La vuelta al… cine: tu kit de mirada feminista

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Icono en tonos morados y fucsias: un rayo atraviesa una pantalla de cine frente a una fila de butacas.

Pues sí, el patriarcado también está en la gran pantalla. Aquí tienes un kit de mirada feminista para abrir bien los ojos… sin dejar de disfrutar de tus películas favoritas.

El cine me educó tanto como el cole: mi vida estaba llena de exámenes de sus asignaturas —profesión, relaciones, cuerpo, sexualidad—, y aprobaba o suspendía según lo cerca que estuviera de las expectativas de la pantalla. Expectativas que no eran las mías. Ni las tuyas. A todas nos hicieron creer que queríamos ser y vivir lo que allí aparecía.

¿Nunca has soñado con ser una mujer prostituida salvada por un multimillonario arrogante? Eso logró Pretty Woman (1990)

Cuando empecé a leer feminismo entendí qué había detrás de esas escenas que me incomodaban. Sufría disfrutando de comedias románticas que me dañaban, me incomodaba elegir siempre pelis de señores… Porque ya sabía lo que normalizan, lo que ocultan. Y una vez lo sabes, no hay marcha atrás.

Me encanta el cine. Y más aún las series. Por eso he preparado Maldita Espectadora. No es un tratado académico ni un libro: es un ciclo que puede adaptarse a charlas, cursos o encuentros. Lo importante no es el formato, sino el cambio de mirada. Lo llamo sentarse en la butaca violeta: es como ponerse un filtro protector, un kit de supervivencia para seguir disfrutando del cine… sin dejar de ser la protagonista de tu propia vida.

Para mí hay siete claves. Bueno, una + seis. Te voy a hacer un resumen sencillo y práctico. Solo con eso, ya puedes empezar a plantearte qué estás viendo, qué quieren que veas y qué prefieres ver tú. Y si te quedas con ganas de más, bueno, siempre puedes convertirte en una Maldita Espectadora. 😉

«MALDITA ESPECTADORA» no te enseña cine. Te enseña a mirar. Estos son los 1+6 aspectos que te invito a ver de otra forma:

0_La butaca violeta
1_Presencias y ausencias
2_Características de los personajes
3_Las relaciones
4_El amor romántico
5_Sexo y violencia
6_Moraleja y discurso


Vencer la mirada masculina: La butaca violeta

Este es el punto de partida básico para todo lo que sigue. Si esto va de mirar: ¿cómo miramos?

El cine —el clásico y gran parte del moderno— está contado desde la mirada masculina (male gaze): la cámara piensa en él, no en nosotras. Porque la cámara es él. Incluso cuando es una mujer la que dirige, escribe o decide, la mirada ya está colonizada. Y en el patio de butacas, el destinatario también es otro él. Peor aún: nosotras mismas aprendemos a mirar como si fuésemos un él.

Aún hay más: solo nos llega un tipo de historias, como si fueran las únicas que merecen ser contadas. Y, claro, son justo esas cosas que hacen ellos. Las guerras, por ejemplo. Y de esas pocas que nos llegan, encima nos cuentan solo una de sus versiones: ¿Las guerras solo se libran en el frente?… Eso dice Hollywood.

El hecho principal es simple: ellos hacen cosas, nosotras aparecemos. Muy resumido: ellos son héroes que se vengan del malote; nosotras, jóvenes, guapas y enseñamos las tetas. Sin que venga a cuento. Es decir, ellos son protagonistas, toman decisiones, viven experiencias que los transforman, tienen objetivos propios.

Nosotras no hacemos: aparecemos. Somos espectáculo a su disposición. Incluso cuando ella es la protagonista ha de cumplir su misión como objeto. Haga lo que haga: antes muerta que sencilla: ¡hasta para luchar lleva tacones imposibles! (que le pregunten a Wonder Woman).

Muchas mujeres han analizado la male gaze: desde la teoría académica (Laura Mulvey, Teresa de Lauretis, E. Ann Kaplan…) hasta la divulgación (bell hooks, Joey Soloway, April Mullen, Carina Chocano…). Te diría que leyeras algo de todas ellas. Pero si quieres empezar por algo sencillo, ahí va mi eterna recomendación:

Nina Menkes explica este entramado de señoros en un documental imprescindible: Manipulación: sexo, cámara y poder. Ahora mismo se puede ver gratis en RTVE (hasta el 23 de septiembre de 2025). No te prepares palomitas, porque se te van a salir de la boca. Durante más de hora y media no consigues cerrarla y vas a dejar el salón perdido. Aquí te dejo mi reseña sobre el documental, con un pequeño resumen de sus cinco ideas principales.

Pantallazo de la portada en RTVE Play del documental “Manipulación: Sexo, cámara, poder (Parte 1 y 2)”, de Nina Menkes, con una imagen en tonos morados de unos ojos en primer plano.
Pantallazo del documental de Nina Menkes sobre género, sexo y poder en el cine, disponible en RTVE Play hasta el 23 de septiembre de 2025.

Ahora, ¿cómo revertimos esto? Sentándonos en la butaca violeta.

Hay mujeres cineastas proponiendo miradas distintas, pero también tenemos una labor como espectadoras. Yo lo llamo sentarse en la butaca violeta: mi kit de herramientas. Y lo puedo resumir en una sola pregunta: ¿Y las mujeres? La misma interrogación, repetida y adaptada a cada aspecto del cine. Reformulada frame a frame.

Empecemos…


Presencias y ausencias: quién está y quién falta

Según IMDb, en la clasificación hecha por sus votantes habituales, Cadena perpetua es considerada la mejor película de la historia.

Y si miras con lupa —con mucho aumento, eso sí— apenas encuentras tres o cuatro mujeres: la casera, la dependienta, Rita Hayworth en la pantalla del cine y en un póster, y la esposa asesinada del protagonista, que ni siquiera aparece: solo la nombran.

Fotograma de Cadena perpetua. Un grupo de presos mira embelesado la pantalla del cine, donde aparece Rita Hayworth.
Una de las escasísimas mujeres de Cadena Perpetua (1994) está en… la pantalla de cine. Los protagonistas (y todos los demás) miran embelesados a Rita Hayworth

Cuando digo esto, siempre salta alguien: “pero, mujer, es que es una cárcel de hombres, ¿cómo iban a salir mujeres?”. Y yo contesto: “ah, claro. Entonces veamos la segunda mejor. Y la tercera. Y la décima. Y la… ¿cómo se dice?, ¿la quincuagésima primera?”. Hasta la número 51 no encontramos una historia protagonizada por una mujer: Alien. Y, fíjate, es una mujer ocupando un espacio de hombres.

Ahora bien, piensa en cualquier otra peli considerada “una gran peli”. Y más que darte respuestas, te voy a lanzar unas preguntas.

  • ¿Quién sale? ¿Cuántas mujeres aparecen en pantalla? ¿Son protagonistas o la novia de, la mamá de, la secretaria, la mujer muerta a la que hay que vengar? ¿Hacen algo por sí mismas o están al servicio de ellos?
  • ¿De qué va el tema? ¿Sugiere que hay cosas de hombres y cosas de mujeres? ¿Refuerza esos tópicos o se atreve a romperlos?
  • ¿Dónde están? ¿En espacios públicos o privados? ¿En escenarios de poder o de servicio? ¿En el despacho o en la cocina? ¿Qué estética domina la escena: la “masculina” o la “femenina”?

Se trata de comprobar si aparecemos, dónde aparecemos y para qué. Porque, no sé, igual es una tontería, una bobada, un pequeño detalle del guion, pero… ¿pintamos algo en la historia?


Características de los personajes: quiénes son, cómo son, qué quieren

Los personajes femeninos del cine no están basados en mujeres reales.

Hay veces que son solo un complemento sin nombre: son la mamá de, la novia de, la secretaria de. Incluso cuando tienen cierta relevancia parecen estar ahí para completar la trama de un hombre. Las femme fatales sirven para resaltar la bondad del héroe. La chica buena es un trofeo para el protagonista. La loca, la bruja… son obstáculos para su trama, no personajes por sí mismos.

Sobre todo, son irreales. No existen. Solo viven en la cabeza de los guionistas y directores. Están aquí para ellos: para mirarlas y que hagan realidad sus deseos. Pero cuando nosotras las vemos, queremos imitarlas. Imitar algo que no existe. ¿Te lo puedes creer?

De nuevo, más que darte respuestas, te lanzo preguntas:

  • ¿Cómo son físicamente? ¿Ellos pueden ser mayores, corrientes, incluso feíllos sin que eso les reste protagonismo; pero ellas parecen sacadas de una pasarela de moda? ¿Siguen la norma típica: joven, guapa, blanca, delgadísima? ¿Se recrea la cámara en su cuerpo cuando nos presentan al personaje?
  • ¿Tiene personalidad, matices reales, contradicciones… o es un cliché andante? ¿Nos muestran otra vez la buena vs la mala, la santa vs la puta, la madre sacrificada vs la castradora?
  • ¿Ella quiere algo, que no sea el amor de un señor? ¿Y aunque tenga un propósito, parece que sin amor no está completa? ¿El momento importante de la narración es El Beso (en mayúsculas, claro)?
Fotogramas de Lost in Translation: Scarlett Johansson presentada con un plano de su trasero en ropa interior; Bill Murray con una minihistoria de viaje en taxi, observando la ciudad.
Fotogramas de Lost in Traslation (2003), plano de presentación de cada personaje. La directora Sofía Coppola sabe crear protagonistas femeninas complejas, pero la cámara sigue atrapada en la mirada masculina. ¿Patrón heredado de la escuela Coppola?

En resumen: si un personaje femenino no tiene un cuerpo fuera del canon, personalidad más allá del cliché ni un propósito propio… no estamos viendo a una mujer. Estamos viendo otro maniquí narrativo más, fabricado para recordarnos cómo quieren que seamos.


Las relaciones: otra cuestión de poder

Además de cómo tenemos que ser, nos enseñan cómo tenemos que relacionarnos.

Según el patriarcado, las mujeres no somos individuos completos: existimos en función de los vínculos que tenemos. Para analizarlo en la pantalla, podemos preguntarnos:

  • ¿Cómo se relacionan con los hombres? ¿Su historia termina siempre, siempre en boda o en beso? ¿De verdad no pueden ser amigos hombre y mujer en pantalla? ¿Quién valida a la protagonista? ¿Acaba siendo un hombre el que da la última palabra?
  • ¿Cómo se relacionan otras mujeres? ¿Veos amistad femenina? ¿Es sólida y relevante? ¿O parece superficial frente a la épica de las “hermandades” masculinas? ¿Alimentan el mito de que “la peor enemiga de una mujer es otra mujer”?
  • ¿Cómo se relacionan el poder? ¿Se evidencian los mecanismos de poder? ¿Los resisten o se da por hecho que ellos mandan y ya está? ¿Nos muestra al hombre líder como visionario, carismático, ambicioso… y a la mujer como una mandona, una histérica o una bruja? Si ellas toman el poder, ¿acaban solas, castigadas, convertidas en villanas?
Fotografía promocional de Armas de mujer. Harrison Ford en el centro, rodeado por Melanie Griffith y Sigourney Weaver, cada una cogida de un brazo.

Armas de mujer (1988) nos lo dio todo: rivalidad femenina, validación masculina, jefe carismático vs jefa malvada, poder y castigo…

Ya sabes, la peor enemiga de una mujer es otra mujer, servido en bandeja de Hollywood.

Este tema es vital, porque está muy relacionado con el desempoderamiento general en el que vivimos las mujeres. Hemos crecido sin referentes poderosas por sí mismas. En su lugar, buscamos nuestro valor en la aprobación externa, sobre todo la masculina.

Así acabamos confundiendo el poder con el empoderamiento. Y confundiéndolo, además, con ponerse tacones y pintalabios rojo bien llamativo. (Aquí hablo más sobre esto)

Como si el poder se encontrara dentro de tu bolso, y no en tus decisiones.


El amor romántico: mitos y trampas

Siete de cada diez películas protagonizadas por mujeres tienen como trama principal el amor.

Y en las otras tres, seguro que hay una subtrama romántica colada a presión. En las protagonizadas por hombres, nadie se ha molestado en contarlo, porque apenas aparece. Primer detalle, y fundamental: ellos, que se piden todo lo bueno del mundo, nos han dejado a nosotras la trama amorosa. ¿No te hace sospechar?

Según el patriarcado, el amor es cosa de mujeres. Y nos maneja con una refinada herramienta: el amor romántico. Ha colonizado nuestras canciones, nuestras series, nuestras conversaciones. Moldea cómo deseamos, qué esperamos de la vida y, lo peor, cuánto valemos. Desde niñas aprendemos que el final feliz es la boda, que sin príncipe no hay historia. De mayores, sabiendo que ese amor perfecto no existe, seguimos buscándolo, disfrazándolo, justificándolo.

Pregúntate esto cuando veas tus pelis favoritas. Y prepárate, puede que duelan las respuestas.

  • ¿Qué mitos vuelven a aparecer esta vez? ¿Otro flechazo instantáneo, otra media naranja, otra pasión eterna, otra unión perfecta? ¿Y si no termina en boda, ya no cuenta como final feliz?
  • ¿Qué precio tiene el amor? ¿Sacrificio, renuncia… para ella, por supuesto? ¿Otra vez la idea de que cuanto más sufres, más amas? ¿Que el amor todo lo perdona, incluso la violencia?
  • ¿Qué modelo de pareja nos venden? ¿El hombre que se redime por amor? ¿La mujer de éxito que se queda sola si elige su carrera?
  • ¿Y qué confundimos con amor? ¿Los celos, el control, el acoso? ¿Es amor cuando él no te deja en paz hasta que dices que sí?
Vimos crecer a Rachel Green durante diez temporadas. La pija que no se aclaraba sirviendo cafés se convirtió poco a poco en una gran profesional del mundo de la moda y, al final, logra su trabajo soñado, en París. Lo logra, pero lo deja por Ross, un tipo de lo más egocéntrico, inflexible y controlador. Lo peor: nuestro aplauso y emoción.

En resumen: el cine no nos enseña a amar, nos enseña a obedecer. Nos dice que el amor es nuestro destino, nuestro valor y nuestra misión. Y mientras soñamos con el beso perfecto, el patriarcado nos roba tiempo, libertad y futuro. Lo peor: nos deja desprotegidas frente a la violencia de género. ¿O todavía no ves clara la verdadera intención del amor romántico?


Sexo y violencia: deseo, poder y castigo

La primera vez que vi un cunilingus en el cine (no porno) fue en 9 semanas y media. Peeeero…

La escena más famosa de esa peli es otra: el striptease de Kim Basinger, pensado para los ojos de él. De ellos, de todos ellos. Lo del túnel no iba de mostrar placer femenino, sino de exhibir el gran repertorio de trucos del machote de turno. Y ahí está el truco: en el cine, el deseo femenino casi nunca es nuestro. El cuerpo de las mujeres es espectáculo, mercancía, castigo. El sexo, conquista masculina. Y la violencia, su consecuencia más rentable.

Pregúntate esto cuando veas una escena de sexo o violencia en pantalla:

  • ¿Quién desea y quién es deseable? ¿Ella muestra un deseo propio, activo, o su cuerpo solo está ahí para excitar a otros?
  • ¿Qué se enseña del sexo? ¿El esquema de siempre: beso-pene mágico-orgasmo simultáneo? ¿Hay clítoris, hay preliminares, hay placer para nosotras… o todo se resuelve en segundos para ellos?
  • ¿Qué fantasías vende el guion? ¿Sexo con desconocidos que parece liberador, el “no” convertido en “sí”, el mito del empotrador? ¿No huele todo a erotización de la violencia?
  • ¿Qué lugar ocupa la violencia? Violaciones, feminicidios… ¿son excusas para la trama de investigación o venganza del héroe? ¿Se muestra como espectáculo, como advertencia, como castigo? ¿Otro bello cadáver para la cámara?
  • ¿Qué papel juega el poder? ¿El sexo aparece como intercambio desigual, la violencia como forma de dominación?

En resumen: en la pantalla, nuestro deseo se centra en ser deseables. Nuestro cuerpo es un peligro: debemos mantenernos alerta, tomar precauciones… pero al mismo tiempo seguir siendo sexys. Incluso muertas (como Laura Palmer. El más celebre personaje de Twin Peacks solo tuvo que hacer una cosa: aparecer muerta).

Fotograma de Twin Peaks. El cadáver de Laura Palmer aparece envuelto en plástico transparente, con el rostro maquillado y el pelo extendido.

Todo desprende un tufo insoportable a pedagogía patriarcal: el cine alimentando la puñetera cultura de la violación (aquí lo desarrollo más).


Moraleja y discurso: ¿qué nos cuentan en realidad?

El debate final.

Cuando termina la peli, nos guste más o menos, podemos preguntarnos qué poso nos deja. Te invito a preguntarte lo que la película parece decirnos… y lo que de verdad está transmitiendo. Porque no es lo mismo el final que te emocionó en la butaca, que la jugada estratégica de quienes están detrás.

  • ¿Qué moraleja nos deja? ¿Cómo acaba? ¿Rompe esquemas tradicionales o refuerza los de siempre? ¿Ella consigue lo que quería? ¿Lo deja todo por amor? ¿La castigan si se sale del papel? ¿Qué moraleja explícita nos deja la narración?
  • ¿Y cuál podría ser el verdadero objetivo de esa peli? ¿El mensaje evidente es realmente el que importa, o hay otro detrás? ¿Hay intereses de mercado, ideologías? ¿Qué poso cultural deja, más allá de la trama?
Retrato promocional de Emma Stone como Bella Baxter en Pobres criaturas, con vestido azul y expresión seria frente al espectador.
Moraleja oficial: un viaje feminista de liberación. Estrategia discursiva: ¿los hombres de Hollywood capitalizando el feminismo… y ya que estamos, vendiéndonos la prostitución?

Muchas películas

El cine nunca es inocente. La clave de la butaca violeta es distinguir entre lo que nos cuentan… y lo que nos cuelan.


Y hasta aquí… el aperitivo

Este recorrido es apenas una degustación, espero que reveladora. Si quieres más, escríbeme: este año voy a iniciar Maldita Espectadora en diversos formatos. Vamos a desvelar el patriarcado en cada peli, en cada episodio, en cada escena, en cada frame.

No se trata de dejar de disfrutar, sino de aprender a distinguir lo que nos cuentan de lo que nos cuelan.

Y quizá ya notes el primer efecto:

  • ¿Alguna escena o peli favorita te incomoda después de leer esto?
  • ¿Alguna te reconcilia con esta nueva manera de mirar?

Mientras, aquí tienes un poco más de contenido similar:

A veces, cambiar el mundo empieza por coger el mando y cambiar de canal.

Ver distinto. Reír distinto. Elegir distinto. Estas ocho series son una invitación a hacerlo: a vernos, escucharnos y querernos sin filtros. Y si el patriarcado no está preparado… peor para él.

Cartel del evento ¡Maldita Espectadora! con información sobre una sesión feminista de análisis audiovisual.


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