Las Primeras Pecadoras: Pandora

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Ilustración de Pandora con su jarra, creada por Tuticofetti

¿Cuántas veces habrán contestado las reclamaciones feministas con el manido «siempre ha sido así»? ¿Cuántas historias nos hemos tragado sobre «el principio de los tiempos»?. Pero «el principio de los tiempos» es una expresión inexacta, si usamos el concepto de historia tal como lo conocemos: creemos que todo comienza con la invención de la escritura, hace unos cinco mil años.

Sin embargo: la humanidad lleva aquí más de doscientos mil años. ¡Doscientos mil! Y el patriarcado, amiga, se empezó a formar hace, más o menos, ocho mil. ¡Solo ocho mil! Así que nos quedan, como poco, ciento noventa y dos mil años de esperanza. Permíteme otra metáfora, que siempre ayudan: si la historia de nuestra especie fuera un día entero, el patriarcado apenas duraría ese instante que dedicas a abrir el contenedor para tirar la basura.

De Pedro Picapiedra a Don Draper

192.000 años. Imagina cuántas historias, cuántos estilos de vida y sistemas de valores caben en toda esa etapa que llamamos «prehistoria». Es lo que intentan desentrañar desde la arqueología, la antropología, la historia. Nos recuerdan que el «registro escrito» no es la única forma de conocer nuestro pasado. Y últimamente, esas disciplinas avanzan precipitadamente.

Durante los últimos años, un cambio fundamental en estas ciencias ha sido la tecnología. Por ejemplo, el «ADN antiguo» permite asignar con precisión la ascendencia y el sexo de unos restos humanos. Ya no vale con decir: eso es un guerrero porque tienen una lanza. Noooo. Que se lo pregunten al Guerrero de Virka, que le salió vulva.1 😉

Pero hay un cambio más importante que el tecnológico: el cambio de perspectiva. Voy a citar mucho a la historiadora Marga Sánchez Romero2, así que podemos empezar por recomendar su libro: PREHISTORIA DE MUJERES. Explica muy bien cómo los primeros arqueólogos interpretaban sus hallazgos con sus propios valores. Por eso, nuestra idea de una familia prehistórica viene a ser esto: el hombre se va a cazar mamuts con su lanza y la mujer se queda en casa sin hacer nada. Si a criar y cocinar se le puede llamar no hacer nada. En fin, que del primer Homo Sapiens a MadMen solo cambian… los trajes.

No hacen falta muchas pruebas para afirmar que, con la actual división y jerarquía de tareas, nos hubiéramos extinguido.

No, no siempre ha sido así

Para terminar de estropearlo todo, las narrativas fundacionales que nos han llegado, sean mitos griegos o escritos bíblicos, son las que crearon «unos pocos». Unos pocos «señores», claro. Por tanto, sirven solo a una parte de la humanidad. Han definido quién tiene poder (ellos) y cómo debe ejercerse. Sobre todo, se han preocupado de ocultar narrativas anteriores. Las han modificado descaradamente, a su antojo, con un objetivo claro: mantener ese poder. 

Te resumo todos los mitos en una frase: lo femenino es lo negativo y lo masculino es lo positivo. ¡Voilà!, creado queda el doble rasero. Es decir, ante un acto similar, un hombre será encumbrado como un héroe. Pero una mujer será sentenciada como portadora del mal. Todavía, hoy.

Por ejemplo, cuando nos hablan de Eva en el Edén, o de Pandora allá en el Olimpo, esas dos no representan a «la primera mujer». Esas dos son la causa de la mortalidad en la humanidad. Las mujeres, que son las que dan vida, se convierten en el motivo de que muramos. Y, en fin, de que todo nos vaya regular, mal o fatal. Ya pueden ellos mentir, matar, saquear… que la culpa la tenemos nosotras.

Si el patriarcado insiste mucho en algo, ahí suele haber respuestas. Si tanto se empeña en aleccionarnos señalando y castigando a las Primeras Pecadoras, hablemos de ellas. Hablemos de la vergüenza heredada de nuestras madres fundadoras, desde Pandora y Eva hasta una larga estirpe de mujeres deshonradas.

Hablemos de Pandora

Ojo: de los mitos antiguos hay más versiones que del Yesterday de los Beatles. Piensa que antiguamente las historias se transmitían oralmente. Antes de que algún señor viejuno las dejara por escrito, pasaban dos cosas. La primera, obvia: a él le habrían contado varias versiones. La segunda: él decidía qué detalles iba a dejar por escrito y qué detalles no le interesaban. Modificaciones, versiones, interpretaciones… Por eso hay tantas interpretaciones de cada personaje o mito.

La versión más conocida de Pandora es la de Hesíodo (que vivió, parece, entre los siglos VIII y VII aC). Él mismo ya contó dos relatos diferentes sobre la supuesta «mamá» de toda la especie humana femenina.

Versión 1: “TEOGONÍA»

Aquí relata brevemente la creación de la mujer. Te la resumo: reunión en el Olimpo; dioses y diosas por doquier. Hefesto modela a la mujer a partir de la tierra. Atenea la viste con prendas de plata, un velo y una corona de oro decorada con animales salvajes (Pandora se deleita con su vestido). Los dioses la dotan de diversos dones y concluyen con satisfacción que han creado una trampa irresistible.

No menciona ninguna jarra, ni siquiera dice su nombre. Cuenta cómo crean a la chavala, la describe como el origen de todos los males y dice que de ella procede «la raza letal de las mujeres«.

A ver: muy, muy bien no le caíamos a Hesíodo.

Imagen «Pandora entre Atenea y Hefesto» de una copa de Tarquinia, datada en el 460 a.C. British Museum.

Versión 2: «LOS TRABAJOS Y LOS DÍAS»

Esta obra es más detallada. Mi resumen: Zeus se ha enfadado porque Prometeo le ha robado el fuego y se lo ha dado a sus amigos humanos. Después de castigar a Prometeo, dice “Les voy a enviar un terrible infortunio a cambio del fuego”. Una desdicha “en la que los hombres se deleitarán y que todos ellos aceptarán”.

Y, de nuevo, quedada de dioses y diosas: Hefesto moldea a la chica, con voz y fuerza humanas pero apariencia divina. Atenea le enseña a tejer; Afrodita le da gracia y la hace “un deseo doloroso». Las Gracias, la Persuasión y las Horas son diosas invitadas a decorarla con adornos dorados y florales. Recuerda al bautizo de la Bella Durmiente, ¿verdad? Hermes le otorga astucia y deshonestidad. Le da voz y nombre: Pandora, porque «todos los dioses le hicieron un regalo».

Hermes (el mensajero, de ahí lo de las famosas maletas y bolsos) la lleva a Epimeteo (hermano de Prometeo). Epi, que no escuchó el consejo de su hermano (“¡no aceptes nada de los dioses!”) se prenda de su belleza y deja que se quede con él.

En esta versión, Pandora sí que abre una jarra, liberando todos los males sobre la humanidad. Pero, al darse cuenta, la cierra con urgencia y logra dejar dentro la esperanza.

(Paréntresis: a parte de un poquito misógino, también parece ser que Hesíodo no se llevaba muy bien con su propio hermano. ¿Por eso se ceba tanto con el dúo Prometeo-Epitemeo?)

Otras versiones del mito

Tienes que saber que, en mitos anteriores, Pandora no era un castigo, sino un regalo. El significado de su nombre es «la que todo lo da». Representaciones cerámicas del siglo V a.C. la muestran como símbolo de fertilidad, sanadora y creadora de vida. Esta crátera-caliz del 450 a. C. todavía se centra en el momento de la creación de Pandora3 y no en el relato destructivo que se puso tan de moda después.

En las «FÁBULAS» de Esopo (escritas entre los siglos VII y VI a. C), la jarra está llena de cosas útiles. Es más, no es Pandora quien la abre, sino un hombre (quizás Epimeteo), por curiosidad o avaricia.

Este grabado de Giulio Bonasone es de 1563 y se basa en esta versión de la historia.

En “ELEGÍAS” de Teogonis (siglo VI a.C.) nos cuentan que la jarra contenía cosas buenas (autocontrol, confianza, etc.), que escapan al abrirse. Esto explica por qué raramente se encuentran estas características entre los mortales.

Por cierto, igual ya te ha llamado la atención un pequeño detalle, algo que se repite en todas, todas las versiones que hemos repasado…

No era una caja, era una jarra

La versión de Pandora que ha vivido hasta hoy en nuestras cabecitas no es, en realidad, tan antigua. Aprovecho este momentazo para a recomendarte otro libro: La jarra de Pandora. El verdadero papel de la mujer en los antiguos mitos griegos, de Natalie Haynes. Analiza de maravilla y desmonta varios mitos, empezando por este.

Natalie cuenta cómo en el siglo XVI, un error de traducción de lo más tonto, cambia la historia de Pandora forever. Erasmo de Rotterdam traduce «pithos» (jarra) como «pyxis» (caja), a principios del siglo XVI. Y desde entonces nos imaginamos a Pandora con una especie de joyerito precioso, con llave y todo, en algunos casos.

Esta pintura es de Paolo Farinatti (1524-1606) y todavía vemos una «jarra». Pero titulan la obra como: «Pandora ofrece la caja a Epimeteo«. Por cierto, se la ofrece. No sé qué lectura hacer, pero como poco revela una responsabilidad compartida.

Y Pandora abrió una caja…

Tras el renacimiento se consolida la versión única de Pandora abriendo la caja. Ya no es importante el inicio de la historia, entender el contexto, los motivos… nada. Nos centramos solo en ese hecho: ella abre la caja. Ella, nadie más. La representan como culpable exclusiva, con intención clara o con excesiva curiosidad.

Por supuesto, quédate con otro detalle: la pintan a menudo desnuda o con el vestido semicaído, descarada, sexualizada. Mira cuántos ejemplos he encontrado en una búsqueda rápida en Google.

Se me hace especialmente extraño un detalle. El vestido que le hace Atenea la deja embelesada, le encanta. Entonces: 1. Si lo ha hecho la diosa, no me cuela que se le caiga con tanta facilidad por el hombro. y 2. Pandora no debía querer quitárselo y mucho menos dejarlo tirado por ahí.

¿Qué diría Pandora si pudiera darnos su versión?

A ver, a mí se me ocurren tantos argumentos para exculpar a Pandora, que necesitaríamos otro artículo entero. Voy a resumir los más evidentes:

La culpabilidad desplazada. La historia obvia el inicio de la propia historia:

Los dos culpables originales: Zeus y Prometeo. Los antecedentes familiares de estos dos primos no son ejemplo de una buena gestión de conflictos. Para nada. Pero es evidente que todo esto empieza porque esos dos no saben resolver sus problemas hablando.
Hay un montón de cómplices. Pandora no decide nada. Es creada con una intención. Curioso, con lo mal que se lleva la familia, que sean capaces de trabajar en equipo por una vez. Dioses y diosas se unen y aportan sus respectivos “regalos” durante la creación de Pandora.
Otro que mete la pata, Epitemeo, a pesar de haber sido advertido. Incluso en la versión en la que no es él quien abre la jarra, Epi desoye las advertencias de su hermano y acepta el regalo. Pandora, en cambio, no recibe ninguna advertencia ni explicación de ningún tipo, en ningún momento.

La misoginia inicial del propio acto de creación.

Pandora no es «malvada por naturaleza». Sus rasgos deshonestos son diseño divino. Son reflejo de los frecuentes conflictos de una familia tan inmortal como disfuncional.
Pandora no es el sujeto de la acción, sino el objeto. Si alguien dispara, la culpa no es de la pistola. A Pandora la crean como arma. La responsabilidad no puede recaer en ella.
Pandora es creada con un propósito ajeno a ella. Ella no tiene una misión. Ella no recibe instrucciones, advertencias, reglas.
Solo se entiende en un contexto misógino. La versión de Hesíodo, coincide el momento de separar las figuras femeninas su simbología ancestral como creadoras de vida, sanadoras. Es un intento evidente de situarlas debajo del hombre, bajo sus órdenes y protección.

La jarra como símbolo

Las jarras de la época eran objetos prácticos, cotidianos, frágiles y decoradas con detalles hermosos: un contenedor poco adecuado para algo peligroso.
Curioso que el nombre de la propia Pandora, significa «la que lo da todo», aunque ella solo actúa de «recipiente» de todos esos dones divinos.

El poder de las narrativas femeninas

Como ves, las historias de Pandora no tienen en cuenta a Pandora. Las historias de las primeras pecadoras no buscaban empoderar a las mujeres, sino ocultar su igualdad, sus valores y su voz.

Ahora, muchas escritoras, conscientes de su poder como símbolo femenino, revisan esas historias para transformarlas en un modelo de valentía, autonomía e independencia, desafiando los valores arraigados en el mito. Casi siempre es suficiente con narrar lo hechos desde los ojos de la mujer afectada, sin cambiar nada.

Yo misma hice el ejercicio de escribir una carta en nombre de Pandora contando brevemente su versión de la historia. Es divertido, te lo recomiendo. Escribe, dibuja, borda, baila… si tienes una afición expresiva, prueba a darle voz a nuestras queridas ancestras. Es de lo más reparador.

La mía quedó grabada para siempre, porque teníamos una invitada especial en la actividad de ese día, Selma Tango, con su podcast Manolitas a la Fresca. Pronto podrás escuchar la sesión. Si haces tu versión, envíamela. Podemos reunirlas y hacer un relato colectivo en honor a nuestra querida Pandora.

Hoy, todas somos Pandora. Así como ella fue culpada por liberar los males del mundo, nos siguen señalando cuando cuestionamos el orden establecido. Desde Yoko Ono hasta Greta Thunberg, pasando por cualquier mujer que alce la voz en política, ciencia o activismo, el mensaje se repite: ella llegó y todo se estropeó. Pero ¿y si, en lugar de aceptar esta narrativa, empezamos a preguntarnos por qué seguimos castigando a las mujeres por abrir la jarra? ¿Por qué no nos paramos a pensar quién puso la jarra ahí?

Recomendación final: En la sección Cuaderno de ejercicios voy publicando pequeños retos para pecadoras como tú y como yo. Los voy probando yo primero. Compruebo si son posibles, además de importantes. La mayoría son, además, divertidos.

  1. Sigue a Laia San José Beltrán para saber más sobre el mundo vikingo. Y lee su libro: La huella Vikinga (Roca Editorial). ↩︎
  2. Marga Sánchez Romero es catedrática de prehistoria, investigadora, divulgadora… Y su libro «Prehistoria de mujeres. Descubre lo que no te han contado sobre nosotras» es contundente y entretenidísimo. ↩︎
  3. Crátera de caliz. 460 a. C.-450 a. C. Museo Británico.
    La creación de Pandora. En la descripción del propio museo reconocemos a varios personajes. En el centro, de frente, Pandora: rígida y sin vida pero ya mujer “terminada”. Vestido sujeto en cada hombro con un alfiler, con la tela decorada. Pelo largo. Pies muy juntos, manos a los lados, cada una con una corona.
    A su izquierda: Atenea, con un vestido similar y el pelo recogido, extiende con ambas manos hacia Pandora una corona. El siguiente es Poseidón, barbudo y coronado,con un tridente erguido. Mira a Zeus, vestido y coronado de manera similar, pero sentado. Sostiene un cetro y el rayo. Detrás de él, Iris, con alas, pelo corto y ondulado, traje corto y sandalias aladas. Sosteniendo un caduceo.
    A la derecha de Pandora: Ares se mueve hacia la izquierdal Lleva casco, escudo, coraza, traje corto y manto. En el escudo hay una rueda de carro de cuatro radios.
    Le sigue Hermes, que corre hacia la derecha, mira hacia atrás y extiende su caduceo hacia Ares. Pelo recogido sobre las orejas, traje corto y sandalias aladas. A su derecha, Hera, que mira a la izquierda. Tiene un cetro, Está vestida con mangas largas, tela con mucho detalle. ↩︎


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2 respuestas a «Las Primeras Pecadoras: Pandora»

  1. […] Este matiz me ha recordado a otro detalle de la historia de Pandora. Al abrir la jarra, se dio cuenta de que salían de allí todos los males. Se apresuró a cerrarla. Y dejó dentro la esperanza. En las dos historias, se culpa a las mujeres de un mal que ellas no decidieron. Y las dos mujeres nos dejan un pequeño resquicio de esperanza. […]

  2. […] de los encuentros en los que hemos hablado de ellas. Igual has leído alguno de los artículos: Pandora, Lilith, El Edén, Salomé… El caso es que llevo mucho tiempo leyendo sobre mujeres de la […]

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