Sobre el éxito: de George Sand a Mis Ilustres Amigas

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Imagen evento Mis ilustres amigas. Sobre fondo claro aparecen cinco marcos de colores con ilustraciones y retratos de Lina Vila, Ángeles Sánchez, Ana Elena Pena, Marta Colomer y Silvana Andrés. A la derecha, el texto anuncia: “Mis ilustres amigas. 24/09 – 19h”.

Ayer empecé a ver la serie La joven George Sand, en Filmin. Va sobre la vida de la escritora Aurore Dupin. Según la serie, su talento era innato. Tenía las ideas muy claras. Se hacía respetar. Escapó de una relación de maltrato, en busca de una vida que, en ese momento, solo un hombre podía llevar.

Imagen promocional de la serie La joven George Sand. En un pasillo señorial, una mujer vestida con traje masculino del siglo XIX camina con bastón y mirada decidida, representando a la escritora George Sand. Detrás de ella, cuatro hombres jóvenes con atuendos de época la acompañan, subrayando el contraste entre su figura desafiante y el entorno masculino.
La joven George Sand, serie que retrata la vida de la escritora francesa que desafió las normas de su tiempo vistiendo como hombre y reclamando su lugar en la literatura.

No te voy a contar la serie, solo he visto un episodio y medio. Tampoco voy a hablarte mucho de ella, porque no conozco su vida con detalle. No soy experta… todavía ;). Pero me ha sorprendido la seguridad con la que se desenvuelve en el primer episodio. La certeza con la que nombra lo que le pasa, la claridad con la que lo expresa ante cualquiera: su marido, abogados, colegas, amantes, editores, etc. Quizás poco creíble, pero repito que no la conozco con detalle.

La verdad es que ves el ejemplo de cualquier mujer abriéndose camino y te resuenan demasiadas cosas. Te ves reflejada en las injusticias, digamos. Pero no me vi, para nada, en esa forma de rebeldía tan perfecta. Sin dudas. Sin culpas. Admirable, eso sí.

Aurore no podía divorciarse, no podía disponer de su propio dinero. No podía denunciar a su marido por violarla cada noche que volvía borracho. Y no podía publicar con su nombre. 

Hasta que Aurore se convirtió en la excepción.

¿Y cómo lo consiguió? Por casualidad y por dinero. Su primer libro publicado era una co-autoría con su amante del momento. Pero se publicó en nombre de él. Ella se enfada y va a reclamar ante el editor. Sin ese engaño, posiblemente nada de lo que sigue hubiera pasado.

Una vez el editor ve el éxito del libro y quién hay detrás, cosa que no supo en el momento de publicar, entonces sí: cambia de opinión respecto a las mujeres escritoras. Y hay un efecto dominó: editores de prensa, colegas… que no creían en ella, ahora la reconocen como merece. Eso sí, lo mejor es que publique con un seudónimo, con nombre de señor. Valientes eran, pero no gilipollas.

Me dormí pensando en la situación actual de las mujeres.

¿Qué tiene que hacer una mujer para ser escuchada?
¿Cuántos títulos necesita para ser creíble?
¿Cuánta asertividad ha de desplegar para que no la ninguneen… pero que tampoco digan que es una mandona?

¿Cuántos años de experiencia hacen falta para considerarse prestigiosa?
¿Y cuánto dura ese prestigio en el caso de ellas?
¿Ha de renovarlo cada poco, como si caducara?
Es más: ¿cuánto tardan en caducar ellas?

Y cuando una mujer lo logra —es escuchada, reconocida, exitosa, prestigiosa—, ¿cuántas más tenemos cabida?

No sé qué más tenemos que demostrar; ni cuántas veces. Nada que tenga que ver con la autonomía o el poder nos viene de serie. 

La igualdad no viene de serie.

Una mujer no es una persona, es una persona de segunda clase. Una mujer puede optar a ser persona, eso sí. Pero necesita demostrarlo. Primero te lo tienes que creer tú misma, que ya es complicado. Has de convencerte que tienes derecho a una vida plena, por ti y para ti. 

Después, sal ahí y hazte respetar. 

No, una mujer nunca es suficiente por sí  misma. No puede salir de casa sin “arreglarse”, sin retocar todas esas imperfecciones que nos alejan del modelo ideal, irreal. Si nos olvidamos de lo físico, como si dejaran olvidarnos de lo físico, estamos igual. Una mujer no es inteligente, ha dicho algo inteligente. Ni talentosa, ha hecho algo que está bien. Quizás, incluso, ha hecho algo impresionante. Pero no es una genia. No hay genias, solo genios.

Si tú eres un director de cine y haces una gran peli, pueden llegar a consagrarte. Te llaman de Hollywood y todo. A lo mejor luego haces una peli más o menos buena, con todo ese presupuesto y ese casting de lujo, y ya las demás pueden ser mediocres. Tú ya eres un genio.

No sé si necesitas que nombre a Amenábar para entender lo que estoy diciendo. 

Si tú eres una directora de cine y haces una gran peli, igual te dan un premio ese año (que no se diga que nunca ganan chicas). Y luego vuelves a hacer pelis raspaditas de presupuesto. Muy buenas. Demuestra peli a peli tu talento y no metas la pata. Entonces serás una directora con muchas películas buenas. Pero no una genia. Ahí están Icíar Bollaín, Gracia Querejeta, Isabel Coixet… llevan décadas haciendo cine sólido. Y, aun así, ¿quién se atreve a llamarlas genias?

No somos suficiente

El mensaje del patriarcado es: siéntete bella. Es bueno arreglarse para sentirse bien. Lo que en realidad te dice es: no eres suficiente.

A diario lees en los anuncios o las revistas: estos productos y tratamientos te harán sentir bien. Pero tendrías que entender: dedica dinero y tiempo y energía a arreglarte, porque no eres suficiente.

El objetivo que nos plantean es: has de ser tan bella como esta modelo. La trampa es: nunca serás suficiente porque nunca te parecerás a esta chica de 16 años, a la que hemos retocado en la foto porque tampoco ella era suficiente.

Y no hablemos de los cuidados. Tú eres en función de lo bien que haces sentir a los demás. Si no cuidas, si no cuidas bien, adivina: no eres suficiente.

Hemos asumido la violencia estética. Hemos asumido la violencia de los cuidados. Y hemos asumido otra: la violencia profesional…

También sufrimos la brecha del éxito

El miércoles que viene voy a juntar a mis amigas a hablar de sus carreras y del patriarcado. Tienen un talento increíble. Les va bien. Son artistas, diseñadoras e ilustradoras. Autónomas. Y viven de sus creaciones. Genial. Me gusta presumir de amigas.

Imagen cartel Mis ilustres amigas. Sobre fondo claro aparecen cinco marcos de colores con ilustraciones y retratos de Lina Vila, Ángeles Sánchez, Ana Elena Pena, Marta Colomer y Silvana Andrés. A la derecha, el texto anuncia:

Pero también se trata de preguntarse: ¿y si fueran hombres? ¿Hasta dónde hubieran llegado si en vez de Ana, Ángeles, Lina, Marta y Silvana se llamaran Aniceto, Ángel, Adelino, Martín y Silvio?

Yo lo tengo claro: mucho más lejos. Hay por ahí algunos señores cobrando la parte de mis amigas. Disfrutando de una parcela de reconocimiento que es de ellas. Y me da rabia.

Hay que profundizar en la brecha de éxito. Hay que seguir hablando de los factores estructurales que hacen que no alcancemos esa igualdad, ni en la vida, ni en el trabajo. En nada. Porque nos la siguen colando. El próximo artículo será sobre esto.

Igual dentro de doscientos años en Filmin hacen la serie sobre la vida de una de mis amigas. Si es así, me encantaría que me sacaran también, como secundaria, ¿te imaginas? La feminista pesada, la que siempre daba la lata con lo mismo. Exacto: esa quiero ser.


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