo puedes perdonar. La disculpa, de repente, se vuelve más ridícula todavía. En realidad, «porque no hay nada que perdonar», pero eso se lo dices después, primero observa cómo reacciona.
¿Tienes algún otro consejo para ir observando, desvelando o boicoteando el patriarcado, casi sin que se note, poquito a poquito, por aquí y por allá?
