Hace unos meses publiqué Anda, mujer: nosotras también caminamos. Allí presumía de uno de mis logros más destacados: salir a andar casi a diario. Confieso que, en plena ola de calor de hace un mes, me ganó la tumbona frente al ventilador más de una vez. Pero en cuanto la temperatura lo permitió, volví al paseo de Pinedo como una loca.
Caminar es uno de los mejores regalos que me he hecho: me limpia la cabeza, me activa el cuerpo y me reconcilia con la vida.
Caminar es la forma más eficaz de pensar que conozco
Sin querer, sin ponerme un objetivo. El cerebro se activa con el movimiento de una manera que todavía me sorprende.
Ando y pienso. El mundo se me hace evidente con solo mirar un poco alrededor. Voy por la ciudad y mis ojos se quedan pegados a un culo. Femenino, claro. Luego en otro… Y me pongo a pensar.. ¿por qué últimamente solo miro culos? Esas mallas deportivas parecen diseñadas para marcarlo. Llevan una diana en cada nalga. Y no para favorecer el deporte, por mucho que digan. Un mail de Decathlon después, ya tenía un artículo hecho.
Otro día me fijo en que las mujeres llevan calzado más incómodo que sus parejas. Lo confirmo una y otra vez. Sucede en el 100% de los casos. No exagero. Tengo montones de fotos que lo demuestran. Otro artículo.
Paseo por la playa y doy cuenta (otra vez) de que en solo veo culos de chicas, muchos. Cada vez más. Y cada vez más expuestos, con menos tela en las nalgas. Lo mismo que las mallas, pero sin mallas. Otro artículo. Y otro.
Paseo por cualquier parte —ciudad, playa, montaña, un centro comercial— y me doy cuenta de que ellos (hombres, varones, chicos o niños ya crecidos) andan como si el espacio público les perteneciera. Por completo. Otro artículo.
Pero también necesito otras voces que me hagan pensar
Ayuda mucho escuchar, en general. Para que tu propio pensamiento tome otras rutas y te lleve a sitios nuevos. Por supuesto, si escuchas a mujeres interesantes, mejor.
Normalmente escucho podcasts: parece un formato más relajante. Pero en épocas de mucho trabajo o de mucha pereza, que no tengo tiempo o no tengo ganas de sentarme a leer, me paso a los audiolibros.
Me gusta que me acompañen voces que me cuentan historias feministas, biografías combativas o ensayos. Tengo la sensación de aprender sin esfuerzo. Casi como aprobar un examen copiando… pero sin copiar. No están todos los que me gustaría, pero he ido encontrando…
Audiolibros para caminar
Aquí te dejo algunos de los que más he disfrutado últimamente (aparte de los que ya recomendé en otras entradas, como ¡Anda, mujer! Nosotras también caminamos o mi bibliografía sobre la Primeras Pecadoras).
No están en orden de preferencia, sino tal y como se quedaron en mi lista de Audible1.
- Una habitación propia, de Virginia Woolf. Narrado por Rosa Romay.
Es un clásico. Hay que leerlo. O escucharlo. Yo lo he escuchado varias veces, porque (toma topicazo) siempre me fijo en algo nuevo. Es breve. Agradable. Revelador. - Autobiografía, de Ángela Davis. Narrado por Ana Viñuela.
Ya la conocerás, porque es otra imprescindible. Imagina la combinación entre años convulsos (entre los años sesenta y setenta), activismo… y piel negra: te da para escribir una autobiografía con solo 28 años. Si todavía crees que no somos racistas, empieza a leer autoras negras. Empieza por ella. - Assata Shakur, una autobiografía. Narrado por Ana Viñuela.
Inevitable seguir por esta otra historia de lucha, exilio y resistencia. - Ciudad feminista, de Leslie Kern. Narrado por Cecilia Bona.
Las ciudades están diseñadas para los hombres. Para mí fue un concepto difícil de entender de entrada. Pensaba que las ciudades no podian tener género. Solo son calles, edificios… Bien, escucha este o cualquier otro libro sobre el tema que encuentres por ahí. Me encanta el capítulo dedicado a las amigas. - El himen y el hiyab, de Mona Eltahawy. Narrado por Alejandra Maldonado.
Directo, combativo y sin filtros. Otro tema peliagudo por la distancia que tenemos con él. Para mí, separar lo cultural de lo patriarcal es obligado. Pero no puede hacerse sin haberlo entendido bien. Nada puede hacerse sin haberlo indagado y entendido bien. - El lunes nos querrán, de Najat El Hachmi. Narrado por Noemí Bayarri.
Es novela. Pero es que cruza identidades, culturas y mujeres buscando su lugar. - Siempre han hablado por nosotras, de Najat El Hachmi. Narrado por la autora.
Un manifiesto valiente, como ella, sobre feminismo e identidad. Soy muy fan de Najat, no sé si se habrá notado. - Morder la manzana. La revolución será feminista o no será. de Leticia Dolera. Narrado por la autora.
Entre la confesión y la llamada a la acción. Coloquial, ameno, claro. Lleno de referencias… Un libro ideal para introducirse en el feminismo. - Mujeres y poder. Un manifiesto, de Mary Beard. Narrado por Neus Sendra.
Este es otro de los libros que recomiendo cada dos por tres. Es tan revelador. Tan sencillo de escuchar y entender. Mary es una genia, la mayor especialista del universo en la Roma antigua. Este libro es breve pero contundente: cómo se nos ha silenciado y cómo podemos responder. - Mujer de frontera, de Helena Maleno Garzón. Narrado por Alba Flores.
La defensa de la vida como un derecho, aunque la justicia no lo entienda así. La historia real de Helena te deja sin habla y con ganas de actuar. - Respondona, de bell hooks. Narrado por María Espinosa.
Feminismo, amor, resistencia: todo en la voz de una pensadora imprescindible. - La guerra más larga de la historia. 4000 años de violencia contra las mujeres, de Lola Venegas, Isabel M. Reverte y Margó Venegas. Narrado por Rosa Quintana.
Ojo, este libro puede resultar durísimo. Pero si te quedan dudas de que nacer mujer es lo que nos condena, dale al play. Un recorrido lo largo del tiempo y el espacio del patriarcado. Da igual cuando, da igual en qué punto del planeta, la forma cambia, se adapta para lograr siempre el mismo objetivo: la opresión de las mujeres. - Educar en el feminismo, de Iria Marañón. Narrado por Silvia Gómez Lasil.
Ideas y herramientas para educar con perspectiva feminista. Yo ya lo escuché con el trabajo maternal casi terminado. Pero me parece necesario recordar a las mamás (ya, ya, a los papás también, pero aquí no suele haber papás) que somos transmisoras patriarcales. A no ser que nos esforcemos, y mucho, por dejar de serlo. O es cuestión de culpa, es cuestión de que nos han programado así. - Un millón de cuartos propios, de Tamara Tenembaum. Narrado por la autora.
Reflexiones contemporáneas sobre deseo, independencia y feminismo. Tamara coge «Una habitación propia» y hace un análisis aparentemente casual (por lo entretenido que resulta) y con el mismo estilo de Virgina: divaga, habla como si estuviera pensando sobre la marcha. Y te hace ir pensando con ella. - Mujeres invisibles para la medicina, de Carmen Valls. Narrado por Charo Soria.
Por qué la medicina que tenemos no nos ve… y cómo debería hacerlo. Por qué nunca nos ha tenido en cuenta. Por qué no nos cuida. Por qué no se preocupa por nosotras. Con datos, ejemplos, pruebas… un libro obligado. - El peligro de estar cuerda, de Rosa Montero. Leer, escribir, crear, amar. Todo se funde aquí. Un análisis personal de la autora, de sus procesos y experiencias, su sufrimiento y su goce. No sé… es un libro mágico.

Mi próximo en la lista: Paseos por Londres, de Virginia Woolf, narrado por Cristina Rubio. Creo que es un buen colofón para esta reflexión. Perfecto para unir esos dos placeres de los que hablamos hoy: caminar y pensar. Dejar que Woolf me lleve de ruta por su ciudad.
Y ahora te pregunto: ¿qué escuchas tú cuando caminas? Porque me encantaría colar tu recomendación en mi ruta diaria.
- Audible es de Amazon. Nunca pongo enlaces de Amazon porque prefiero fomentar otro tipo de librerías. Pero tengo ahí mi biblioteca de audios porque tengo cuenta. Lo que intento es darla de alta o de baja según sus ofertas, que hacen muy a menudo. El precio estándar son 10 euros al mes. Pero hay pruebas de 3 meses gratis, ofertas de 3€ por mes… Digamos que, a pesar de aliarme con el enemigo, procuro no darle demasiado dinero.
Me pasa igual con el libro electrónico. Cuando me compré uno, creía que Kindle era una marca cualquiera; no una marca de Amazon. En fin, no voy a disculparme más. Amazon es un vicio que quiero dejar por completo. Prónto. ↩︎


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