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Crecemos viendo cine. Con el cine, más o menos, aprendemos cómo es el mundo, más allá de nuestro entorno cercano. Lo que vemos en la gran pantalla, incluso desde la pequeña tele de casa (también series o programas o anuncios que reproducen esos mismos estilos visuales), nos explica quiénes somos, cómo son las demás personas, qué es el bien, qué es el mal, cómo nos relacionamos, a qué podemos aspirar, qué cosas nos pueden pasar, cómo comportarnos en determinadas situaciones, etc. El cine transmite (o construye) valores sociales, ideologías, modos de vida, nos narra, nos vende, nos manipula. Hay mucho que analizar en el cine pero, como podrás suponer, nos vamos a centrar en la imagen que da el cine de la mujer.
Veamos cómo el cine contesta a la eterna pregunta:
¿qué es una mujer?
Este artículo está basado en el documental Brainwashed: Sex-Camera-Power, de Nina Menkes. No es fácil de ver, lo ponen y quitan de las plataformas según llega y se va el 8M. Ha pasado por Movistar, Filmin, Prime… Parece que es una solución fácil para quedar bien durante esos días, pero luego ya no hace falta, total, ¿¡pa qué!? Pues te digo yo que vale la pena verlo… Si pinchas aquí , justo aquí, puedes ver el trailer en youtube. Algo es algo. Su tesis es que si analizamos las películas que más influencia han tenido en el mundo del cine, descubrimos un LENGUAJE VISUAL que dicta maneras específicas de mirar. Tan repetidas que son casi leyes.
Las películas que analiza en el documental son todas consideradas «Obras Maestras» por los cinéfilos (por cierto, a mí me gusta decir «cinéfalos», me parece una broma de lo más apropiada). Películas famosas, premiadas, reconocidas, de las que están en las listas de las que no deberías dejar de ver, de las que es un pecado no haber visto, según tu novio 😉
Menkes muestra hasta 175 secuencias sacadas de los trabajos incólumes de una lista de cineastas que da pavor solo leerla: Tarantino, Scorsese, Welles, Minelli, Lynch, Anderson, Sophia Coppola, Godard Kubrick, Wenders, Hitchcok, por citar solo algunos. Son escenas estelares que nos hemos comido todos, todas, que nunca hemos cuestionado y que hemos celebrado incluso y que siguen el mismo patrón: son sexualizantes y cosificadoras, solo con los cuerpos de las mujeres. Estamos hablando de películas de serie A, de las que ganan en Cannes o festivales similares, de clásicos de culto, de obras destacadas.
Mariola Cubells, artículo ‘Brainwashed: Sexo, cámara y poder’, el documental que analiza la mirada tóxica masculina en el cine (El País)
Aunque hay películas modernas que muestran protagonistas femeninas que hacen más cosas que en las películas antiguas, donde básicamente aparecían para ser sexualizadas o para servir, podríamos decir que lo avanzado no quita lo machista. Más que en los papeles representados, la tesis se basa en el DISEÑO DE PLANOS, que está claramente sesgado por géneros. Y esto, está muy relacionado con la discriminación laboral en el cine, esa masculinización de los puestos de mayor relevancia: dirección, fotografía, guión, etc. que hace que se haya normalizado esa forma de rodar, incluso cuando hay una mujer dirigiendo. Y estas dos cosas están relacionadas, agárrate pero no te va a sorprender nada, con la cultura de la violación. Yes, porque bien sabemos que se alimenta, no solo, pero sí de manera muy relevante, del imaginario del cine.
1/ OBJETO-SUJETO
En la frase en gato come al ratón, «gato» es el sujeto y «ratón», el objeto. Bien. En la frase: los hombres miran a las mujeres, ¿cuál es el sujeto? ¿Y el objeto?
Ahora voy a describir el típico plano que muestran de ejemplo, y que te va a resultar un viejo conocido. Un hombre mira a una mujer (o niña, ojo, otra perversa normalización del cine). Un hombre sentado (o de pie, da igual) de espaldas a la cámara, en primer término, que está observando a una mujer que hace algo al fondo del plano. No es una acción importante en sí misma, esas cosas se reservan para ellos. Está ahí para ser mirada: anda, canta, baila, se viste o (cuántas veces) se desviste. A veces, esta misma idea en lugar de encontrarse en un solo plano se divide en dos: 1, la mujer haciendo lo que sea y 2, la mirada del hombre que la observa, en un plano-contraplano. A veces incluso la acción sucede en un escenario y él está sentado entre el público. Más claro agua. Esto mismo se lleva a escenas de vida, como si él siguiera siendo el espectador y ella siguiera siendo el espectáculo.
¿Quieres un ejemplo rápido y claro? La ventana indiscreta: Él frente a la ventana, con sus prismáticos. Ella, la vecina de enfrente, con ropa escasa y ajustada, bailando. Solo le falta el típico plano de culo en pompa. Por ejemplo, abrir la nevera para sacar algo de la parte de abajo, y en vez de agacharnos, pum, sacar culo. Lo normal, lo que hacemos todas cuando sacamos algo de la parte de abajo de la nevera.
Otro ejemplo que aparece en muchas películas: él mirando por una mirilla, por un agujerito, tras una puerta, a través de una cámara de fotos, desde la casa de enfrente, por encima de una tapia, bajo un arbusto… sin que ella se sepa observada. ¿Quieres otro ejemplo evidente? Él se sienta y ella hace un desfile sexi delante de él… y se quita la ropa. Ooo… ella limpia el coche con una gran esponja que chorrea mucho y (adivina) pone el culo en pompa, algo que hacemos todas las mujeres en nuestro día a día, porque es súper cómodo limpiar el coche así; él mira tranquilo, sin disimulo, desde el jardín de enfrente. Él son todos y el espectáculo está dedicado a ellos.
Esta mirada no solo convierte a la mujer en el objeto observado, sino que en un objeto sexualizado. Esto, además, cada vez los se hace de forma más evidente, porque cada vez se pueden mostrar más situaciones, más partes del cuerpo que en otra época estaban censuradas. Pero, incluso en aquellas películas aparentemente más mojigatas, la intención era esa: la mujer es el objeto de la mirada, del deseo.

2/ ENCUADRE
Un buen resumen de este aspecto está en la expresión CÁMARA DEPREDADORA. Lo entenderás rapidito: a la mujer la vemos a trozos, parte a parte de su cuerpo, de nuevo para sensualizarla. Ahora un hombro; ahora los labios; ahora la zona más baja de la espalda; ahora el escote… Igual que antes, otro clásico es alternar plano y contraplano: trozo del cuerpo femenino, mirada del tipo, más cuerpo, más mirada, más cuerpo, más deseo… Así ponemos la atención en lo que al señor le está gustando y, lo peor, nos ponemos en su lugar, no en el de ella. Lo has visto mil veces, ¿verdad? Y te parecía lo normal, ni te llamaba la atención.
Está tan extendido que ya ni siquiera hace falta ver al señor que mira. Es un recurso utilizado por la cámara una y otra vez. Recuerdo lo molesto que me resultaba en La casa de papel, ver tooooodo el rato y de manera innecesaria el culo de Tokio. Que es un buen culo, indiscutible, tan indiscutible como la mirada obscena del director, por favor. Hay una escena de las dos chicas del grupo, ella y Nairobi, bailando solas en su habitación, se supone que disfrutando como chicas-amigas, lejos de hombres, en un entorno seguro, pero en cambio la cámara depredadora te hace preguntarte: ¿qué quiere lograr con esta escena el director, ponerse cachondo?

3/ MOVIMIENTO DE CÁMARA
El concepto resumen en este tercer punto es PANEAR. Panear es hacer ese recorrido típico por el cuerpo. Por el cuerpo femenino, claro. Si es a cámara lenta, mejor que mejor, para que te dé tiempo a observar bien cada zona, cada curva, cada «ay, que casi se ve lo prohibido»… No es un recorrido gratuito y es evidente la intención, de nuevo, de sexualizar ese cuerpo. El típico ejemplo es cuando aparece la mujer por primera vez y él la mira de arriba abajo, ese primer repaso imprescindible en los cuerpo femeninos. Se abre la puerta del coche, descienden unos pies, con tacones altísimos. Cuando anda, la cámara sube por sus piernas hasta ver cómo se contonea, como el culo oscila de un lado a otro de la pantalla. La cara suele ser lo último, la mirada de ella, a veces segura, como si supiera que la miran y como si eso es lo que ella estuviera buscando (o disfrutando). A veces inocente, como si no supiera lo que está pasando…
En este tipo de recurso, explica la directora, podemos ver muy bien el problema de género, porque también es utilizado con cuerpos masculinos, pero en un sentido muy, muy diferente. Fíjate, si hacen un paneado, sea continuo o sea a trozos, para presentar a un protagonista masculino, o para mostrar un momento de la trama, no es usado para mirarle como objeto, y mucho menos como objeto sexual, sino para hacerlo protagonista de la acción, para reforzarlo como SUJETO. Peor aún, se utiliza para enseñarnos su poder, su fuerza, y demasiado a menudo, su capacidad para usar la violencia. Podemos ver detalles de cómo se visten, pero no interesa la ropa, sino el material bélico, podemos ver cómo entrenan, preparándose para la contienda… o podemos ver el brazo musculoso a cámara muy lenta dando un puñetazo, ya en plena pelea.
La satisfacción que causa en las personas espectadoras este recurso es muy diferente según el género: el poder masculino y la sexualización femenina, vaya pareja, ¿no? No es difícil llegar a la conclusión de que es un cóctel bastante peligroso.

4/ ILUMINACIÓN
Este recurso es parecido al anterior en la doble intención según el género, en el puñetero doble rasero. Podemos ver la diferencia de iluminación, incluso en una misma escena. Con ella, todo es suave, la chica aparece iluminada como si estuviera en un lugar abstracto, idealizado, imaginario, a veces con un fondo difuminado. Dice Nina Menkes, textual, que ellas “flotan en el espacio de la fantasía masculina”.
En cambio, para ellos eligen una luz dura. Ellos no flotan, ellos no están en la imaginación de nadie: ellos están en un lugar concreto porque hacen cosas concretas, importantes, y por ellos mismos. ¡Son la razón de ser de la acción! Y una luz dura, ardua, parece que le da más seriedad a la cosa. Como además ellos pueden tener arrugas, marcas, canas, cicatrices… que da igual, cualquiera de esos detalles puede ser exagerado con la dureza de la iluminación para aportar carácter al protagonista.
Por otro lado, recordemos que la luz suave puede servir, al mismo tiempo, de filtro para suavizar los gestos, para disimular las arrugas o para eliminar cualquier otra marca de la piel, sea en la cara o en el cuerpo, que puede hacer real a una mujer. Ellas han de aparecer idealizadas. Ahora hay muchos más trucos para hacer esto, hay mil efectos para retocar todo lo que quieran, pero el uso que le dan a los avances tecnológicos no ha cambiado: fomentar el auto-desprecio en las mujeres, recordarnos que tenemos que aspirar a un ideal de belleza inalcanzable, así no podremos llegar nunca; una belleza exagerada, que no existe, pero que es muy conveniente. Nunca, nunca, nunca olvidemos que el patriarcado se sostiene, en parte, por la inseguridad femenina.

5/ POSICIÓN NARRATIVA
«El 96% de las películas ya han sacado un plano del culo de una chica». Increíble, ¿verdad? Sabemos que lo hacen a menudo, ¡pero no podíamos afirmar que era tan a menudo!
Como hemos dicho ya varias veces, ellos están ahí para llevar la acción. Ellas tienen sentido a través de los ojos de ellos. Pero esos «ellos» no son solo los hombres que salen en las películas. Todo lo que estamos viendo son decisiones que toman muchos «ellos»: director, guionista, productor, cámara, iluminador, director de fotografía, bla, bla, bla. Manolo, Paco, Pepe, Luis. Ellos desean, y así nos lo hacen saber. Ellos nos enseñan cómo quieren que seamos, cómo quieren desearnos. A veces es tan evidente que, visto ahora, parece ridículo. Marilyn Monroe cantando sentada en un piano rodeada de señores que babean. ¡Cuántas escenas hay así, por favor! Cuántas actrices han rodado ya la escena en la que ella está en bikini, tomando el sol en un barco, rodeada de varios hombres totalmente vestidos.

En el docu, Nina Menkes desgrana una escena de la película Toro Salvaje. Si no la has visto, tu novio igual ya te ha dicho que es una de esas películas que no te puedes perder. Scorsese, Robert De Niro, boxeo, mafia, ya sabes… ¡una obra maestra! Bueno, al caso, la escena: Piscina pública, prota en una mesa con amigotes hablando de cosas importantes, por supuesto. Vestidos, claro. Jake (Robert), mientras habla, mira a una rubia en bikini que está en otro grupo, más lejos, en unas tumbonas. Ese típico plano/contraplano del que hablábamos antes alternará momentos de ella (su cuerpo) y de él (su mirada). Ella con sus fondos indeterminados en los planos cerrados, con luz suave, con sus paneados, con ese trocear el cuerpo, con esa pose sexy imprescindible… todos los complementos. Él con su acción real, la conversación que tiene lugar en su mesa. Pero hay un detalle más curioso aún. Ella está hablando, lo vemos, pero no la escuchamos. ¿Para qué querríamos escuchar lo que dice? En cambio, sí se escucha la voz de los chicos que la acompañan… en fin, no te la pierdas, una obra maestra.
Eso sí, recuerda que, como dice Nina: con la “excusa” de ser una “obra maestra”, siguen usando los mismos recursos para no hacer nada. ¡Así no nada cambia! Seguiremos viendo, y ellos haciendo, más y más “obras maestras”, una tras otra y otra y otra más, y todas de la misma manera. Y otros ellos, después, defendiéndolas. Que, por cierto, si hablas de este tema con esos «cinéfalos» y no quieren entender nada de lo que argumentas (¡¡¡nooo te meeetas cooon Scorseeeseeee!!!), y quieres echar un poco más de leña al fuego, le puedes contestar: «vale, dejémoslo, ya lo he entendido: amas el cine; odias a las mujeres».
También puede que alguien te responda que las cosas ya no son así, que está cambiando. Y es cierto, ya hay algunas mujeres en el cine, ya hay protagonistas femeninas, ¡incluso alguna directora! Y es cierto que las mujeres ya hacemos cosas en esas películas, más allá de ser la novia de, la hija de, o la que muere al principio para desencadenar la venganza de él. Pero también es cierto que, por más cosas que hagamos, de momento, no nos libramos de hacerlas mientras salimos guapas en pantalla. Una mujer actuando tiene doble carga: actuar bien y al mismo tiempo estar perfecta. Que se lo pregunten a Wonderwoman.
¿Y por qué es tan importante desvelar todos estos truqueles del patriarcado?
Porque las mujeres nos odiamos, nos miramos para ver qué nos falla, qué hay que mejorar. Y eso es porque nuestra mirada está programada para vernos desde fuera, como si fuéramos ellos, para gustarles a ellos. El cine es uno de los secuaces del patriarcado, que se encarga de que nos sintamos así, como un objeto. También se encarga de que aprendamos a dejarnos hacer según qué cosas, de que los sobrevaloremos porque sus cosas parecen más importantes, de que normalicemos la violencia, y de muuuchas cosas más. Hay tema para muchos artículos…

Aun cuando te miras tú, te estàs mirando por ellos
Para acabar con algo bonito, también verás en el documental otro dato inyeresante: La primera película narrativa de la historia del cine se titulaba La Fee aux Choux (El hada de los repollos). Es de 1896 y es de una mujer, Alice Guy-Blaché. La protagonista era una mujer (sujeto de la acción), la creadora fue una mujer, la escritora fue una mujer y la productora fue una mujer. (Otro día hablaremos de esta fabulosa mujer, ¡que hizo unas mil películas!) Y parece ser que no era nada raro ver mujeres en todas las fases del proceso de producción, hasta que empezó a ser una industria enormemente rentable (véase, llegó Hollywood) y se masculinizó el sector hasta llegar a la situación que bien conocemos. (Vaya, quería acabar bonito y lo he vuelto a estropear, le veo pegas a todo. Feminista aguafiestas… )
Nota: Las imágenes de ejemplo son capturas de pantalla de la web del documental: https://www.brainwashedmovie.com/
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Por cierto, te invito a la próxima actividad (en Valencia) de Pecados Patriarcales: ¡MALDITA ESPECTADORA! EL Martes 18, a las 19:00 en CC Nave 3 (Parque Central, C/ Filipinas). Vamos a darle un buen repasito al patriarcado de nuestras pantallas.



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