Feministas Aguafiestas: Manual de supervivencia en Navidad

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Ilustración feminista navideña: una mujer con vestido morado y la cabeza en llamas camina entre siluetas de árboles de Navidad verdes. Texto: “Ser feminista aguafiestas es desear…”.

Habrás notado que me encanta el concepto Feminista Aguafiestas. No es mío, ojalá. Nace del término de Sara Ahmed: feminist killjoy. Literalmente, “la que mata la alegría”.

Quizás una traducción más cotidiana podría ser “feminista corta-rollos”. Porque Sara habla mucho del día a día, de las acciones necesarias en cada momento de la vida, en cada contexto, con cada grupo.

He elegido quedarme con “Feminista Aguafiestas” porque sitúa el conflicto en esos rituales de felicidad obligatoria: Las celebraciones, las cenas familiares, las fiestas tradicionales. Allí donde el patriarcado se disfraza de tradición y nos exige sonreír mientras cae la supuesta igualdad del día a día, que nos había costado tanto trabajarnos. Llegan las fiestas y vamos «patrás».

De repente, tienes que transigir por el bien de la felicidad familiar. Y si dices que suenan canciones hiper-sexistas, que esos chistes son racistas, o que solo hay mujeres recogiendo la mesa… te dicen: “No exageres”, “ya estás otra vez”, “relájate, que estamos de fiesta”…

La felicidad como mandato

Ese “deja de fijarte en todo y serás más feliz” lo que quiere decir es: “deja de señalar la desigualdad, que nos estropeas la fiesta”.

Es decir, nosotras señalamos, nombramos, ponemos foco en el problema. Pero, de manera inmediata, el foco se vuelve hacia nosotras. OJO: no hacia lo que dices: HACIA TI.  Y te toca defenderte de ser como eres. Nadie habla de desigualdad, no debatimos si hay sobrecarga de tareas en la mamá o si el cuñao es un machista. En el juicio que se celebra la acusada eres tú; y tu delito, ser una bocazas. Es una estrategia para mantener el status quo: la desigualdad.

Es decir, a la feminista aguafiestas no se le acusa de mentir, de inventar, si no todo lo contrario, se le acusa de NO FINGIR.

La desigualdad está, pero no es un problema si fingimos no verla. Especialmente nosotras, acostumbrada ya al arte de la complacencia. FINGIR FELICIDAD, FINGIR QUE NOS ENCANTA HACERLO TODO, FINGIR SONRISAS, FINGIR ORGASMOS…

Es agotador, la verdad. Porque cuando te has puesto las gafas violetas no hay marcha atrás. Ya sabes que en el patriarcado no se vive, se sobrevive. El consejo que te dará cualquier feminista es que prepares un buen KIT DE SUPERVIVENCIA FEMINISTA.

Las he resumido en 10, que siempre es un buen número. 5 herramientas para usar todo el año. Y 5 aplicadas en concreto a la Navidad. Ahí van:

5 herramientas para usar todo el año

Leer, escuchar, hablar con otras mujeres hace que te des cuenta de que no eres la única que sufre, piensa o le incomoda algo. Es la manera de darte cuenta de que no estás loca. Además, la teoría feminista le pone nombre a lo que sufres, piensas o te incomoda. Te explica cómo funciona, de dónde viene… Te ayuda a entender y a poder hablar de ello.

En tercer lugar, lo más difícil, nos da respuestas. Soluciones, estrategias, caminos a seguir. A veces complicadas, la mayoría. Hay injusticias que no veremos resueltas en esta vida. Pocas sufragistas vieron hacerse hacerse realidad el voto femenino. Pero sin ellas, ni tú ni yo estaríamos ahora dándole vueltas a esto.

Lee libros ya artículos, escucha podcast o sigue cuentas que hablen de feminismo. Si no tienes tiempo, rodéate de amigas que sí lo tienen. Todo se pega.

Y otro detalle: ten a la vista pequeños recordatorios de nuestro objetivo. Una foto de un congreso feminista, un libro que te gustó, la maceta de Frida Kahlo que te regalo una amiga. Algo que veas a menudo y te recuerde que, ¡eh! ¡esto es importante!

No me refiero a la cosmética. Nada más lejos del auto-cuidado que aquello en lo que invertimos tiempo y dinero para que nos valoren por fuera y desde fuera. Y nos quita energía para dedicar a otras actividades que sí mejoran la vida, como: mayor proyección profesional, los hobbies, las relaciones sociales, el descanso, nuevas vocaciones, no hacer nada…

Necesitarás desconexión, espacios seguros donde puedas relajarte de verdad. A mí me gusta pasar tiempo sin espejos. ¿Sabes lo que libera una semana entera sin mirarte al espejo? (Aquí te lo cuento)

Ah, y darte permiso. Cuando ser feminista aguafiestas pesa demasiado puedes relajarte con lo que tú quieras. A veces, es saltarte una cena fingiendo estar mala, para no provocar conflictos. Ya, ya, la sinceridad es necesaria. Pero si no puedes enfrentarla, si no es el momento de forzar, pues chica, una mentirijilla te protegerá. O ponte una peli de mierda. O lo que quiera que sea tu placer culpable. Y disfrútala.  Yo siempre explico que tengo dos placeres culpables: Marvel, compartido con mi hija. Y los k-dramas, solo para mí.

Pero no cualquier humor.

Chistes humillantes, machistas o racistas, no. Eso no es humor, es pedagogía del desprecio. Nos interesa el que señala el absurdo del sistema, el que nos permite tomar distancia, el que baja la tensión sin borrar el conflicto.

Reírnos no significa que no nos importe. Significa que sabemos exactamente de qué nos estamos riendo. Funciona como una válvula de escape. Aligera la carga, nos devuelve el aire cuando todo pesa demasiado, nos permite seguir. 

A veces es una frase afilada. A veces una exageración. A veces un meme. A veces una carcajada en el momento justo.

La feminista aguafiestas no pierde el sentido del humor: lo entrena. Porque sabe que reír no es frivolizar, sino resistir. Y, sin darnos cuenta, ese humor también crea complicidad. Así se convierte en una estrategia de resistencia colectiva.

La rabia es una emoción infravalorada. Tiene mala fama, pero lo que es peligroso es canalizarla mal. Si la escuchas, la rabia te está hablando de algo que no funciona, te da pistas del camino a seguir, de lo que hay que cambiar. La rabia es la emoción primaria que prende la chispa de las revoluciones. 

¿Cómo canalizarla? Pues cada maestrilla tiene su truquillo. La mía es mi portátil. Algo me molesta, me siento, abro mi ordenador y escribo, organizo o invento algo. Hay quien canta, baila, hacer collage, se va a correr… 

Hay mil formas de convertir la rabia en algo constructivo. Igual encuentras tu propia manera. Igual no. Igual empiezas con algo que ya han puesto en marcha otras mujeres. Al final, como todo en el feminismo, la mejor manera de canalizar la rabia también pasa por la palabra mágica: juntas.

Esta no necesita mucha explicación: celebra con ellas, aprende con ellas y enséñales tus trucos de supervivencia. ¿No tienes cerca otras feministas? Pueden ser encuentros virtuales, incluso un grupo de whatsApp (bien llevado). 

Es saludable la unión. Más que nada. Y más ahora, porque… si hay un momento de año… lleno de: mandatos de felicidad, es LA NAVIDAD. Veamos ahora las 5 herramientas para sobrevivir a estas fiestas.

KIT DE SUPERVIVENCIA AGUAFIESTAS EN NAVIDAD:

Hay mucho que hacer. Para eso, hay mucho que organizar. Y para eso, hay mucho que pensar. Voy a centrarme solo en lo que hay que pensar para que nos demos cuenta del volumen de tareas invisibles que, normalmente, hacen las mismas personas. Las mismas mujeres, quiero decir.

Pensar qué día se queda.
Pensar a qué hora.
Pensar quién viene y quién no.
Pensar si alguien se va a enfadar por no venir.
Pensar cuántas personas somos exactamente.
Pensar si hay niñas o niños y de qué edades.
Pensar si hay personas mayores y a qué hora se cansan.
Pensar qué le gusta comer a cada una.
Pensar qué no le gusta.
Pensar qué no puede comer.
Pensar alergias.
Pensar intolerancias.
Pensar dietas especiales.
Pensar si alguien está a régimen.
Pensar si alguien se va a sentir mal si no hay “lo suyo”.
Pensar qué menú queda bien.
Pensar qué menú es suficiente.
Pensar qué menú no es demasiado caro.
Pensar qué menú no da demasiado trabajo.
Pensar qué se puede dejar hecho antes.
Pensar qué hay que hacer en el último momento.
Pensar qué comprar.
Pensar dónde comprarlo.
Pensar si ese sitio estará lleno.
Pensar si conviene ir otro día.
Pensar si mejor encargar algo.
Pensar si da tiempo.
Pensar qué ya hay en casa.
Pensar qué falta.
Pensar si caduca.
Pensar si habrá que descongelar algo.
Pensar cuándo sacarlo del congelador.
Pensar qué bebida compraremos.
Pensar qué bebe cada cual.
Pensar quién no bebe alcohol.
Pensar si habrá suficiente.
Pensar qué platos, vasos y cubiertos hacen falta.
Pensar si están limpios.
Pensar si hay que poner la mesa especial.
Pensar mantel, servilletas, copas. 
Pensar dónde se sienta cada persona.
Pensar quién no puede sentarse al lado de quién.
Pensar quién habla demasiado.
Pensar quién se siente sola.
Pensar quién necesita atención.
Pensar los regalos.
Pensar qué le gusta a cada persona.
Pensar qué edad tiene.
Pensar qué etapa vital está atravesando.
Pensar qué ya tiene.
Pensar qué no le vendrá bien.
Pensar qué no le hará ilusión.
Pensar cuánto gastar.
Pensar que no sea demasiado poco.
Pensar que no sea demasiado.
Pensar que no parezca cutre.
Pensar dónde comprarlo.
Pensar si llegará a tiempo.
Pensar si hay que cambiarlo.
Pensar el ticket por si acaso.
Pensar cómo envolverlo.
Pensar si tengo papel.
Pensar si queda bonito.
Pensar si le pongo tarjeta.
Pensar qué escribir en la tarjeta.
Pensar si alguien se quedará sin regalo.
Pensar si alguien se sentirá menos importante.
Pensar cómo vamos a vestirnos.
Pensar si hace frío.
Pensar si esa ropa es adecuada.
Pensar si habrá comentarios.
Pensar que todo el mundo esté bien.
Pensar que nadie se quede fuera.
Pensar que nadie se enfade.
Pensar que la Navidad “salga bien”.
Pensar antes, durante, después.
Pensar en todo.
Pensar por todo el mundo.

Enumerar no es exagerar: es la única manera de poder repartir.

Hay tareas que se eligen. Y tareas que simplemente ocurren. Si nos fijamos en las dinámicas de este año podremos sugerir mejoras para el año que viene. Cosas que he observado yo en diferentes reuniones…

Cocinar es una de esas tareas que muchos hombres se piden. Tiene algo de creativo, de visible, de lucimiento. Se hace de cara al público, se fotografía, se comenta, se aplaude. Incluso da prestigio. Qué bien cocina. Qué crack. Qué manos tiene.

Las tareas están “repartidas”, sí. En teoría. Pero cuando ellos disfrutan del momento, disfrutan del momento. Nada más. Cuando se termina el plato, se termina su parte. Y entonces se quedan sentados, hablando, sin darse cuenta de que hay que recoger, de que alguien ya está pensando en el café, en el postre, en el siguiente paso.

Ya lo sé, no es mala fe. Es costumbre. Son automatismos. Es privilegio.

Mientras tanto, hay quien no acaba de sentarse nunca del todo. Quien come con un ojo en la mesa y otro en la cocina. Quien está pendiente de que todo funcione, de que nadie se quede fuera, de que el ritmo no se rompa.

La pregunta aquí no es tanto quién hace qué. La pregunta es otra: ¿Quién disfruta más de las comidas familiares? ¿Y quién está pendiente de que todo funcione?

PARTE A: Regalos infantiles

No me voy a extender, porque ya lo he hecho en otros artículos. Solo recordar lo esencial: LOS JUGUETES NO SON INOCENTES. En este otro artículo lo cuento con detalle. El resumen es que ellos juegan a comerse el mundo. Ellas, a limpiarlo.

  • a ellos: acción, aventura, poder, movimiento, tecnología… 
  • a ellas: cuidado, estética, quietud, complacencia, emocionalidad…

PARTE B · Cuando regalamos a mujeres adultas

El menaje de cocina, menos mal, ya no es nuestro regalo estrella. Los tiempos han cambiado. A no ser que elijas una olla Le Creuset (que siempre se puede vender para pagar el alquiler), ya no es adecuado.

Pero lo doméstico no ha desaparecido: se ha vuelto bonito. Ahora regalamos difusores de aromas, mantas bonitas, posavasos originales… Objetos que no son un problema en sí, pero que esconden algo interesante.

Si ella vive sola, una vela aromática es para su pleno disfrute. Pero si vive con un hombre, conviene hacerse una pregunta sencilla: ¿se lo regalarías a él?

Si la respuesta es sí, adelante.
Si es no, pensemos por qué. Porque hay regalos que no dicen “esto es para ti”, sino “para que cuides el ambiente”.

Lo que tengo clarísimo es que seguimos regalando, demasiado, dentro de la misma categoría: gustar. Perfumes, cosméticos y, cada vez más, ¡tratamientos! Y digo yo: igual podemos regalarle a ella un tratamiento de belleza para su pareja. El tiempo pasa para ellos también.

También regalamos complementos: joyas, bolsos, pañuelos. Vamos, cosas para seguir decorándonos. Si eliges esta categoría, una sugerencia aguafiestas: que sea una cartera. Bien grande. Con mucho espacio para billetes y tarjetas.

El truco aguafiestas que no falla: pensar en ella como persona concreta y no como categoría-mujer. ¿Qué lee?, ¿qué aficiones tiene? ¿Qué necesita en este momento de su vida?

Resumen rápido: repensemos todas las categorías. Yo, este año, voy a regalar jabones de manos a varios hombres de mi entorno. Son bonitos, aromáticos, y van en unas preciosas cajas de flores que pueden reutilizar para guardar los cargadores 😉

También me he preparado para la reacción: no me miréis así, ¿acaso ellos no se lavan las manos? ¿Y no sienten placer cuando huele bien?

4. POST-IT: TÚ NO ERES EL ÁRBOL DE NAVIDAD

Las mujeres no vamos a la fiesta. Somos parte de la decoración de la fiesta. Nuestros cuerpos se convierten en espectáculo, comentario, comparación. Ellos van vestidos. Nosotras expuestas.

Busca looks navideños y te saldrán: brillos, escotes, tacones. Es decir, lo de siempre, pero en los tonos de temporada: dorado, rojo, verde. Que no digo que vayas en chándal a la cena de Navidad, ¿eh? Que nos apetece arreglarnos para hacer especial el momento.

Lo que digo es: ¿cómo van ellos? ¿Crees que tu padre pasará frío? ¿Que a tu hermano le van a doler los pies por la altura del tacón? ¿Que tu cuñado se sentará bien recto para que no se le desajuste el escote? No. Ellos irán cómodos y calentitos. Incluso guapos, una cosa no quita la otra. Ellos se visten para disfrutar la fiesta, no para decorarla.

Después de Navidad termina un año. Y empieza otro. Empezamos a pensar en todo lo que, esta vez, sí queremos hacer realidad. Con los propósitos pasa lo mismo: más que pensar, te propongo repensar.

Te dejo aquí una postal para que puedas escribir tus propios propósitos, pero claro: los DESEOS DE UNA FEMINISTA AGUAFIESTAS no son unos deseos cualquiera.

La ha diseñado nuestra querida @a_menudo_soy_esponjosa. Hay dos modelos. Y vienen con instrucciones precisas:

  1. Descarga el documento e imprímelo.
  2. Escribe aquí tus propósitos.
  3. Cuélgalos bien a la vista, para no olvidarlos durante el año.

También puedes añadir, al menos en una de las bolas: abolir la prostitución, acabar con la brecha salarial, garantizar la coeducación o garantizar la felicidad a las millones de niñas que sufren violencia de formas diversas. Deseemos a lo grande.

Y con esto acabo. Igual te has dado cuenta del patrón que siguen todos los consejos. Cuando quieras echar mano de ellos y te surjan dudas, hay una regla muy sencilla que los resume todos:


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