Si prefieres escuchar, dale al play que te lo leo
Empecemos por la cuestión básica: que “tener novio” sea un estado superior al de “soltera por decisión” es penoso y erróneo. Ah, y sexista, que el doble rasero nunca deja de actuar. Nadie pone en duda al soltero de oro (¡Eso es vida, chaval! ¡Tú sí que sabes!). Curioso, porque ellos viven mejor en pareja, pero nosotras, mucho peor.
Verás, tras mi última ruptura la pregunta que repetía la gente al enterarse era si ya me había hecho una cuenta en Tinder, en vez de en qué iba a emplear todo el tiempo libre que ahora tendría PARA MÍ. Había pasado tooooda mi vida emparejada (desde los trece años), así que empecé a contestar (que no a decir, ojo, empecé a contestar) que no quería saber nada de hombres. Y pronto se acabó convirtiendo en una muletilla: no, no quiero novio.
Hace casi cinco años de aquello. Ya no me recomiendan (casi) Tinder, pero todavía tengo que escuchar una y otra vez: ya se te pasará, te recuperarás… El caso es que empecé a pensar en el tema, en el hecho de que SOLO se entienda la decisión de no querer emparejarse como un trauma. Y que lo que se espera de una mujer, después de dejar una relación, sea buscar otro novio. Como si el problema de la anterior fuera que habías elegido mal (culpa tuya, claro).
Si analizas empíricamente las relaciones, parece absurdo que las mujeres nos hayamos tragado eso de necesitar una pareja para sentirnos completas, para mejorar nuestra vida. De hecho, hoy quiero dar algunos datos que demuestran que vivir en pareja (hetero) empeora nuestra vida1.
LAS MUJERES VIVEN MÁS
Me da risa cuando me dicen que soy una odia-hombres resentida y moriré sola, amargada. Primero, no odio a los hombres, sino la masculinidad. Segundo, es bastante probable que muera «sola»2, pero no amargada. Según la esperanza de vida media en España, la mayoría de nosotras morirá más tarde que la mayoría de ellos (85,8 años las mujeres y 80,3 años los hombres). Datos más concretos: en España viven unos 2,8 millones de personas viudas, de las cuales unos 2,3 millones son mujeres (¡el 80%!), según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística.
Así que lo normal es que aunque me eche novio ahora también acabe muriendo sola, eso sí, después de haber pasado unos años cuidando del susodicho hasta el final de sus días, perdiendo energía y salud por el camino. Glups, en ese caso, lo de morir amargada podría ser cierto también, pero más por el dolor de espalda que por cuestiones románticas.
Conclusión: generalizando, las mujeres morimos «solas», aunque hayamos tenido (o cargado con una) pareja.
LAS MUJERES «SOLAS» VIVEN MEJOR
Circula por ahí un estudio dirigido por un tal Paul Dolan, profe de Ciencias de la Conducta en la Escuela de Economía de Londres. Una de sus conclusiones era que las mujeres que NO se habían casado y que NO habían sido madres eran el sub-grupo de población más feliz. Midió diferentes variables para obtener un índice de bienestar y ellas eran las mejor nota sacaban. Además, su esperanza de vida estaba algo por encima de las mujeres casadas y que eran madres. En una entrevista dijo que tú, cuando ves a una mujer de unos cuarenta soltera y sin descendencia, piensas: «Pobre, algún día encontrará al hombre adecuado y será más feliz», pero que sucedía justo lo contrario:
Conclusión: «estadísticamente, lo más probable es que encuentre al hombre equivocado, que sea menos feliz y que muera antes».
CONVIVIR CON UN HOMBRE ¡MULTIPLICA! NUESTRAS HORAS DE TRABAJO NO REMUNERADO
¿Por qué perdemos esperanza de vida en pareja? Supongo que por un desgaste físico y emocional. Cuando imaginas una nueva pareja, piensas en la ilusión de vivir con tu chico, la cenita especial, eso de mantita, sillón, cariñitos, cucharita, desayuno en la cama… Esa es la promoción que se marca el patriarcado sobre las parejas heterosexuales. Yo te invito a seguir sentada, que empieza la película de terror titulada «La maldición del reparto de tareas». Ríete de Freddy Krueger, aquí tienes los últimos datos disponibles del INE sobre usos del tiempo.

Si nos fijamos en las horas dedicadas al trabajo remunerado, las diferencias no son sorprendentes. Ellos tienen unas pocas más de esas horas remuneradas, reconocidas y valoradas. Pero vayamos ahora a la tercera columna de datos, los de «trabajo No remunerado» (tareas domésticas y de cuidado, sobre todo), que empieza el festival de conclusiones. He señalado en rojo la cifra más alta y la más baja, tanto para hombres como para mujeres. Ahí va mi interpretación:

- Viviendo sin pareja y sin hijos (supongo que incluyen a las hijas, pero no lo pone, no lo puedo asegurar), es decir, incluso estando «solas», nosotras ya dedicamos más tiempo que ellos a ese tipo de actividades, que igual nos lo tendríamos que hacer mirar, ¿no?, un poquito de polvo en el pasillo tampoco es tan grave.
- Las mujeres cuando tienen pareja empiezan a pringar. Pasan de dedicar solo 13,3 horas semanales cuando se cuidaban solitas, a dedicar 16,4 horas al empezar convivir con un hombre que trabaja. En cambio, él ha pasado de 10,9 si se cuida solo, a 8,7 horas al convivir con una mujer que trabaja. Si es que somos un chollo! Él no solo se ahorra 2,2 h de pasar el mocho, limpiar el wc o fregar, es que además, digo yo, debe ir por la casa dejando todo por medio, porque ella de repente utiliza 3,2 horas más. ¿En qué? ¿No debería reducirse el horario total, al compartir tareas? ¿Qué pasa ahí? Pero espera, que todavía puede ser peor…
- Cuando él trabaja pero ella no, ella asume las tareas de casa. Tiene sentido, ¿no? Él pasa de esas 10,9 iniciales a solo 6. El ángel del hogar le suple. ¿Y si es al revés, será parecido?, ¿no? La respuesta es: NO. Si ellos se quedan en casa, no son el ángel del hogar, sino un puñetero terremoto. En vez de hacer, parece que deshacen más aún. Y a ella se le suma ¡una hora más de trabajo a las que ya habíamos sumado!, quedando un total de…. 17,2 horas. De verdad, chicos, no es convertirse en el mayordomo de Tenn («el algodón no engaña», aquel mansplaining televisivo), pero ¿ni siquiera hacer vuestra parte, recoger vuestras cosas? Ahora, espera, espera, que todavía vamos a peor…
- Si llegan hijos (también hijas, supongo), nuestra aportación sube hasta 37,5 horas semanales frente a las 20,8 de ellos. Se triplican las horas iniciales, de cuando éramos solteras. Y se han duplicado las horas de cuando ya vivíamos con «él». ¿Qué ha pasado?: El patriarcado. ¿Otro pañuelo?
¿Necesitas más datos relacionados con la corresponsabilidad? Ellos cuidan cuando es un derecho, un privilegio remunerado, como el permiso por paternidad: En 2022, hubo 473.720 prestaciones por nacimiento y cuidado de menor. 224.359 fueron del primer progenitor (normalmente la madre), y 249.361, del segundo (normalmente el padre). Peeeero… no les pidas más. ¿Qué pasa si es un derecho no remunerado, como las excedencias? ¿Quién levanta la mano y se las pide? La Seguridad Social contesta: las mujeres. Ellas solicitaron el 70,2% de las excedencias de 2022. Y el 93% de las reducciones de jornada. Y el 73% de los contratos a tiempo parcial para poder conciliar…
Conclusión: «Desde que estoy «sola» me toca hacer a mí todas las tareas de la casa. Todas. Que viene ser, más o menos, la mitad de lo que hacía cuando vivía en pareja» (esta frase la escribí poco después de mi última ruptura)
LA SOLTERÍA ES LA ÚNICA FÓRMULA QUE GARANTIZA TIEMPO PARA TI
Hay otra lectura de los datos anteriores. Las horas del día son limitadas, veinticuatro, ni más ni menos. 168 a la semana, incluidas las de dormir, trabajar, desplazarte, comer… El paso de estar soltera a convivir con un hombre te cuesta algo más de tres horas semanales de limpieza-cuidado extra. Ellos, en cambio, hemos visto que pasan a dedicar menos tiempo a esas tareas. Lo peor de esto no es todo lo que tú haces de más, sino todo lo que tú haces de menos. Todo lo que dejas de hacer.
Las horas «de más» no salen de la nada, el día no se alarga para que puedas atender esas labores. Y no se las restas a tu trabajo: lo sacas de tu auto-ciudado, de tus amigas, de tus proyectos, de tus lecturas, de tu deporte, etc. Porque además has de añadir otra cuota-temporal a estar con él (que de momento te lo pasas bien, es lo que más te apetece, pero no deja de ser tiempo que restas a… ¿a estar contigo, a tus amigas?).

En tres horas y ocho minutos te puedes leer Una habitación propia, de Virginia Wolf. En tres horas, puedes ver dos veces en el teatro la obra Salomé, de Magüi Mira. Con esas tres horas te pueden dar tres masajes tonificantes o relajantes cada semana. En tres horas a la semana, te sacas por fin el C1 o el C2 de inglés. Yo este año me he apuntado a kungfu, justo tres horas a la semana. En menos de tres horas de vuelo, te plantas en Edimburgo o en Las Palmas de Gran Canaria.
En tres horas te haces la Ruta del Agua de Buñol (en valencia), incluido un descanso de media horita para almorzar. Con un poco de práctica, en tres horas y media te haces tú misma una bufanda de punto. Con esas tres horas a la semana, te haces unas sesiones de terapia, o vas a grupos feministas, charlas, museos, te haces activista de una ONG, o te ves seis episodios de Las chicas de oro, o tres de El cuento de la criada, o quedas con tus amigas y te pones al día de todos los cotilleos del planeta. Estadísticamente, ese es el coste mínimo de tener novio.
«¡Es cuestión de organizarte!», estarás pensando. Sí, pero no. Es una cuestión de priorizarte. Y priorizarte es lo más difícil del mundo cuando te han programado para «ser en función de las demás personas». Si te juntas con alguien programado para pensar en él antes que nada… ¿qué puede pasar? Lo habitual: que nuestra prioridad acabe siendo la de ellos.
Conclusión: Una maravilla, oiga, la vida en pareja... si eres un señor.
LAS MUJERES CASADAS DESCUIDAN MÁS LAS RELACIONES SOCIALES Y ESO… TAMBIÉN EMPEORA SU SALUD
La relación entre salud y socialización se ha estudiado mucho, aunque seguro que no necesitas ningún dato para corroborarlo (¡vivan las amigas!). Por si acaso, ahí va alguno (esto lo leí en prensa hace unos años ya: la Universidad de Massachussetts asegura que: las solteras tienen más relación, ayudan y reciben más apoyo de familiares, amistades y otras personas de su entorno que las casadas, que tienden a concentrar esas interacciones en su pareja. Y otra psicóloga, Julianne Holt-Lunstad, estudió a ¡300.000 personas! y concluyó que no cuidar las relaciones sociales es casi como fumarte 15 cigarrillos al día. Con lo que cuesta dejar de fumar, más vale que dejes de leerme y escribas YA a tus amigas. ¡Quedada urgente, chicas! ¡Menos riesgo de diabetes, mejor tensión, más salud mental y un corazón más fuerte!
Otra GRAN desventaja de sobrevalorar las relaciones de pareja, sumada a ese abandono de otras relaciones sociales es (y no hace falta ningún estudio para esto, es sentido común) que en el momento de enviudar (y el 80% enviudará, ya hemos visto los datos) o de romper la pareja, se puede producir un vacío existencial realmente grave. Quedarse viuda se vive como un final propio. Y terminar una relación se puede vivir como un fracaso personal. Adaptarse a una nueva rutina, aunque suponga una vida más sencilla, relajada y con más disponibilidad para disfrutarla, se puede hacer una montaña cuando crees que has perdido el sentido de tu existencia, a tu media naranja. Bueno, sigue leyendo, que al final se pasa…
Conclusión: En el cine, deberían añadir una advertencia: esta película causa dependencia romántica, adicción a las relaciones tóxicas e imposibilidad de autonomía.
NUESTRA FELICIDAD MATRIMONIAL CADUCA A LOS CINCO AÑOS, COMO LAS LAVADORAS. PERO EL DIVORCIO NOS LA DEVUELVE EN SOLO TRES
El Instituto de Estudios del Trabajo de Alemania siguió durante veinte años a 65.000 personas y nos dejaron más datos curiosos: en ellos, el subidón de felicidad cae de golpe después de la boda (la nuestra dura hasta cinco años después). En caso de divorcio, su felicidad aumenta incluso antes de la separación (la nuestra, tres años después) y sigue en aumento una vez la consuman. ¿Será que a ellos no les venden esas ideas románticas acerca del amor como principal meta en la vida?

Algunas conclusiones propias:
-Como pasamos la vida obsesionadas con el matrimonio (o sus formas modernas) sentimos gran satisfacción cuando lo logramos. La decepción tarda en hacer mella porque la sensación de estar cumpliendo con lo que se espera de nosotras es tremenda. ¡Toda la vida preparándonos, de qué nos vamos a quejar ahora que lo tenemos! Además, todas hemos llegado a creer que era nuestro deseo real, propio, que era amor verdadero, y no una respuesta a la presión social.
-Por otro lado, tenemos más aguante a la sumisión, por eso tardamos más que ellos en decepcionarnos. Lo dicho, llevamos toda la vida entrenando. Así que, aunque pringuemos más, de nuevo hay cierta satisfacción social al ver que mantenemos la casa y a las criaturas bien cuidaditas, cierto orgullo que poco a poco va disminuyendo, según acumulamos horas y decepciones. Después de cinco años, la balanza empieza a ceder.
-Los hombres tienen muchas metas en la vida, y mucho más importantes que la de encontrar pareja. La presión social masculina por el matrimonio solo funciona si ello mejora su estatus profesional. El caso más exagerado: la presidencia del Gobierno. Entonces, cuando ellos se casan (a no ser que vayan a presentarse a las elecciones) pronto se decepcionan. Claro, su mandato era ser el Don Juan que va repartiendo su semilla y eso (a no ser que te la haya colado con el poliamor) se le ha acabado (o no, pero si te engaña a escondidas también le suma estrés).
-Ah, y el otro mandato masculino, el de ser cuidado, se ve afectadísimo en las parejas de hoy en día, cuando se ven presionados por cuidar también ellos. Así les va, que pasan todo el día repitiendo lo cansadísimos que están de trabajar, pobrecillos, ¡cuánta energía derrochada buscando excusas!
Conclusión: Entonces, ¿en pareja nadie está feliz del todo? Porque ellos viven más cómodos, pero tampoco más felices.
LAS MUJERES «SOLAS» VIVEN MÁS SEGURAS
Otro mito que se me cayó gracias al feminismo es el de la seguridad de la pareja. Nos meten miedo a lo que nos puede pasar solas fuera de casa, cuando realmente corremos más peligro en nuestro propio hogar.

Te voy a recomendar otro libro: Ciudad feminista, de Leslie Kern. Ve directa al capítulo 5, acerca del miedo en las ciudades. Cuenta que las cifras de delitos no se corresponden para nada con nuestros miedos. En nuestra cabeza, los conceptos del peligro se pueden resumir en tres: ciudad, noche, señor desconocido. Es la violación ideal de las películas. Según las cifras, sin embargo, el mayor peligro para una mujer se relaciona con conceptos muy diferentes: casa (o trabajo u otro entorno cercano) y señor conocido.
Esa creencia errónea no es casual. Se llama Cultura de la Violación y es una de las herramientas favoritas del patriarcado. Desde que nacemos nos inoculan poco a poco ese terror a ser violadas (por cierto, crimen que ellos catalogaron como el peor de los peores para las mujeres, peor que una amputación, peor incluso que la muerte). La gente que nos quiere nos advierte, las películas nos muestran como víctimas, las noticias insisten en que la violaron porque iba sola, porque andaba de noche… ¿Y qué podemos hacer? Parece que la única forma de estar a salvo es cuidándote tú de no exponerte y, sobre todo: con un hombre que te proteja.
Nos hacen creer que una mujer necesita al hombre protector para estar a salvo, pero resulta que en la intimidad es el lugar en el que queda expuesta a peligros más reales, a peligros más frecuentes. Las formas «sutiles» pueden ser el desprecio sutil; el ninguneo de sus necesidades; la falta de consideración que supone que pringues el triple de horas en casa… Todo eso daña, además de agotar. Y las más graves, te lo puedes imaginar, violencia física, sexual, económica, psicológica, etc.
Conclusión: Otro mito que tenemos que desmontar YA, el del hombre protector, eso de sentirnos más seguras en pareja.
AUN ASÍ, SEGUIMOS BUSCANDO «NOVIO», PERO ¿QUÉ ES ESO?
Y aún así buscamos novio. ¿Pero qué es exactamente un «novio», qué es lo que tanto ansiamos? Novio no es nadie, solo un concepto abstracto. Buscar «novio» es buscar una ilusión, un fantasma con un montón de características inventadas, cogidas de las pelis de turno, más los libros de turno, más lo que no «te daba» tu ex, más tus carencias emocionales, más un poquito de dulce de leche y una pareja de plástico en lo alto del pastel.
Ahora bien, no existe Novio. Existen Ángel, David, Jose Luis, con sus apellidos y sus movidas y sus aspiraciones acerca de las mujeres, que vete tú a saber de qué pelis (y vídeos porno, ejem) y libros y traumas las han sacado. Entonces, te cruzas un día con, por ejemplo, José Martínez García (estadísticamente, sería fácil que se llamara así), que tiene una cuenta en Tinder y un montón de cosas que coinciden contigo, dice, o que más o menos te compensan. La cosa fluye, te vas sintiendo a gusto (por poco original que sea su nombre), aumenta la intimidad, la cantidad de encuentros… Finalmente, pasa a ser tu novio y tú su novia. O le podéis poner otro nombre para no sentir que el sistema os ha atrapado: compañía, follamistad, etc.
Ese sería un orden correcto. No un orden que garantice el final feliz pero, al menos, un orden con cierto sentido. Y luego ya llega todo lo que hemos visto antes: tú empiezas a limpiar más y a ver menos a tus amigas y todo eso. Aún así, es el orden lógico.
Conclusión: El orden ilógico es empezar comprando el collar que pone «novio» y querer ponérselo al primer Manolo que pase por ahí. Eso parece más bien: no quiero / no sé estar sola; no me siento valiosa estando sola. Y así nos va…
El «novio» de tus fantasías románticas
¿Has tenido fantasías con alguien, sea conocido o no? Marcela Lagarde escribió un par de párrafos que me recuerdan a ese concepto del novio abstracto y creo que lo explica muy bien. Qué absurdo lo que acabo de escribir… Claro que lo explica bien, es Marcela Lagarde:
Cada persona lleva en su imaginación a seres a quienes ama y a quienes amó. Y como en el imaginario el tiempo tiene otra dimensión, muchas mujeres tienen en su imaginario no solo a seres del pasado sino a seres que vendrán en el futuro y a quienes amará. Así, nuestro imaginario permanece poblado por seres del amor de ayer, de hoy, de mañana.
Millones de mujeres en el mundo actual obtienen a veces más satisfacción de los seres del amor que ven en el futuro que de los seres concretos con los que se relacionan en el presente, en la vida cotidiana. Mientras en la mente y en la imaginación experimentan el amor, en la vida cotidiana no realizan esta experiencia con las personas con quienes conviven. Muchas mujeres sobrevivimos a crisis muy grandes gracias a esos seres imaginarios del amor: como todavía no existe la persona concreta que me ame como yo quiero ser amada, yo me imagino eso y me hace feliz. Resulta fascinante ese fenómeno, tan común en la conciencia subjetiva de las mujeres.
Marcela Lagarde, Para mis socias de la vida, claves feministas (2005)
Confieso: he pasado noches y noches imaginándome con todo detalle relaciones imaginarias con señores, sobre todo famosos, pero también con alguno cercano. Repito las escenas una y otra vez hasta que me quedan fetén y ya pasó a la siguiente. En alguna ocasión ha durado tanto que me he aburrido y he llegado a romper amistosamente con él. La faena es cuando luego sucede en la realidad y comparas al señoro que tienes delante con su alter ego, el que vivía en tu cabeza, ese que tenía un nivel muy «pro» de empatía, respeto, comunicación, equilibrio entre espacio y compromiso, ¡feminismo incluso! No, ni los chicos buenos de Anatomía de Grey, también inventados, superan a los que yo imagino.
Conclusión: el problema no es que no lo haya encontrado todavía. Lo que pasa es que un novio perfecto puede existir en mi cabeza, pero no en este planeta, no en esta época.
Si queremos amor del bueno, ¿por qué no buscamos una buena amiga?
Cuando buscas NOVIO, en abstracto, ¿qué estás buscando? En la vida también es importante, por ejemplo, tener una buena amiga, pero no vas por ahí pidiendo a gritos una mejor amiga.
Imagínate que te apuntas a un club de lectura y al presentarte dices que estás ahí buscando a tu futura mejor amiga, alguien con quien compartir todas tus intimidades, a quien poder llamar a cualquier hora de la noche si te desvelas, con quien reír y llorar, a quien poder pedirle dinero si lo necesitas, alguien que te acompañe si te ingresan en el hospital, con quien compartir vestidos y pendientes…
Apuesto a que nadie se sienta a tu lado ese día. Mejor, tú llegas sin decir nada, conoces gente y, si con alguien coincides en cosas importantes, estás a gusto, te ríes, empiezas a contarle intimidades… acabas teniendo un vínculo de amistad. Según pasa el tiempo se puede estrechar más y, si todo sigue bien, un día sin darte cuenta te das cuenta: es tu amiga. Y esa relación puede ser mucho más importante, duradera y gratificante que cualquier otra historia de amor, por cierto. Pero no has ido por ahí buscando una mejor amiga.
Conclusión Advertencia: Por cierto, desmontemos también la idea de la mejor amiga. Ten varias amigas, porque todas somos diferentes y ninguna tiene porque cargar con la responsabilidad de complacernos de manera absoluta (ni nosotras a ella): diversión, escucha, deporte, salud, música, series, activismo, cotilleos, trabajo, feminismo…
¿TENEMOS SOLUCIÓN?
POR SI ACASO… Estoy tan convencida de que no quiero tener pareja, como del hecho de que puede que vuelva a caer, porque el amor me atonta. Por eso, a veces, me pregunto: ¿Sería capaz ahora de plantarme cuando se encienden las luces rojas, o volvería a poner excusas como «no, no es un celoso controlador, es que le gusto mucho»? ¿Me volvería a parecer increíblemente fascinante cualquier chorrada que salga de su boca? ¿Podría obviar su lado machirulo? No lo tengo claro. La última vez que me sentí atraída por un tipo concreto, de repente me vi haciendo estupideces dignas de un k´drama: sonrisas complacientes, fuerza mental para que se siente a mi lado, sentirme alegre o triste según la interacción con él… Me analizaba y me sentía bastante ridícula, muy incómoda y, sobre todo, insegura. Luche conmigo misma hasta que se me pasó. Uf. Sigo a salvo.
Algunas recomendaciones, por si acaso:
Coral Herrera. Su laboratorio del amor es imprescindible. Sus libros, charlas, cursos, su web, sus RRSS. Toda ella es imprescindible.
Instagram Mujeres que no fueron tapa. Un proyecto que empezó Lala Pasquinelli de forma personal, y que se ha convertido en un equipo, porque ha crecido mucho. Tocan muchos temas, por temporadas. Hace poco trataron el tema de estar sola y bien.
Una amiga mía prefiere Adiós Cachorra, aunque yo lo veo más centrado en buscar pareja de manera adecuada que en centrarse en estar sola. Si es lo que quieres, es una buena manera de empezar a construirte como novia-persona entera.
Una canción divertida Tututurú, del grupo De espaldas al patriarcado, resume muy bien cómo me he sentido yo normalmente en pareja, que ha sido casi toda mi vida adulta desde los 13 hasta los 46. El estribillo, “Tututurú tutu turururú, en el mundo existes tú. Tututurú tutu turururú… ¿dónde quedo yo?” es como si lo hubiera escrito yo.
Y para acabar ya, otra canción: Contigo, de La Otra (Disco Pa ‘fuera y pa ‘dentro). La descubrí hace poco y se la dediqué a mi amiga del alma, que se acababa de echar novio y, yo qué sé, me costó hacerme a la idea. Como ella estaba feliz, yo intentaba aparentar lo mismo, je, je, je.
Conclusión: «Solas» vivimos más y mejor, nos cansamos menos, tenemos más apoyo de nuestro entorno, más vida social, más tiempo para nuestras cosas, vivimos más estables y más seguras. Pero, ¿qué nivel de presión amorosa tenemos las mujeres, que acabamos pensando en ello aunque hayamos decidido no hacerlo; aunque estemos convencidas de que es lo que menos nos conviene; a pesar de estar tan exageradamente bien solas, con nuestros ritmos, nuestros tiempos, nuestra energía puesta en nuestros proyectos, en nuestras cosas?… ¿Tenemos solución?
PD: Mi ilustración (la del inicio) y la de Virginia Wolf son de Tutticonfetti. La mía es solo mía, que me la regaló ella, pero si quieres la lámina de Virginia o cualquier otra, en su tienda tiene un montón. En las paredes de mi casa hay varias.
- Ya sé que existen mujeres afortunadas (igual tú, igual alguien que conoces) que vive con un hombre estupendo y que tienen una relación maravillosa. Al menos, eso dicen. Siempre hay excepciones a las reglas. Igual otro día analizamos por qué hay casos que sí funcionan, cómo son, por qué les va bien… Hoy, la cosa va de las mayorías, de lo social, del sistema… del otro 99% ↩︎
- Nota. importante: ¿te has fijado en el uso del adjetivo «sola» para referirse a alguien que no tiene pareja? No moriré sola si tengo personas a mi alrededor que me quieran: hija, hermano, sobrina, amigas. Vamos a incluir en el cuaderno de ejercicios esta tarea: dejar de asociar mujer-sin-pareja-sentimental a soledad. ↩︎


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